Según estipula la nueva Constitución en sus disposiciones transitorias, entre enero y abril del próximo año el país debe tener Primer Ministro. El cargo reaparecerá luego de más de cuatro décadas de inexistencia en el diseño de gobierno cubano, cuando dejó de ostentarlo en 1976 Fidel Castro para convertirse en Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Aunque es poco probable que ocurra algún tipo de debate popular y mucho menos análisis en los medios oficiales sobre quién podría ocupar este cargo, el examen de las características y funciones de dicho puesto, así como de algunos acontecimientos relacionados, podrían dar idea de posibles candidatos. No obstante, en estos casos no hay nada escrito y cualquier cosa es posible. Si alguien lo duda, que recuerde la designación de Salvador Valdés Mesa como Primer Vicepresidente, algo que no esperaba ni el más certero de los entendidos.

¿Cuáles son las funciones del Primer Ministro?

Según estipula la recién aprobada Constitución de la República, el Primer Ministro es propuesto por el Presidente de la República a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), la cual se encarga de designarlo por el voto favorable de la mayoría absoluta.

La carta magna también acuerda que quien ocupe dicho cargo debe ser ciudadano cubano por nacimiento y no tener ninguna otra nacionalidad, haber cumplido los 35 años de edad y fungir como diputado al momento de su elección. Un elemento llamativo es que, a diferencia del cargo de Presidente, el de Primer Ministro no posee límite de edad ni de número de mandatos.

Puede ser suspendido, revocado o sustituido de sus funciones a propuesta del Presidente, lo cual lo ubica por debajo de este en el nivel de jerarquía; además de que debe rendirle cuentas, al igual que a la ANPP, cada vez que se le indique.

El Primer Ministro es el Jefe de Gobierno de la República, por lo que tiene entre sus responsabilidades atender y controlar el desempeño de los organismos de la Administración Central del Estado, las entidades nacionales y las administraciones locales. Asimismo, es encargado de solicitar al Presidente de la República la sustitución de los miembros del Consejo de Ministros y proponer los sustitutos.

Entre sus funciones también están impartir orientaciones a los gobernadores provinciales y controlar su ejecución; adoptar de manera excepcional decisiones correspondientes al Consejo de Ministros, cuando la premura de la situación lo exija; crear comisiones de trabajo temporales para la realización de tareas específicas; convocar y dirigir las reuniones del Consejo de Ministros y su Comité Ejecutivo; y estar facultado para “cualquier otra atribución que le asignen la Constitución y las leyes”.

En síntesis, el Primer Ministro será quien se encargue de la administración del país, una especie de brazo ejecutivo del Presidente para cuestiones internas. Por ello, una de las principales características de la persona que ocupe dicho cargo debería ser su operatividad; alguien práctico, organizado, con capacidad de coordinación y resolución de problemas y, sobre todo, con conocimiento y experiencia en diferentes esferas productivas o en su dirección.

El General de Ejército Raúl Castro Ruz (C), Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (CCPCC) y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, entrega el Titulo Honorifico de Héroe de la República de Cuba, a Lázaro Fernando Expósito Canto (D), Primer Secretario de la provincia de Santiago de Cuba, en La Habana, el 1 de mayo de 2016. ACN FOTO/Marcelino Vázquez Hernández/sdl

Raúl Castro Ruz entrega el Titulo Honorifico de Héroe de la República de Cuba a Lázaro Fernando Expósito. Foto: ACN/Marcelino Vázquez.

 El que muchos esperan…

Cuando en la Cuba actual se habla de un dirigente capaz de resolver problemas y mejorar la calidad de vida de un territorio, posiblemente haya un solo nombre que venga a la mente: Lázaro Expósito. El villaclareño de 64 años se ha convertido en una especie de mito por la revitalización que han experimentado las provincias que ha dirigido en los últimos años.

Su paso por Granma y, sobre todo, por la compleja y populosa Santiago de Cuba como Primer Secretario del PCC, así lo confirman. Aunque no exento de las dificultades, limitaciones y problemas que marcan la vida social y política en cualquier parte del país, Expósito es de los pocos dirigentes cubanos del que pueden escucharse opiniones favorables mayoritarias fuera de los noticieros. De hecho, muchos esperaban que fuera designado en las pasadas elecciones como Primer Vicepresidente.

Quienes lo conocen o han estado bajo su mando lo definen como un hombre práctico, muy trabajador, que resuelve problemas y al que el paso por varios territorios le ha conferido la experiencia que podría necesitarse en un cargo como el de Primer Ministro. Además, por su edad, ya no podría ejercer como Presidente de la República en el próximo mandato, al cual llegaría con 68 años.

Dadas las circunstancias, su ascenso al máximo nivel es prácticamente ahora o nunca, ya que tampoco le será asignada la dirección del Partido, puesto reservado también para el presidente Miguel Díaz-Canel, según anunció Raúl Castro en su discurso ante la ANPP el 19 de abril de 2018.

Lo cierto es que Expósito ha arrastrado una especie de sambenito que le ha negado el ascenso a responsabilidades en el máximo nivel del gobierno del país, aun cuando acumula muchos más méritos que otros que sí han sido promovidos. Aunque pudiera ser el mejor candidato para el puesto de Primer Ministro, no sorprendería que nuevamente quedara relegado a funciones partidistas provinciales, lo cual confirmaría las sospechas de que “algo pasa” con Expósito.

Roberto Morales de recorrido en Caibarién. Foto: Tomada del periódico Vanguardia.

Roberto Morales de recorrido en Caibarién. Foto: Tomada del periódico Vanguardia.

Otros probables candidatos

Ante esta situación, lo más probable es que el Primer Ministro sea escogido entre quienes ocupan hoy los cargos de vicepresidentes de los Consejos de Estado y de Ministros.

Entre ellos están Ramiro Valdés y Ulises Rosales, miembros de la Generación Histórica, que por su edad no deberían ser los designados, aunque cualquier cosa puede pasar. Debido a la pertenencia de ambos al núcleo duro del poder real en Cuba, podrían ser usados como contrapesos a Díaz-Canel.

Ricardo Cabrisas y Gladys Bejarano, por otra parte, no deberían tener muchas posibilidades, pues además de su edad, se encuentran inmersos desde hace años en tareas específicas de importancia: la negociación de la deuda externa y la Contraloría General de la República, respectivamente.

De este grupo de vicepresidentes quedan tres candidatos restantes.

Uno es Roberto Morales. Médico de formación y cuadro de profesión, Morales ha hecho carrera dentro del Partido. Fue Primer Secretario de la provincia Cienfuegos en 2006, miembro del Comité Central del Partido y en la actualidad parte de su Buró Político. Ocupó el cargo de Ministro de Salud y luego de su promoción a vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros en 2018, ha sido encargado de atender sectores sensibles como la educación y la salud, ganando mucha visibilidad mediática en los últimos meses. Estos factores y, sobre todo, su pertenencia al Buró Político, hacen pensar en Morales como uno de los elegibles.

Dentro de los vicepresidentes, las otras dos candidatas restantes son Beatriz Jhonson e Inés María Chapman.

Inés María Chapman de visita en Villa Clara. Foto: Leslie Díaz Monserrat, tomada del sitio web de la emisora CMHW.

Inés María Chapman de visita en Villa Clara. Foto: Leslie Díaz Monserrat, tomada del sitio web de la emisora CMHW.

Color y género: dos variables a considerar

En su discurso del 19 de abril de 2018 ante la ANPP, Raúl Castro, además de revelar sin gota de sonrojo el diseño político de Cuba en los próximos 15 años con Díaz-Canel como cabeza visible, hizo énfasis en algo importante para el análisis que nos ocupa: el interés por promover a mujeres y personas negras a puestos decisorios. Esta es una política que Cuba aplica de manera intencionada desde hace algún tiempo, aunque se ha llevado a cabo de manera más cuantitativa que cualitativa, como cuotas a cumplir y, en muchos casos, de manera deficiente, cuestión que hasta el propio General de Ejército ha reconocido.

Por ello no es descabellado pensar que el puesto de Primer Ministro sea escogido para “cumplir” con dichas cuotas, designando a una mujer negra. Con esas características, tres personas pudieran ser las candidatas de acuerdo a lo que exige la actual política cubana, que confunde idoneidad con obediencia y confiabilidad. Una es Lázara Mercedes López Acea, antigua Secretaria del Partido en la capital, pero se ha anunciado que será reservada para esta organización política.

Las otras dos opciones son las vicepresidentas Beatriz Johnson e Inés María Chapman, siendo esta última la más viable debido a la poca experiencia de la primera.

Chapman estuvo al frente durante varios años de uno de los organismos de la Administración Central del Estado, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, en momentos en que desde ese organismo se realizaron importantes —y cuestionables— concesiones para el desarrollo del sector turístico del país como fuera la construcción de campos de golf, criticados por el alto consumo de agua. A mediados de 2018 fue promovida meteóricamente a vicepresidenta de los Consejos de Estado y de Ministros, lo cual le da cierta experiencia como coordinadora de un órgano con funciones ejecutivas. Aunque no tiene trayectoria en la dirección de territorios y es un cuadro de reciente promoción, sus ascensos en el Comité Central y en los Consejos de Estado y de Ministros, además de su condición de mujer y negra, hacen pensar que puede ser probable que recaiga en ella la designación de Primera Ministra.

Contra la hipótesis de una mujer en este cargo podría jugar la tradición machista de asociar el trabajo intenso con el género masculino. Otro aspecto a considerar es que la actual Constitución está redactada sin enfoque de género, algo que fue criticado al anteproyecto por varios y varias especialistas sin que se corrigiera en el texto definitivo. Ello podría hacer cuestionar que se hubiera pensado en una posible Primera Ministra y que no fuera recogido en el lenguaje de la carta magna; pero podría ser solo otra muestra de las imprecisiones e improvisaciones con que se legisla y gobierna en Cuba.

Además de las palabras de Raúl Castro sobre la estrategia de promover mujeres y personas negras a puestos decisorios —lo cual sin dudas es un elemento a considerar para cualquier pronóstico—, no puede perderse de vista que la cúpula política cubana está necesitada de un lavado de rostro ante el mundo.

De esta forma, la promoción de una mujer negra a un puesto de máximo nivel podría presentarse como una buena señal ante la comunidad internacional y fundamentalmente ante Europa, con quien conviene mejorar las relaciones, sobre todo en el actual ambiente de tensión con Estados Unidos.

Nueva Ley Electoral: atada y bien atada

Primer Ministro, Primera Ministra… ¿qué cambia?

Aunque los hechos pudieran apuntar hacia Morales y Chapman como los dos candidatos más probables, la política cubana es manejada de manera muy secreta y limitada por lo que cualquier pronóstico encierra una amplísima dosis de incertidumbre y suposición.

No obstante, tampoco es que haya que poner muchas expectativas en este cargo.

Con el actual diseño político del país, al Primer Ministro le corresponderá —al igual que al Presidente— el papel de un chequeador, un controlador, un ejecutor disciplinado de las medidas y decisiones tomadas por el cerrado y selecto grupo de la cúpula partidista y sus allegados, quienes en realidad acaparan el verdadero poder en Cuba.

No tenemos ni siquiera certeza de que quien ocupe el cargo de Primer Ministro será designado por el Presidente, como indica la Constitución. Probablemente, el nombre saldrá de ese grupo de poder y responderá más a sus estrategias y cálculos que a los deseos de Díaz-Canel de escoger a alguien funcional con quien pueda hacer una dupla de trabajo cómoda y productiva.

Al igual que ocurrió en abril de 2018, el nombre que emerja en estas “elecciones” será probablemente el de alguien lo suficientemente “inteligente” como para saber que no le corresponden papeles protagónicos (al menos por ahora) y que un paso en falso, o una simple sospecha, podría significarle el mismo destino de aquellos que un día estuvieron en la cima y al otro lo perdieron todo por ilusionarse con “las mieles del poder”.

 

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