La investigación científica cubana en el área de Educación se ha mantenido en una crisis sostenida durante los últimos 20 años. Un artículo del doctor en Ciencias Pedagógicas Paul Antonio Torres, publicado en la revista científico-pedagógica Atenas, expone y analiza esta situación.

A partir del análisis de 1 377 reportes que incluyen tesis de Maestría y Doctorado, el autor concluye que los principales problemas de las investigaciones en esta área se hallan en la delimitación de la hipótesis, la conformación del marco teórico-referencial, la definición de variables y categorías, el análisis de los datos y la socialización de los resultados.

Según Torres esta “situación preocupante” es “producto de los cambios introducidos en el país a la metodología de la investigación científica en el ámbito educativo”, y lo planteado se corresponde con otros resultados similares recogidos en artículos e intervenciones del seminario científico online sobre esta problemática.

El contexto económico a partir de la década de los 90 en Cuba constituyó el punto de partida del retroceso de los avances alcanzados anteriormente por el sector educacional en la Isla, valora el autor. Desde entonces hasta la fecha, la educación cubana, al igual que el resto de las esferas de la vida social, se ha visto afectada y, dentro de esta, la validez de las investigaciones académicas no ha sido la excepción.

En el caso de los estudios cualitativos, el investigador atribuye las deficiencias a la carencia de bibliografía proveniente de fuentes primarias y no a una falta de preparación. Al respecto, señala el uso de referencias indirectas, aisladas e incompletas. A pesar del mayor acceso potencial a obras actualizadas con el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, el texto demuestra que, en lugar de citarse más trabajos y autores, la tendencia ha sido decreciente entre 1996 y 2014, “…una clara manifestación de pobreza en el análisis y en la producción científica”.

Con respecto a las investigaciones cuantitativas, que constituyen mayoría, el uso de la Estadística para llegar a conclusiones evidenció —según el Dr. Torres— “la existencia de marcados desconocimientos y otro tanto de errores conceptuales”.

El pobre tratamiento de la perspectiva sociológica en la conducción del proceso investigativo en Educación se presenta también como una de las causas principales de los bajos niveles de publicación de los investigadores educativos cubanos en revistas científicas internacionales de mediano y alto nivel de impacto durante los últimos 20 años.

Señala que la producción cubana en el campo educativo se encuentra invisibilizada para la comunidad científica internacional, y que solo unas pocas revistas nacionales cuentan en la actualidad con un impacto en las Ciencias de la Educación: Atenas, Trasformación y Didasc@lia.

La principal inquietud planteada por Torres es que la circulación de “manuales de Metodología de Investigación Educacional y la transmisión oral de ‘normativasʼ de cómo hacer investigación educativa resultantes de una ‘cultura de tribunalesʼ, terminan imponiendo más reglas que las pocas y flexibles que establece la entidad competente para ello en el país, y de las que requiere la ciencia auténtica”.

“¿De qué vale acumular tantos resultados de investigación si, finalmente, muy pocos de ellos llegan a ser conocidos (o sea, traducidos a la forma de impacto científico más elemental, que es la académica, la encaminada a movilizar conciencias)? ¿Qué mérito puede atribuírsele al intento de masificar una actividad científica que no logra transformar eficazmente la realidad; realidad que a la vez está necesitada de respuestas científicas convincentes a las crecientes demandas sociales e ideológicas a que se ve sometida?”, se pregunta el Dr. Torres.

Estas problemáticas han sido enunciadas también por el propio ministro de Educación Superior, José Ramón Saborido, en un artículo reciente publicado en la Revista Cubana de Educación Superior, en el cual plantea que el fortalecimiento de la preparación de doctores era una necesidad urgente del país que demanda cambios en su concepción y organización.

Saborido considera la formación doctoral en Cuba, en general, insuficiente a los efectos de las necesidades actuales del desarrollo del país y de la propia Educación Superior. Según los datos proporcionados en el texto, la graduación de nuevos doctores en los últimos años oscila alrededor de más de 600 anuales, de los cuales la mitad aproximadamente son en Ciencias Pedagógicas.

“En las Ciencias Pedagógicas se mantiene alto el índice de defensas doctorales… El cambio debe ser mayormente en lo cualitativo, puesto que es necesario lograr que se refleje mejor en buenas publicaciones, premios de la ACC y, especialmente, en los impactos de las tesis en la elevación de la calidad y eficiencia del sistema de la Educación Superior, en el cual abundan problemas que deben ser enfrentados sobre bases científicas”, apunta Saborido.

El gobierno cubano ha definido la formación de maestros y profesores, y su capacitación, como prioridad en sus lineamientos políticos desde 1959. Es así que en 1964 se crearon los primeros institutos pedagógicos: el “Enrique José Varona” en La Habana; el “Félix Varela” en Santa Clara; y, el “Frank País” en Santiago de Cuba. El Ministerio de Educación Superior (MES) se fundó en 1976, junto a la red de centros de Educación Superior con una estructura ramal, entre ellos, los Institutos Superiores Pedagógicos (ISP).

Un año después surgió la Comisión Nacional de Grados Científicos (CNGC), que se encarga de determinar y autorizar a las instituciones, tribunales y demás órganos facultados para participar en el proceso de otorgamiento de grados científicos; otorgar los grados científicos y expedir los títulos correspondientes; así como dirigir el procedimiento de convalidación y convalidar, en su caso, los grados científicos de quienes hayan alcanzado esos niveles en el extranjero.

Cuba posee elevadas tasas de alfabetización y de escolarización, similares a las de países desarrollados. Hasta 2010, último año en el que aparecen informes, era uno de los países con mayor gasto público en Educación de América Latina y según datos del Banco Mundial en 2015, poseía una tasa de alfabetización de 99.65 %, una de las más elevadas de la región.

 

A continuación puede consultar el artículo del Dr. Torres, publicado en la revista científico-pedagógica Atenas.

 

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