Son las 10 de la noche y en una cuadra de la barriada habanera Ciro Frías, Consejo Popular Párraga, hay tremenda algarabía. Bajo una luz tenue varios niños rodean lo que semeja un tablero de ajedrez tridimensional. Algunos se han apoderado de los cubos azules, otros de los amarillos, mientras cuatro chicos desde distintos ángulos intentan llegar al tope de aquel juego en 3D.

Yosdel Vicente y Lis Powell observan, guían. La pareja puede pasar desapercibida, pero, aunque nadie los conozca, ellos se sienten orgullosos de haber ideado “el primer juego ciencia hecho en Cuba”.

“Cuando decimos que es el primer juego ciencia es porque cumple con los requisitos para serlo: posee problemas científicos que ni siquiera nosotros entendemos, definición de conceptos como complejidad mínima reducible y componentes fundamentales como el movimiento en el espacio, en el tiempo”, subraya Yosdel.

Asegura que CIMA se aprende muy fácil, solamente nueve fichas comunes y una especial por jugador son necesarias para iniciar la partida. La meta es llegar a la cima del tablero en el menor número de pasos y ahorrando recursos (fichas). Explica que cada jugador posee un turno y se juega por cada cara de la pirámide, las fichas poseen un movimiento de 360 grados, tanto horizontal como vertical. No se puede iniciar sobre otra ficha. Para ascender al próximo nivel se debe poseer la misma altura de su próxima posición, para bajar no se requiere condición alguna. Al igual que en el ajedrez, CIMA posee aperturas, defensas, técnicas de oposición, bloqueo y contrataque.

Con sus propios recursos han ido produciendo tableros de diferentes tamaños y con diferentes materiales. El más reciente es un homenaje a La Habana.  “Es la manera que hemos tenido de homenajear a la ciudad en sus 500 años. Y es la forma de demostrar que los cubanos en menos de cinco siglos hemos sido capaces de desarrollar un juego ciencia, a diferencia del Go y el ajedrez que tienen miles de años de creado. Eso demuestra la capacidad de inventiva de los cubanos, de lo que somos capaces de hacer”, comenta Lis Powell, coautora de CIMA.

Ella, médico graduada con título de oro, y él, graduado de Cultura Física, decidieron fundar su negocio de entretenimientos de mesa, bajo la licencia de “comercializadores-creadores de artículos de piñatería, artículos de fiestas y otros varios”. Monopolios con billetes de CUC y CUP, parchís con personajes de dibujos animados nacionales y otras cubanizaciones de conocidos recreativos de mesas comercializados por las empresas internacionales HASBRO y la Mattel fueron el arranque en el negocio del entretenimiento para estos residentes de Párraga.

El camino a la cima

Pese a que concibe 8 veces más combinaciones que el ajedrez en su cuarta jugada y genera 25 600 movimientos posibles frente a los 3 025 que posee el milenario deporte ciencia, el potencial de CIMA no ha sido totalmente reconocido en la Isla.

Sus creadores cuentan que como emprendimiento entró a las oficinas del Instituto Nacional de Deporte y Recreación (INDER) y fue sepultado junto a otras propuestas. “Las únicas empresas que no quiebran son las de pasatiempos de mesa, lo único que no caduca es este tipo de diversión. Nosotros estamos preparados para producir y hacer ganar a nuestro país 5 millones de dólares, de eso estamos convencidos,  pero hace falta que quieran invertir en nuestro proyecto”, repetían una y otra vez cada vez que presentaban su proyecto a instituciones y empresas que podrían respaldar su iniciativa.

Liz Powell explica que el sector de los esparcimientos de mesa es uno de los más rentables del mundo, pues se basa en la necesidad de la familia de buscar un espacio común, de estar unida. “Incluso con la crisis que hubo recientemente de petróleo en Cuba nuestras ventas se dispararon. Las personas, al no poder salir de casa tan frecuentemente, buscaron la diversión dentro del hogar y se nos disparó la demanda”, relata.

Un día, la desesperación los llevó a las oficinas de Atención a la Ciudadanía del Consejo de Estado con una carta dirigida al presidente Miguel Díaz-Canel. Allí, en la Plaza de la Revolución, Yosdel y Liz dejaron su proyecto, teléfonos y todo tipo de contactos. “En unas semanas se les dará respuesta”— les prometieron.

“CIMA es parte de eso en lo que insiste nuestro presidente, idear recursos propios para sacar adelante al país. Cuba exporta café, tabaco, ron y algunos productos de biotecnología, donde el margen de ganancia es muy poco. Ahora, imagínate un producto que además de poder exportarlo puedes cobrar por sus derechos de autoría. ¿Cuántos millones de dólares no aportaríamos? Por su importancia histórica y viabilidad, así como beneficios económicos, decidimos llevárselo. Ya estábamos agotados de ir estructura por estructura, desde la base. Llevábamos cinco años luchando con la burocracia, con los obstáculos. Decidimos crear nuestro propio camino.  Era importante que nuestro Estado viera esta creación”, cuenta Yosdel.

Una vez que CIMA estuvo en el despacho del presidente empezaron las llamadas a la casa familiar. Autoridades municipales y provinciales de diversas instituciones mostraron interés en la creación que varios de ellos mismos habían relegado. Hasta el momento siguen evaluando cómo apoyarlos.

Como los creadores necesitaban poner números y demostrar a los burócratas que aquello no era una alucinación, sino que habían creado “el juego ciencia del futuro”, como el fórum provincial de Ciencia y Técnica de La Habana lo había calificado al fallar a su favor con el premio de innovación Relevante.

Para pedir asesoría y demostrar la factibilidad y la rentabilidad del negocio, Yosdel llegó a la consultoría económica CANEC S.A. donde en un primer intento le habían cerrado las puertas. Allí, finalmente accedieron a realizarle el estudio de factibilidad si pagaba el monto de 4 mil CUP, a lo que accedió, seguro del potencial de su proyecto.

Según el informe que la CANEC entregó al joven emprendedor, actualmente la industria de los juguetes ofrece ganancias de 83 mil millones de dólares cada año. Los precios internacionales de las piezas oscilan entre los 8 USD y los 60 USD en dependencia del tipo de juego, la temática y la calidad, y en algunos casos sobrepasan los 100 USD. Por su parte, CIMA debe comercializarse en 75 CUP para el mercado interno y 20 CUC en el externo. Tras el estudio minucioso de la industria del entretenimiento, la consultora consideró que, con una buena estrategia de mercado y promoción internacional, CIMA podría generar entre 20 y 30 millones de dólares.

De esas  ganancias, Yosdel dice que invertirá una parte en su comunidad. Le interesa realizar un proyecto de desarrollo local en su barrio, pues está preocupado por la pobreza y la carencia de fuentes de empleo prósperas en el municipio donde reside. Quiere armar toda una industria alrededor de CIMA. “Tenemos pensado incluso una aplicación online que pudiera generar ganancias millonarias de popularizarse. La app creada no generaría un alto tráfico de datos, por lo que se pudiera jugar en línea y hacer grandes torneos”, comparte.

La historia detrás de CIMA

Hace 10 años Yosdel y Liz dejaron de tener quietud. Aunque con la venta de los monopolios de su negocio garantizaban alimento y diversión a su familia, ellos querían hacer algo que los identificara, los definiera; algo que más allá de beneficios económicos redundara en ganancias espirituales.

“Sentíamos la necesidad de hacer algo que rompiera con todo lo antes ideado. Nosotros queríamos dar un paso más allá. Pensamos en cómo jugaría la gente del futuro, ya no podría ser bidimensional, sino tridimensional”, relata Yosdel. “La idea ya estaba latente desde el libro El rey peón, un volumen que escribió para que los niños aprendieran ajedrez de una manera más recreativa y divertida. Sentíamos la necesidad de hacer un pasatiempo de mesa que permitiera desarrollar la memoria espacial, que rompiera con los esquemas y solo dependiera del intelecto de las personas, que no existiera discriminación ni por sexo, fortaleza física, raza o simplemente el azar.

La investigación sobre varios juegos de azar y del ajedrez los llevó en esa dirección. “CIMA supera con creces a otros juegos al eliminar el factor suerte, pues proporciona igualdad de condiciones para todos los contrincantes. Incluso se han creado categorías para dos o más jugadores”, explica Yosdel.

Según sus autores, es la primera vez que un hombre y una mujer serán, al unísono, parte de un problema científico. “Ambos tendrán que hallar la solución a varios problemas, componer nuevos patrones de movimiento, nuevas soluciones. No depende del músculo sino del intelecto”, añade Liz Powell.

El principal aporte es que en CIMA la solidaridad y el desarrollo de un pensamiento lógico son fundamentales para ganar. Una diferencia sustancial respecto a otros juegos en los cuales matar o destruir son la base para obtener el triunfo.

El nombre es apócope de la palabra cimarrones. “Ellos trataban siempre de buscar la cima de las montañas para organizarse, para no ser atrapados por los esclavistas, trazaban sus estrategias y vencían los obstáculos. Pero también fue algo que hicieron los rebeldes, y esa fueron las bases históricas y culturales que tomamos para idearlo.

Mucho camino queda por recorrer para que la invención de Yosdel y Liz Powell llegue a la cima de la gran montaña del éxito en el empresariado cubano; sin embargo, estos jóvenes confían en que su creación será el juego del siglo.

 

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