El hombre fuma un cigarro tras otro, empata la ceniza de uno con el humo del próximo. No para de hablar. Su nombre es Demián Rabilero y estuvo —como abogado culpable de cohecho/soborno— en las prisiones santiagueras por cinco años. A su salida de la cárcel, en el 2003, vio que pocos de sus amigos quedaban en las calles de la ciudad y esas «desapariciones» lo llevaron a idear un filme: Temporal (2006), a partir del cual comparte la receta para hacer una película con 20 dólares.

Temporal es una deuda y yo soy muy sensitivo. Salgo de la prisión en el 2003 y todo el mundo se estaba yendo. Quedaban muy pocos de mi generación. Y mientras trabajaba en la oficina del Conservador de la Ciudad fluyó esa idea en mi cabeza y tenía que resolver de algún modo la problemática del sentimiento de que todos mis amigos se estuvieran yendo, muy dramática en aquel momento. No era como ahora que la gente va y viene porque tiene permiso de salida, sino que era definitivo. La guayaba sigue estando dura, pero no tanto como en los 90, por eso hice el corto. Fue la manera que encontré para resolver el conflicto”, cuenta Demián.

Pero había algo más que resolver. No había dinero, como suele suceder en un país en que persisten las Memorias del Subdesarrollo. ¿Cómo convencer entonces a cuatro o cinco mujeres, más tres hombres, de desnudarse para la cámara y hacer el performance que le pidieran? ¿Cómo convencer a dos hombres de aparecer en una escena de sexo en el primer cuadro? ¿Cómo convencerlos de que fumaran mariguana mientras los grababan? ¿Cómo convencer a las autoridades de proyectar un filme con esas características?

película con 20 dólares

Cartel de Temporal. Autor Demián Rabilero

Pareciera que Demián no tiene límites creativos: él mismo hizo el cartel de la película y lo puso en gigantografía en la ciudad. “La programé para junio del 2006. Eso me obligaba a terminarla y a implicar a mucha gente que tuviera deseos de pinchar sin dinero. Solo teníamos 20 dólares”, dice entre bocanadas y le da otra «patada» al cigarro.

Seguramente usted se preguntará en qué los gastó. Y está equivocado si piensa que fue en pagar a los actores, o a un fotógrafo, o a un editor, o quizás a un sonidista o a un diseñador. No pagó por ninguna especialidad. Gastó el dinero en lo más básico: comida.

Este hombre tiene poder de convencimiento y lo sabe. Lo explota. Así explica que nadie se haya negado a hacer lo que él pedía, solo a cambio de almuerzo y satisfacción.

¿La censura?

“Todo es cuestión de contexto —aclara Demián—. El director del Centro Provincial de Cine de Santiago en ese momento era José Antonio Estrada, realizador, y él llamo incluso a su consejo asesor e hicimos un visionaje de la película. El consejo dijo que le gustaba pero que no era para la exhibición ante el público general, sino para su consumo en ámbitos privados. ¡La «sapinguería» de que «el pueblo es imbécil y no puede ver esto»! Estrada les dio las gracias por su opinión y dijo que él, como jefe, decidía ponerla”.

¿Pero qué era en realidad lo que se estaba dejando ver?

—Más allá de las escenas de desnudos y algunas ingenuidades de tono político que contiene, Temporal no trata solo de la aniquilación física, sino también de la espiritual de mi generación, la de los pioneritos que nacimos en los 70 (ni siquiera somos una generación porque, como dijera una poeta, es la generación más antigrupal que existe).

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Escenas del rodaje del filme Temporal. Foto: Cortesía del entrevistado

Y las desapariciones, ¿por qué el tratamiento onírico?

—Hay una señorita que es gran lectora de mis poemas, se llama Branca Novoneyra, y me lo describió muy bien. “Temporal se parece a uno de tus poemas”, me dijo. Y es exactamente eso, ella le hizo la mejor lectura posible, lo leyó como un poema cinematográfico. Hay gente que lo interpreta mal porque intenta hallarle la lógica de la narrativa propiamente fílmica; pero en ese tono experimental, me interesaba la superposición de planos narrativos (entre el documental y la ficción). Y fue impactante porque hubo quien creyó la historia como real, tomó el sexo por real. Además, era 2006 y ver a dos tipos templando en la pantalla, desde la primera escena, fue algo impactante. Ahora es normalito, pero en el 2006 sonó.

En el corto hay, no obstante, un interés por mostrar lo grupal, más asociado a lo tribal…

—Sí, en cuanto al grupo de amigos, socios.

¿Cómo reaccionó el grupo y el público en general?

—Muchos de mi generación llamaron para decirme que el filme les había gustado. Hasta Carlitos Barba, que vio una mala copia en su casa, me llamó… y mucha otra gente que uno cree que no consume ese tipo de audiovisual.

Han sido cinco cigarros de conversación frente a unos ojos azules que han visto las dimensiones de una celda desde dentro. Ahora estos ojos caminan tan pero tan libres por las calles santiagueras, que parecen los de un turista. Un turista que, en algún tiempo, fue un ex presidiario capaz de hacer una película con 20 dólares. Pero ahora Demián, como si nada hubiera sucedido, acaba de obtener una plaza como Especialista principal en el Museo de la Imagen de Santiago de Cuba. Nada mal, ¿no? Si con 20 dólares este hombre hizo Temporal, ¿qué hará llegado este punto?