A Daniel Zayas le entregaron una caja de cenizas llamada Ediciones Áncoras. Eso fue en 2013: el año en que ganó el Premio Calendario con una novela infantil, el año en que Ailín García le dio el sí en Nueva Gerona y un beso grande.

Ahora las cosas en la editorial pinera de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) se hablan en términos de anterior y posterior a Daniel. En los cinco años anteriores había publicado apenas un título por año y casi siempre a un autor de la Isla de la Juventud.

-Derivó en un localismo –asegura Daniel mientras se arregla una muñequera de cuero, una marca oscura en la piel blanquísima-. Eso condicionó que cada vez fueran menos los escritores interesados en sacar sus libros con Áncoras; y también por eso algunas propuestas editoriales fueron antologías, para tratar de dar espacio a una mayor cantidad de autores.

Cuando Daniel sumó a Ailín hubo un cambio de imagen en primer lugar: desde un nuevo logo editorial hasta la creación de nuevas colecciones.

-Comenzamos a publicar libros con cubiertas en colores y tratamos de acompañar el nacimiento de cada uno con un grupo de implementos promocionales que ayudaran a acercar a los lectores, a mostrarles nuestra propuesta, -comenta Ailín, que diseña sin título de diseñadora.

Y empezaron a sacar lo que nadie antes que ellos en una editorial de la AHS: llaveros, postales, pulóveres, carteles, lapiceros. Fuera de la capital, subvencionada al cuadrado: por una organización a su vez subvencionada. Ciencia ficción.

El cambio también se notó cuantitativamente. En 2015 publicaron ocho títulos, y en la Feria del Libro de 2017 ponen 11 en manos de los lectores. Áncoras logró abrirse paso en los siempre codiciados fondos de Planes especiales y de Población, donde, comentan en el gremio, los jefes de editoras “reparten codazos” a diestra y siniestra.

-Esos son libros que se producen en imprenta y por sus características y valor cuentan con grandes tiradas que circulan por todo el país –comenta Daniel que puede jactarse meciéndose en un sillón, de las alianzas de trabajo con instituciones culturales para ayudar a financiar los libros o los artículos promocionales.

Las cosas no llegan solas. Se ha visto en las guaguas gente que carga guayabas, chivos, globos, viandas, juguetes, cosas de fontanería. Pero si alguien sabe de tomar autobuses de una esquina a otra de Cuba con cajas de libros al lomo ese es el joven pinero. Tratando de seducir autores, a posibles patrocinadores.

-Y apostando por lo novedoso –apunta-, lo arriesgado.

Jóvenes cubanos

Foto: Alba León Infante

-¿Han pensado en publicar escritores extranjeros? Otras editoriales de la AHS lo han hecho.

-Precisamente este año publicaremos Biblia de pobres, del prestigioso poeta colombiano Juan Manuel Roca, y para el próximo año Fantastes. Una novela de hadas para hombres y mujeres, un clásico de la literatura fantástica, de George MacDonald.

-Ustedes le están “dando bola” a la no-ficción en su catálogo ¿Por qué esa decisión que apenas toman la editoriales cubanas?

-Queremos que Áncoras no se encasille, que no tema apostar por todos. Nos interesa diversificar al máximo nuestros planes de modo que haya opciones para todos.

Daniel y Ailín le ponen el extra a la editorial, quizá no porque sean homéricos, sino porque están obligados a serlo. La condición geográfica hace que se retrase la llegada de insumos a la Isla de la Juventud  -una isla dentro de otra-. Por otro lado, han tenido que formar, sobre la marcha, a un equipo de trabajo bien reducido e inexperto.

-Lo otro ha sido lograr que los representantes de las entidades con que trabajamos entiendan el valor del libro como producto cultural –y al ponerse de pie sus casi dos metros dejan el sillón crujiendo-. Eso esperamos conseguir con cada propuesta: cambiar algo.

Editoriales en Cuba

Foto: Alba León Infante

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