La foto es sencilla: una casa en Cuba, cualquier casa que guarda los muebles, los adornos, la pintura y las manchas de décadas. Carmen delante, sin sonrisa, sin seriedad, como si no supiera que la cámara la captura, o sí, y no le interesara; como si la historia de su vida no fuera más que los dos cojines que sostienen su espalda en el sillón.

La nieta toma la foto. Ha tomado muchas de la abuela, pero esta, de pronto, es necesaria, porque comparten una historia más allá de la sangre.

En 2016, Anisleidy Martínez, la nieta, está de visita en Cuba, como cada año desde que decidió irse a vivir a Holanda. Toma la foto. Ella suele filmar mucho ­-documentales, cortos…- le gusta contar historias. También le gustaba oír las de su abuela.

En 2017, Anisleidy se entera que está entre los diez nominados a los Premios Mundiales de Fotografía de Sony en la categoría abierta de retratos, que es la única cubana y que más de 227 mil fotos llegaron a competir. Es la foto de la abuela. Pero no puede decir nada en público. Carmen está en Cuba y tiene 86 años; Anisleidy está en Holanda.

Carmen Sajera fue una mujer hermosa. Muchas vueltas al parque de La Libertad de Matanzas le costó al abuelo poder al menos hablar con ella. Hija de una de las tantas parejas españolas que llegaron a la isla a principios del siglo XX, fue la única de sus hermanos que nació en Cuba.

En los años ochenta frecuentemente encontraba a la pequeña Anisleidy con sus viejas fotos esparcidas fuera de la gaveta y pidiéndole que se las contara. Entonces Carmen comenzaba a deslizar descripciones, detalles precisos, nudos y desenlaces de sus años de juventud: chaperonas y hermanos guardianes; la Matanzas de los 1950; los bailes en el casino español; el abuelo enamoradísimo y los problemas para verse; la boda en el 57; los negocios y los pregones; la bisabuela católica que no perdía una misa, siempre de negro… Y las fotos se convertían en un alud de sensaciones y anécdotas que hacían de la nieta una asidua buscadora de viejas historias.

Muchos años después le tocó a la nieta enamorarse y emigrar pero en sentido inverso al de los bisabuelos. Ya tomaba sus propias fotos, y retrataba la vida de aquellos a los que las sociedades marginan. Comenzaba a hacer su propia historia.

“Mirar a tus raíces familiares a veces sirve para reflexionar sobre quién eres y de dónde vienes”, dice.

Carmen entrecruza los dedos y mira a través de sus espejuelos. Detrás, la pintura que un amigo hizo por otra foto, la revive en sus bodas. Está inclinada. La Virgen de la Caridad, una flor amarilla y una roja, los muebles comprados para los días, los años, las décadas, el pequeño televisor, el teléfono a donde llama la nieta, las paredes manchadas por el tiempo. Delante, la mirada de Carmen lo rompe todo.

Anisleidy se entera de la nominación varios meses después de enviar la foto. No puede decir nada en público, pero decide contarle a la abuela. Su imagen compite en el concurso de fotografía más importante del mundo. La abuela lo sabe. Pocos días después, muere. Ahora miles de personas verán, en “Pasado y presente”, la historia de su vida.

Jóvenes cubanos por el mundo

Foto: Anisleidy Martínez