Con una deuda pública planificada que asciende este año a 11 395, 6 millones de pesos —el 17 % de los ingresos previstos— se aprobó la Ley del Presupuesto del Estado para el 2020 presentada por la ministra de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños Weiss, en la última sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Números discretos en la inversión de infraestructura, aporte reducido de la empresa estatal y cada vez más participación de los impuestos como forma de ingresos, son algunos de los principales elementos que definen la propuesta de manejo del dinero público este año, que también incluye un volumen amplio —comparado con otros gastos— de dinero para el cubrir deudas e incumplimientos del sector no presupuestado, exenciones tributarias y beneficios para el sector agropecuario (en busca de mejorar el acceso a los alimentos, sobre todo en la capital).

Analizar el presupuesto del Estado no es tan difícil; todo el que ha llevado una casa, un negocio o un presupuesto, aunque sea para merendar, tiene noción básica de la macroeconomía necesaria para entender este asunto. Con la notable diferencia de que el presupuesto del Estado se computa en millones de pesos —cubanos pues no considera, ni incluye el CUC, la tasa de cambio es 1 x1 en el sector estatal.

De las tablas presentadas, contenidas en la Ley 130, con indicadores técnicos (menos desagregado de lo que debería) se puede hacer una síntesis de los elementos clave.  Lo importante es saber cuánto dinero se va a ingresar y cuánto dinero se va a gastar. La lógica general indica que no se debe gastar más de lo que se ingresa, pero casi ninguna economía funciona así, pues existe capacidad de endeudamiento. Esa diferencia, en números negativos, constituye un déficit presupuestario y su acumulación en el tiempo genera la deuda pública (interna y externa). El Estado necesita dinero prestado para cubrirla y Cuba emite bonos soberanos que compra el sistema bancario nacional y como máximo el 30% se financia imprimiendo nuevo dinero.

Los 11 395, 6 millones de pesos es la suma de la diferencia entre el gasto y el ingreso (déficit fiscal) que este año se calcula en 7 095 millones y 4 300, 6 millones que hay que pagar por créditos e intereses que vencen este año.

O sea, la situación financiera del Estado no augura buenas noticias. Si en 2019 la economía no creció —aunque según el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y el ministro de Economía, Alejandro Gil, tampoco decreció—, en 2020 la situación se pinta similar.

Los gastos planificados crecen con respecto al año anterior en un 9 %, está previsto gastar 73 185, 8 millones de pesos. Sin embargo, que aumente el gasto, no es un síntoma negativo, todo lo contrario. Es indicador de más inversión en servicios públicos y en actividades de la economía. Llevándolo al plano doméstico, si en un año usted gasta más en alimentos, en vacaciones, en combustible o en bienes de consumo —o lo que sea que usted considere necesario— su calidad de vida aumenta. El problema viene cuando no hay ingresos suficientes que respalden ese nivel de gastos.

Entonces, las otras dos preguntas clave que habría que hacerle al presupuesto del Estado son: ¿cuáles son las fuentes de ingresos? y ¿en qué se van a gastar?

Cuando miramos los gastos, estos se dividen en gastos corrientes y de capital. En los primeros se incluyen los gastos de la actividad presupuestada, de la no presupuestada y otras operaciones financieras. Los segundos son  inversiones.

Con respecto a la actividad presupuestada, esta incluye los gastos de administración pública y defensa —que se contabilizan juntos—, ciencia e innovación tecnológica, salud pública y asistencia social, cultura y deporte, educación, servicios comunales, entre otros. Los gastos de salud y educación son los más elevados y tienen un aumento con respecto al año anterior.

Sin embargo, resulta curioso que este año el presupuesto destine 21 020, 9 millones (más que cada uno de los anteriores) a los gastos de la actividad no presupuestada. Eso significa dinero para empresas, entidades que no pueden cumplir con sus obligaciones económicas y necesitan un “rescate” por parte del Estado, o para cubrir los desbalances en la tasa de cambio (por ejemplo, que no logran cubrir sus gastos en CUP con sus ingresos  en CUC) y también se incluyen subsidios estatales a actividades empresariales como la generación eléctrica. La ley no detalla los elementos en los que está previsto ejecutar ese gasto.

Los gastos de inversiones y de capital, entre los que se incluyen obras de infraestructura, energía y defensa solo tienen un valor de 5 687 millones, y dentro de estos se prioriza el programa de la vivienda, explicó la ministra de Finanzas y Precios.

Por otra parte, si miramos los ingresos, estos se dividen en tributarios, resultado del cobro de impuestos, tasas y contribuciones y no tributarios que incluyen ingresos de capital, aportes de las empresas estatales, donaciones e ingresos extraordinarios, entre otros.

Los ingresos tributarios cada año tienen más fuerza dentro del presupuesto, para 2020 se espera ingresar 49 348, 1 millones de pesos. Todos los actores de la economía, incluídas las empresas estatales y cada vez más personas individuales pagan impuestos. Los de circulación y venta, utilidades, servicios e ingresos personales son los que más aportan. La participación de los trabajadores por cuenta propia en este aporte representa el 9 % con un valor de 4 448, 7 millones de pesos.

Las aportaciones tributarias es natural que ocupen la principal fuente de ingresos en los presupuestos nacionales; sin embargo, en Cuba siendo el sistema empresarial estatal el más amplio, sus aportes como socio (llamado rendimiento a la inversión estatal) al presupuesto se esperaría fueran mayores. Para el año 2020, no se declara de cuánto será, pero según datos de la Oficina Nacional de Estadística, entre 2013 y 2018 la moda ha estado en los 5 200 millones, un número ligeramente superior a los aportes tributarios de los trabajadores privados. Aunque si se suma el aporte como dueño y los impuestos, la contribución es mayoritaria.

Cada año, la ley del presupuesto hace una revisión a la Ley 113 de sistema tributario y actualiza cuáles impuestos estarán vigentes, las exenciones de pago y las cantidades a pagar en algunos casos específicos. Son facultades de los diputados ajustar sobre quiénes pagan más o menos impuestos.

Es importante reconocer que el aumento salarial aplicado en 2019 vino acompañado de la aplicación del impuesto sobre ingresos personales para los trabajadores del sector presupuestado y que se mantiene este año.

Además, permanecen casi las mismas exenciones y bonificaciones del año anterior: entre ellas, la actividad hotelera, de mayores ingresos, sigue sin pagar impuestos sobre ventas minoristas y servicios y también se exceptúan de pagar el impuesto sobre ventas todas las formas de comercialización minorista de productos agropecuarios en La Habana.

Con un énfasis en el tema de la vivienda, se mantiene para 2020 que el 51,5 % de lo que se recaude por impuesto de venta de materiales de construcción a nivel local se destine a subsidiar acciones constructivas de personas naturales y, además, un 8,5 % pasa a la provincia con los mismos fines.

No todo el dinero lo controlan las máximas autoridades, se reparte entre los distintos territorios para su ejecución. El presupuesto del Estado, que se da en números generales, es la suma del presupuesto central, los presupuestos locales y el de seguridad social. La participación en el uso del dinero público depende de los ingresos territoriales y una compensación del “nivel central”.

Por ejemplo, del dinero previsto para financiar gastos, pérdidas, subsidios y transferencias al sector empresarial, organizaciones, asociaciones, etc., en el presupuesto central solo está planificado 17 196, 8 millones, el resto lo cubren los presupuestos locales.

Los presupuestos locales están constituidos según los estimados de gastos e ingreso de la provincia o el municipio especial Isla de la Juventud. Estos no captan ingresos directamente, excepto la contribución territorial al desarrollo local, sus ingresos son “cedidos” desde el presupuesto central. Además, tienen una participación en el presupuesto central para cubrir gastos de la actividad presupuestada. En el caso de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo representa un 100 % y La Habana, la provincia con menor participación, solo un 2,2 % previsto.

Hoy es una incertidumbre cómo se manejan las tasas de cambios a los efectos del presupuesto. Se presume que opere como en el sector estatal de uno por uno, pero eso genera distorsiones porque la economía no opera con una sola moneda. No sabemos cuál es la liquidez de moneda libremente convertible con que opera el Estado, ni su capacidad real tanto de gastos como de ingresos. Tampoco están en la ley descritos todos los valores de ingresos ni de gastos de manera desagregada.

De acuerdo con Bolaños Weiss “los recursos financieros garantizarán la prestación de los servicios básicos”; aunque la pregunta más importante de cara al nuevo año será: ¿cómo va a gestionar el presupuesto estatal la anunciada medida de la unificación monetaria?

 

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