Tocar fondo nunca fue una opción viable, sin embargo el pasado curso escolar no solo desató una grave crisis, la del fraude, sino que puso sobre la mesa el debate de la necesidad de introducir reformas en el sistema educativo. ¿Cuán lejos o cerca estamos del verdadero cambio educativo en Cuba?  

Durante más de medio siglo la educación ha sido un pilar fundamental en la construcción del sistema sociopolítico cubano. El desarrollo de ésta y su impacto directo en millones de técnicos y profesionales en todo el país es para muchos un verdadero motivo de orgullo, mientras en el mundo decenas de países y organizaciones internacionales reconocen el destacado papel de la isla en la esfera del conocimiento.

Sin embargo, en los últimos años se han registrado situaciones poco alentadores en este sentido. Un hecho que las autoridades educativas se han propuesto cambiar con la aplicación reciente de varios planes de contingencia, pero que a la larga, muchos temen no respondan a la verdadera esencia del problema.

¿Qué hacer entonces cuando la educación se vuelve vulnerable y de repente comienza a ser cuestionada? En este sentido lo primero que debería analizarse son los diferentes contextos en los que se desarrolla este fenómeno, donde se aprecian notables diferencias entre la actualidad y una veintena de años atrás. Lo cierto es que desde entonces han cambiado diversas realidades, intereses personales y profesionales, la ciencia y tecnologías han revolucionado el mundo, e incluso ya no es igual la capacidad para trasmitir o recibir conocimientos de cada persona.

En cualquier país estos elementos no escapan al análisis cotidiano de las autoridades educativas, quienes tienen el enorme reto de estar a la altura y trasladar a las venideras generaciones las nuevas tendencias del conocimiento, así como las herramientas necesarias para ello, aunque esto conlleve hacer drásticos cambios en los planes de estudio o inversiones millonarias.

Nubarrones en la educación

Por diversas razones el caso cubano ha sido diferente, y esto ha originado un impasse rodeado de críticas que van desde la calidad y pertinencia de los planes de estudio, la cualificación de los profesionales, especialmente la de los llamados “maestros emergentes”, hasta el inadmisible fraude, que este año llegó a ser masivo en la realización de exámenes de ingreso a la universidad.

A lo mejor tendrían que revisarse algunos métodos aplicados en las diferentes enseñanzas y niveles. Si nadie puede negar que tenemos una educación de altísimo nivel, también hemos vivido oscuros períodos como el “promocionismo”, una directiva que en poco tiempo prostituyó la reputación ganada tras largos años de esfuerzo educativo.

Tiempos de cambios

Según fue recientemente anunciado, para las próximas pruebas de ingreso a la universidad se aplicará un nuevo sistema de 100 preguntas pre asignadas,  de las cuales los estudiantes escogerán una boleta al azar con las 5 preguntas que tendrán que responder.

Si esto no es un facilismo, es más bien un acto de rendición ante un fenómeno tan grande y complejo como lo es el fraude, lo que refleja la incompetencia de las autoridades educativas y su poca fe en la erradicación futura del problema.

El asunto aún es salvable, pero se necesitaría una inyección económica importante que favorezca a los profesionales del sector. De esta manera ni profesores ni metodólogos se verían en el penoso caso de vender exámenes para sacar algo de dinero, un hecho que por difícil situación económica que se tenga, no justifica la grave inmoralidad que se trasmite nada más y nada menos que de educadores a estudiantes.

Otros cambios anunciados son los nuevos horarios docentes, tiempo en horas para la realización de exámenes, calificación y ortografía, entre otros poco menos sustanciales si analizamos la profundidad que demandan los verdaderos cambios que realmente se necesitan. Es decir, la actualización de programas de estudio en todos los niveles, aumento salarial a los profesionales del sector, utilización y facilitación a los estudiantes de nuevas tecnologías, o lograr la especialización de cada educando en una materia específica. Estos son algunos de los cambios que realmente hoy se están demandando y no otros, pues si los problemas más grandes siguen de fondo, no hacemos nada con maquillar lo que se sabe ya está oxidado.

Quizás el desmoronamiento económico del país asuma como de costumbre gran parte de la culpa ante cualquier propuesta de cambios, pero no podemos perder de vista que la educación es la base formadora de cualquier sociedad, y que si ésta desde sus inicios ya sale deformada, no es para nada promisor el futuro que le aguarda a esta nación.

No obstante, reza un viejo dicho que “no hay mal que por bien no venga”, así que esta es una oportunidad de oro para comenzar a levantar las banderas caídas. En todo caso, las medidas recién anunciadas son una señal positiva en tiempos de cambios, solo nos queda esperar el desenlace de la historia.