Concluyó la reforma constitucional en Cuba, con la aprobación por el voto de la mayoría este 24 de febrero del nuevo texto. Durante los últimos seis meses elTOQUE, de conjunto con reconocidos juristas de nuestro país, acompañó todo el proceso, para informar el debate y poner en contexto este suceso político.

Hoy cerramos la última fase de la cobertura con la actualización del Especial multimedia interactivo La Cuba que viene… Y nos parece oportuno sintetizar algunas conclusiones de nuestro trabajo.

Gráfica con el resultado final del referendo popular.

Si bien no hay proceso democrático perfecto, la decisiones políticas en torno a la reforma condicionaron el resultado del texto. Recordemos que un primer proyecto fue presentado por la comisión redactora y aprobado en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). Se debatió en asambleas populares, luego, el Consejo de Estado hizo una revisión que pasó otra vez a la comisión redactora; hasta que en diciembre de 2018 la Asamblea Nacional aprobó un segundo texto que fue el refrendado por la mayoría de los ciudadanos.

De este proceso debemos resaltar algunos elementos:

  • El texto se venía trabajando desde 2013 por mandato del Partido Comunista y pasó en manos de la comisión redactora solo tres meses.
  • Aún no se sabe quiénes participaron en la redacción del texto desde el inicio.
  • No se conocen todos los nombres de los asesores de la comisión, ni su forma de elección.
  • A los diputados y ciudadanos les tocó debatir sobre un texto ya escrito y sin un proceso previo de debate para recoger las opiniones de origen (como sí hubo para los Lineamientos). Por tanto, se pudo opinar sobre lo que ya estaba hecho y la redacción no fue participativa.
  • Durante la consulta popular todo el que quiso, incluso si no había estudiado el texto, dijo lo que le pareció; pero la capacidad de incidir fue mínima. La participación se limitó a la agregación de demandas que no se tradujo en un mecanismo de toma de decisiones popular. En otras palabras, después de escuchar, alguien decidió a puertas cerradas qué se incluyó y qué no.
  • No son públicas todas las propuestas realizadas por las personas, ni tampoco se publicaron los debates al interior de la comisión, como si lo fueron en la Constituyente de 1940, por poner un ejemplo.
  • No sabemos por qué no se permitió el voto de los ciudadanos cubanos que estaban fuera de Cuba pero conservan la residencia en el archipiélago. Fueron excluidos a pesar de que la ley les daba derecho al voto y de que se habilitaron colegios de votación en las embajadas cubanas en el exterior.

De una comisión redactora, de un parlamento, de un grupo de personas que tienen maneras de pensar, formación, edades y aspiraciones variadas, se espera debate. Cualquiera que viva en Cuba lo sabe: en la cola del pan la gente debate, sobre los resultados del béisbol, los partidos y campeonatos la gente debate, en la guagua se puede armar una polémica, en un santiamén. Las personas piensan, tienen opiniones diferentes y hasta antagónicas. En la política es igual; aunque no lo veamos, aunque no lo sepamos.

En este proceso, por primera vez con internet en Cuba, el escenario virtual sirvió —a pesar de no estar concebido institucionalmente— para canalizar un debate paralelo diverso, amplísimo, que dialogaba, se trasladaba o distanciaba de lo que ocurría en el mundo offline.

Debates paralelos del proyecto de Constitución

Porque en los barrios pasó de todo: procesos formales, grandes ausencias, confrontaciones entre vecinos, y muchas personas que llevaron todo por escrito y se tomaron en serio el espacio. Varios acudieron con la esperanza de que este proceso le resolviera sus problemas cotidianos, lo trascendente en sus vidas (el agua, la comida).

Debate en mi barrio: Darle agua a la Constitución

Sin embargo, sus criterios no influyeron mucho en las transformaciones del texto. El resultado final estuvo condicionado por una correlación de fuerzas que decidió, en secreto, un nuevo modelo de país.

El nuevo texto constitucional está más actualizado con respecto a la anterior Constitución. Solo 72 párrafos permanecieron iguales. El nuevo texto revisa y amplía el catálogo de derechos a casi 70 y modifica la forma de gobierno y la estructura institucional del Estado cubano.

También sacrifica apuestas políticas, de carácter más social, que quedaban explícitas en el texto anterior (una constitución “de trabajadores” y el derecho a los círculos infantiles, explícito, por ejemplo). Los logros sociales se diluyeron ahora en una formulación amplia donde en muchos casos se adaptó la Carta Magna a la práctica política y jurídica cubana. Pareciera, como ha dicho Julio Antonio Fernández Estrada, que preocupaba más eliminar las inconstitucionalidades en las que incurría la administración estatal no resolviendo el problema, sino suprimiendo lo que volviera inconstitucional el acto administrativo; que transformar la realidad del país.

En la Constitución: “el diablo” está en los detalles

Esta nueva constitución es excesivamente remisiva, y en algunos casos de forma peligrosa, porque deja la puerta abierta para que regulaciones posteriores hagan excepciones contradictorias con el texto. Además, muchos temas tratados en el debate como la superioridad del Partido, la traición a la Patria, la libertad de expresión, los medios de comunicación, la concentración de la propiedad y la inversión, fueron debates truncados e inconclusos sobre los que hay disparidad de criterios.

¿Son leyes todo lo que entienden por leyes en la nueva Constitución?

Y hubo otros temas que se hipotecaron, que se quedaron pendientes, temas sobre los cuales no se dio explicación ni se alcanzó un nuevo consenso. Entre ellos:

Lenguaje inclusivo, suponía una cuestión de forma, un reconocimiento explícito de respeto e igualdad desde las propias palabras de la Constitución. Era solo una actitud, no modificaba contenido, pero no fue asumido.

No se reconoce el acceso y uso de tecnologías de la información y la comunicación como un derecho. El tratamiento de la comunicación en general es muy escueto, no actualiza el tema, no se refiere a la publicidad, tampoco al control social de los medios. Da sólo un retoque, y en algún sentido, hasta un paso atrás, en el planteamiento actual sobre los medios de comunicación, desconociendo una realidad que supera por mucho los marcos estrechos que pretendía mantener la constitución de 1976.

No se habla del derecho a la libre disposición del cuerpo, aunque se reconoce los derechos reproductivos. No está claro, por ende, el asunto del aborto y también deja fuera temas como la eutanasia y el cambio de sexo.

De los derechos de los trabajadores, de la sindicalización y el derecho a huelga, ni un comentario.

Tampoco considera la migración como un derecho, aunque reconoce el libre movimiento, con limitaciones. No delimita qué autoridad puede prohibir la salida del país.

No hace referencia explícita a la prohibición de la pena de muerte, algo que se pidió en los debates.

No explica qué garantías tendrá la autonomía municipal, para que no se quede en letra muerta, ni por qué es improcedente un órgano como la Defensoría del pueblo para el contexto cubano, varias veces pedido.

No establece qué leyes o materias posteriores deberán ser consultadas con la ciudadanía o llevadas a referendo.

Lo grave no es la exclusión de esos puntos, sino la falta de consenso que deja el acto de ignorarlos. Son asuntos que al quedar irresueltos en la nueva constitución no se van a solucionar por sí solos, sino que se acumularán y generarán nuevos debates, tensiones, polémicas, cual energía de transformación social.

Lo que está en juego con la nueva Constitución

Entonces sí, tenemos una mejor Constitución; pero una que es conservadora, inacabada, que no establece del todo el pacto social.

Pasada la euforia de la votación, y la excesiva campaña de comunicación en torno al #YoVotoSí, nos toca pensar las implicaciones jurídicas del nuevo texto y sacar lecciones políticas, sociales e individuales. Sobre todo, nos toca ocuparnos de seguir.

Esperemos que nuestro especial multimedia, que cual último acto de final abierto ponemos hoy a su disposición, haya cumplido el propósito y quede para futuras consultas. La Cuba que viene… trasciende un texto y se concreta en la calle.