Trinidad es una ciudad colonial que también es un polo turístico de importancia. Aquí en temporada alta pasan casi 10 mil turistas por sus calles cada día.

Ante las autoridades tributarias están registradas más de 950 casas hostales en toda la ciudad, y también han proliferado pequeños negocios de impresión de carteles, menús y administración de cuentas en AirBnB. Todo esto sin lo que se supone un componente indispensable para un buen servicio al turismo: internet accesible y de calidad.

En medio de este sui géneris ambiente, a Manuel Toledo (26 años, Licenciado en Ciencias de la Computación) se le ocurrió una idea. Recién iniciado en la gestión de un negocio de Bed and Breakfast, comenzó a experimentar en carne propia lo que suponía conseguir clientes en un escenario saturado de ofertas. “Me di cuenta de que debía llegar yo primero a internet, que depender de los turistas que me trajeran los viejos arrendadores”, cuenta.

“La falta de internet en los hogares hace que la gente no tenga demasiado en cuenta esa herramienta para posicionar su negocio. Por un precio de dos CUC la hora, que se gastan sentados en bancos o pisos del parque central, no hay estímulo para mantener una presencia activa de los negocios en internet. Algunas casas que tienen cuentas en Facebook, están desactualizadas.”

“Aquí normalmente los viejos arrendadores gozan de privilegios en las agencias de viaje y son los que surten al resto. Conozco casas impecables que solo se abastecen así. Y aquí es donde entro yo a exhortarlos para que eleven su nivel de competencia y lleguen hasta la web”.

Manuel está en proceso de culminar su Servicio Social en un empleo estatal y no tiene intenciones de mantenerse en su puesto. Una vez cierre su contrato perderá la conectividad. Sin embargo, ese es un cambio que no le roba el sueño, pues le basta con asumir el servicio de la única empresa estatal de Telecomunicaciones como una inversión que cubrirá después con las tarifas.

“En la pequeña agencia que hemos fundado, somos tres personas: un ingeniero informático, un diseñador y yo como programador. Brindamos servicio de página web propia, con hosting internacional, cuentas en redes sociales y en agencias de reservas con seguimiento periódico si el cliente lo desea, además de un logo exclusivo y tarjetas de presentación”.

Los chicos se hacen llamar MAP, porque son las iniciales de los tres (Manuel, Andy, Pablo) y porque su slogan dice “Te situamos en el mapa”. En un contexto de escaso entendimiento y uso de internet para gestionar negocios, ellos ayudan a saltar la brecha.

Foto: Carlos Luis Sotolongo

“No son pocos los obstáculos. Lo primero es lograr el posicionamiento en internet, que es difícil. A los clientes les explicamos que los resultados no se verán hasta al menos seis meses después de empezado el trabajo. Además, comprar el alojamiento de los sitios resulta difícil pues por el momento nuestro único recurso es pedirles a familiares y amigos que nos lo hagan en otro país, porque desde aquí es casi imposible. Y ya algunos nos han fallado”.

Las transacciones bancarias por internet que requiere el hosting se hacen normalmente con tarjetas de créditos de empresas como MasterCard o Visa. Como persiste el bloqueo económico de Estados Unidos es casi inexistente el uso de esas tarjetas desde territorio cubano, pues cualquier transacción con la palabra Cuba puede ser bloqueada o penada por un banco extranjero.

Pero además de lidiar con barreras externas, Manuel apunta a pasos “internos” que también quiere dar para impulsar su negocio.

“Conseguir un estatus legal es nuestro próximo paso. No queremos estar de incógnitos, sino todo lo contrario. Debemos pedir la patente ante el Ministerio de Trabajo, el problema es que hasta ahora la actividad permitida más afín a nosotros es un permiso de desarrollador de software e impresor de documentos”.

Es decir, mientras inscriben y diseñan, posicionan y crean comunidades en la web, para las autoridades fiscales sólo estarían desarrollando un programa o imprimiendo documentos. No es difícil detectar la miopía ante un universo en expansión. Pero, si esas son las condiciones, a los de MAP les bastarían para sumarse al creciente número de emprendimientos “alegales” en el país, esos que no están ni prohibidos ni permitidos.

Al menos cumplen con la responsabilidad social de pagar sus impuestos, aunque sea recurriendo a una triquiñuela. Es que para estar en el mapa, hay que ser creativos.

Foto: Carlos Luis Sotolongo