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—¿Por qué rap? —le pregunto.

—¿Y por qué no?

Lleva trenzas azules agarradas a la raíz de un pelo negro y rizo. Hay ligas blancas y ligas naranjas que sostienen la punta de sus trenzas y unos aretes con colores rasta (amarillo, verde, rojo) que le cuelgan hasta los hombros.

Se llama Damarys, pero cuando rapea es Hefzi-ba: nombre hebreo que quiere decir La preferida de Dios.

—Yo empecé cantando otras cosas, hasta ópera. Soy mezzosoprano. Pero el discurso hablado, el poder expresarme, decir lo que quiero y lo que otros quieren que se diga, es lo que más me llama la atención.

Estamos alrededor de una mesa en un cuartico de La Madriguera. El local es un puente entre el pasillo que da al teatro y el local donde están los bolsos, las máquinas, las cosas de los artistas, así que mucha gente abre y cierra la puerta, interrumpe.

La Madriguera está llena de rappers porque Hefzi-ba, ahorita, va a cantar.

—Entonces el rap para mí, más que un género musical, y más que un medio de expresarme, es algo para poder enseñar a otros. Mis canciones casi siempre tratan de eso: de mostrarte algo, de abrirte los ojos… Para mí el rap es eso. Es respeto.

—¿Cómo llegaste a él?

—Literalmente llegué al hip hop por un empujón. Vengo de una formación cristiana, y había una actividad en una iglesia, y dijeron: suban cinco jóvenes. Y yo siempre he sido muy vivaracha así, pero te juro que cuando dijeron pa` alante yo fui pa` atrás. No me gustaba estar delante de la gente. Aunque no lo parezca, soy muy tímida. Entonces, alguien me cargó y me empujó hacia allá. Era una tarimita. Iban a hacer una competencia de improvisación.

—¿De rap?

—No. Improvisar algo cristianamente. Música para Dios.

“La muchacha se pone a tocar el piano, y yo lo único que sabía hacer era punto guajiro, o rap. Y no me parece que yo, alante de to` esos jóvenes, fuera a cantar un punto guajiro… Porque yo vivo en Diez de Octubre, justo en la esquina de Miguel La Peste (pionero del breakdance en Cuba), donde se hacían los primeros bonches de hip hop. Eso era el Bronx de Cuba. Yo era pequeña y no me dejaban bajar, pero tenía un balcón. Y si no, desde la ventana del cuarto miraba todo lo que estaban haciendo…

“Entonces, cuando empecé a escuchar la melodía en el piano, me puse a rapear. Ahí me llevé todos los premios, y todos los pescozones después”.

Ella tenía 17 años.

—Después de ahí, parece que los muchachos de la iglesia dijeron: ¿en serio se puede hacer? Y empezamos a formar un movimiento entre algunos jóvenes que sí les gustaba el hip hop, y que iban a la iglesia, y se formó el movimiento de rap cristiano en Cuba.

—Háblame de eso…

—Hasta hace tres años yo estuve dirigiendo el proyecto Camino a Zion, en el que reunimos a muchachos de varias iglesias.

“El proyecto se fundó en el 2000, cuando la celebración evangélica. Primero con el nombre de Jesus Power. Y en el 2004 nos cambiamos el nombre. Nos pusimos Camino a Zion.

“Lo primero que nos propusimos fue llegar a sentir lo que decíamos en las canciones. Porque a veces uno dice: oye, sí, dale un abrazo a no sé quién, pero jamás le da el abrazo. Y nosotros dijimos: si vamos a decir algo, vamos a vivirlo. Entonces ya no era solo dar un concierto, sino que nos metíamos en el campo, allá, donde nadie quiere ir. Íbamos a las tiendas recicladas y comprábamos ropas, las más baratas, pero que se pudieran regalar. Y nos aparecíamos en el campo y llevábamos enguatadas, pulóver, pantalones, para aquella gente que no tenía”.

—A ver, cuando me dices rap cristiano, me imagino dos cosas. Una: música 100 % enfocada en el cristianismo, y dos: Vico C, que es cristiano, pero más abierto…

—La primera música que yo hacía era totalmente enfocada hacia un público cristiano. Era adorar a Dios en forma de rap. Ya después me di cuenta de que tenía un mensaje que decir, y que no tenía que quedarme trancada en las paredes del templo, así que empecé a abrir un poco las canciones. Si Cristo habló en parábolas, ¿por qué yo no?

Dice que un día llegó al edificio y se había desbordado el tanque; que el agua le llegaba a los tobillos. Se atormentó cuando se vio a sí misma dando haragán y frazada en el piso, así que miró a su madre y le preguntó por sus hermanos. Ella le respondió que los muchachos andaban pa’ la iglesia de la Calzada.

Entre la iglesia y la frazada de piso: la iglesia.

—Yo llegué a Dios huyéndole al trabajo. Fui un día, me gustó. Fui otro día, me volvió a gustar. Y seguí yendo.

Una iglesia discreta, pentecostal.

Volvemos a la música.

—Yo tengo una compu en casa y aprendí a hacer las pistas (beats, backgrounds), cuando salió el primer Fruity Loops que era de ladrillitos. Después se me rompió la computadora y me iba pa` casa de un amigo. Y a veces molestaba. Porque no es que fuera pa` tu casa cinco minutos, es que iba a meterme toda una noche despierta, haciendo cosas en tu propio cuarto. Pero por suerte era un buen amigo. Hasta que arreglé la mía con un poco de dinero que reuní, ahí, a mucho esfuerzo.

“Después vino un muchacho que se llama Taylor, un americano, y me dijo: ah, porque tú eres cantante (ya te digo, yo tengo un Dios grandísimo), ¿cuánto te falta pa’ terminar el disco? Me faltaba todo. Y él me dijo: ah, coge. Me dio to` el dinero para grabar un disco. Así que salí directo pa`l estudio. Porque si te pones a pensar en to` lo que tienes que hacer, terminas cogiendo el dinero pa` cualquier otra cosa. Y así salió mi primer disco”.

La preferida de Dios tiene tres álbumes. Reflexiones I y II están centrados completamente en Cristo (salieron hace poco en el Paquete, me dice). Y el tercero lo grabó en Filadelfia: Como pez en el mar.

—Ahora estoy haciendo un cuarto disco: Historias de mujer… No sé, a lo mejor le cambie el nombre.

—¿ Tú vives del rap?

—Yo vivo de todo lo que trabajo. También, ¿qué pasa?, yo soy productora, organizo eventos musicales en vivo. Pero es todo música, así que vivo de la música.

—Me refería a los discos que haces…

—No, porque el sentido de los discos que hago es más bien regalarlos, y que la gente pueda… Aparte, aquí en Cuba es casi imposible comercializarlos. Es más fácil: oye, te paso la canción por Zapya, o coge una memoria y llévatela…

El socio que nos presentó me dijo que Damarys debía estar en México, que la habían invitado a no sé qué festival; y que ella había cantado con Telmarys, con Yusa, con la Novísima Trova casi completa, y hasta con Usher, cuando vino. Dijo también que ella había pasado trabajo para y por hacer lo que hace.

—Todo el mundo dice que el rap es un puño, pero está tan arriba que no te dejan alcanzarlo, y tan cerrado que no te dejan entrar.

“A mí al principio se me hizo muy difícil. Una por ser mujer, y dos por ser cristiana. No sé, la gente piensa que uno va a ir a un evento a hablar de Cristo, Cristo, Cristo. Y, oye, primero escúchame cantar.

“Yo no me voy por el lado tan underground de que la mujer rapera tiene que usar gestos masculinos, ni por el lado tan… que no pareces ni una rapera en el escenario. Entonces, como no me voy por ningún lado, proyecto mi mensaje, y hago lo que tengo que hacer: imponerme y meterme por todos los huecos, hasta demostrar que yo sí puedo.

“Y bueno, nada. Eso”.

Se levanta. Da unos salticos porque está nerviosa. Porque el teatro al lado del cuartico está lleno de público —se está partiendo, dice— y a ella ya casi le toca entrar.

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Jesús Jank CurbeloJesús Jank CurbeloPerfil del autor

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