“Arreglar el mundo” (como se le dice en este país a hablar de política) es para José Ernesto Nováez un hobby que concreta con toda seriedad en el icónico teatro La Caridad, de Santa Clara.

“En mi época de estudiante universitario, sentarnos varios amigos en el malecón sin agua de Santa Clara era un ritual, una rutina casi diaria. No eran tiempos de WiFi y esta zona se llenaba de gente que conversaba, ¡casi todos estábamos en lo mismo! Un pie forzado, un vinito y todo se desencadenaba”, cuenta este Licenciado en Periodismo desde 2014 y profesor de Procesos Literarios Cubanos en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Esto de generar un espacio para debatir ideas es un modo de vida que le sale natural. Con 25 años, ha logrado acomodar sus inquietudes (casi siempre irreverentes, casi siempre bien fundamentadas) en debates que se mueven según la opinión pública lo demande, en discusiones que quieren seguirle el paso a los cambios de la época actual cubana.

Los segundos martes de cada mes, José Ernesto dedica más de tres horas a conducir uno de los espacios de debate más fecundos de la ciudad de Santa Clara.

Le puso “La Caldera”, porque allí cocina ideas.

La Caldera invita a zambullirse en los problemas de la sociedad cubana actual y desde allí proponer soluciones, a través de debates críticos. El propósito es dejar servido un plato que contenga los sabores, tanto amargos como dulces, de este proyecto social.

“Hasta aquí han llegado personalidades de la talla de Abel Prieto, Jorge Fornet, Desiderio Navarro, Esteban Morales, Miguel Barnet, para plantear sus puntos de vista, pero también hemos contado con la presencia de profesores universitarios que se han dedicado a estudiar las temáticas de la política, la economía, las ciencias sociales cubanas. Cada uno abordando temas que ayudan a entender la proyección actual de este país y los errores cometidos en el pasado.”

Jorge Ernesto Nováez

“Es complicado llegar en tres horas a un análisis profundo. También se encuentran reticencias a hablar de ciertos temas, sobre todo de índole política, pero es una oportunidad que queremos mantener, tanto las instituciones culturales de la provincia como los encargados de hacerlo existir: nosotros y el público.”

Un público, en su mayoría es joven, se ha vuelto fiel a estas tertulias. Ellos hacen de La Caldera un encuentro interactivo.

Preguntas, respuestas, coletillas, y más preguntas (algunas capciosas), hacen de este espacio un refugio de verdades sin medios tonos, pues quienes asisten intentan entender el país donde viven.

“El espacio se estructura en dos partes fundamentales: en la primera, el invitado responde las preguntas del cuestionario elaborado con antelación, que pone un grupo de temas sobre el tapete, y en la otra, confluye el debate, que a veces se pone caliente y eso se disfruta.”

“Impulso este espacio porque es una gran oportunidad de desarrollarme en lo que estudié, como entrevistador, como conductor de un debate de temas polémicos. Ha sido una de las mejores experiencia de mi vida.”

Y tiene camino por andar.