Personalmente a mí que no soy tan joven, el campismo me permite, con un mínimo de comodidades, disfrutar un tiempo con mi familia. Y somos una familia numerosa o mejor dicho, numerosísima. Este año pasamos unos días en la base de Los Cocos, situado en el municipio Santa Cruz del Norte. Un lugar beneficiado por la naturaleza pues se encuentra entre el mar y una cadena montañosa, en la localidad de Jibacoa.

La primera impresión al llegar a Los Cocos, es la confirmación de que si no se ha arribado al paraíso falta solo una parada para ello. Cabañas pintadas, césped, si mi apreciación visual no me traiciona, menor de 3 centímetros, meticulosamente cortado, todo debidamente señalizado. A primera vista y luego de proceder del desorden citadino que es La Habana, encuentras una escena maravillosa. Claro que si me fijaba un poquito más, podía notar basura destapada, pero quería ser indulgente. Mi objetivo era, como era de esperar, pasarla bien.

El interior de las cabañas ya lo conocía de temporadas anteriores. Sin llegar a la extrema comodidad, se podría decir que es habitable, claro, sin confort y mucho menos glamour por el estado de los colchones y de los muebles en general.

Lo de los mosquitos ni siquiera es tan grave

Sin embargo, lo verdaderamente impresionante es la diversidad animal del interior de las casitas: cucarachas, mosquitos y santanillas. Unos salían de día, otras te acompañaban de noche y las últimas se enamoraban de los y las campistas. Especialmente de las piernas de mi nieto, quien como niño pequeño al fin suele poner su trasero donde mejor le place. Ahí estaban las santanillas entonces para enseñarle, a fuerza de reforzamiento negativo, que tenía que escoger mejor el lugar para sentarse. Pobre niño.

Lo de los mosquitos ni siquiera es tan grave. Podríamos decir que de todos los insectos, y la presencia habitual de este en la vida cotidiana de los cubanos, unas cuantas picaduras no dan para escribir un párrafo de este texto. Sin embargo las cucarachas son otra cosa. La sabiduría popular las designa como alemanas, aunque acá en Alemania jamás vi una de ellas, ni de las otras. Y esos bichitos son demasiado. Por momentos pensé que la cabaña que pagué le estaba asignadas a ellas y nosotros éramos personas intrusas que veníamos a romperle la estabilidad de su estadía.

Si tuviera que hablar de los servicios, aprovecharía para destacar la variedad en el menú del restaurante, aunque las opciones para vegetarianos son mínimas. Destaco también la atención de sus trabajadores, no solo los gastronómicos sino de todos en general. Esto último es de lujo en una Cuba actual donde el cliente no siempre tiene la razón. Creo que solo por esa razón volvería a Los Cocos, esta vez con varios pomos de “Lo Maté”.