La V Semana del Cine holandés en La Habana abre en Cuba una puerta para conocer desde el arte, los conflictos y realidades de sociedades aparentemente distantes y desconocidas.

El pasado de esclavitud en los cañaverales, las rebeliones anticolonialistas, los problemas de inserción de los emigrantes a un nuevo contexto geográfico y el fenómeno del bullying en las escuelas, son varios de los tópicos traídos a La Habana por esta muestra cinematográfica concebida para demostrar que muchas veces los países están más cerca de lo que se imaginan.

Estreno de la película holandesa “El Precio del Azúcar”

“He estado en varias semanas de cine holandés y de otras cinematografías. Lo interesante de ésta es que no sólo te venden la Holanda bonita, sino una parte del otro país menos publicitado, el de los conflictos”, comenta Rody Cabrera, un joven bibliotecólogo, que asegura lo estaremos viendo allí durante el resto de la muestra.

“Yo voy al cine para conocer otras manifestaciones de la vida, otras costumbres, músicas, idiosincrasias. Cuando una semana como esta trae documentales, animaciones y largometrajes se puede ver un espectro de creación muy diverso”, nos cuenta.

Esa era la idea desde la concepción, reafirma el embajador de los Países Bajos en Cuba, Norbert Braakhuis, vestido simbólicamente para la inauguración con una guayabera cubana.

“Las películas que estamos mostrando no son fáciles para nosotros. Temas como la represión violenta a los esclavos o el homenaje a un director asesinado años atrás por su lucha abierta contra la intolerancia religiosa; son una oportunidad para mostrar con sinceridad la alegría y el dolor de nuestro país”, asegura.

“El cine es como un espejo de la sociedad y merece la reflexión del pueblo. Así lo vemos y eso corresponde con la visión del cine que ha tenido Cuba durante muchos  años, impulsada por la figura del desaparecido Alfredo Guevara”. Así lo explica el diplomático, con un guiño al recuerdo de quien sostuvo por más de cuatro décadas una creación cinematográfica con varios episodios de conflicto con el poder.

Cineasta holandés Jean van de Velde y la actriz Yootha Wong-Loi-Sing

Semejante espíritu acompaña a Jean van de Velde, afamado director holandés invitado a inaugurar la muestra con su filme El Precio del Azúcar. “Mi realidad tiene muchas cosas buenas, pero otras que no lo son. Viendo las películas puedes conocer, por ejemplo, sobre los trabajadores marroquíes que van a trabajar en Holanda y sufren mucho, porque la sociedad no ha sabido lidiar con ellos. Esperamos que la gente aprenda más de nuestro país como nosotros hemos intentado conocer este lugar que nos encanta”, desea van de Velde.

Estar en La Habana es “excitante”

Aunque parezca un adjetivo demasiado recurrente en las declaraciones a un periodista del propio país, la expresión de Jean van de Velde deja poco margen a la duda. Se nota que disfruta La Habana, que por fin la descubre.

“Yo tenía una idea sobre esta ciudad, pero cuando estás aquí dices: ¡Ahhhh!, ¡esta es La Habana! Una vez que caminas por aquí y escuchas música cada veinte metros comprendes cuál es el misterio”, revela el director.

A su lado, la actriz principal del estreno inaugural, Yootha Wong-Loi-Sing, comparte sentimientos. “Pienso que la mejor parte de estar en Cuba fue tratar con los cubanos, hablar con ellos, bailar, comer, beber; y sencillamente hacer más que estar sólo en la playa. Son personas muy amables y abiertas, les encanta hablar con las otras personas, incluso si, como yo, no hablan muy bien el español”, confiesa entre sonrisas.

“¡La Habana es maravillosa!”, vuelve van de Velde. “Lo que más me gusta es que no hay publicidad, y así puedes ver la ciudad en lugar de ¡Compre esto!¡Llame aquí!… Aquí es más relajado. Toda la atmósfera es interesante: la gente trabaja, habla entre sí, y no anda todo el tiempo a una velocidad avasallante. Por supuesto que se ven cosas por mejorar, pero me encanta esta tranquilidad”.

Para quienes confiesan desconocer notablemente el cine cubano, (y prometen corregir tal ausencia, tras comprarse varios DVD´s con muestras de la cinematografía insular) el más cercano referente audiovisual sobre la capital antillana es Chico y Rita, del español Fernando Trueba, una obra que reconstruye idílicamente el ambiente bohemio de las décadas de 1940 y 50.

Pero los años no han pasado por gusto, ni la crisis económica, y eso lo aprecia van de Velde, quien afirma imaginar la belleza real por entonces en contraste con el deterioro actual. Mas, no echa en falta aquel brillo.

“He estado en ciudades de Corea del Sur y Singapur donde todo resplandece y es nuevo. ¡Ahí me he sentido viejo y feo! En cambio en La Habana, con sus arrugas, pienso como con las personas que una vez fueron muy bellas y que con el paso de los años experimentan una transformación de su belleza: ahora son hermosas de otra manera”.

Éste es también el resultado de una semana de cine.