Tarde-noche de cualquier sábado. Los transeúntes de la calle 23, en el Vedado capitalino, se sorprenden, primero, al escuchar un sinnúmero de cláxones acercándose. Casi sesenta personas en moto, una detrás de otra, pasan portando una bandera y pulóveres negros en los cuales se ve un círculo verde y el texto “follow ME”.

Forman parte del Club ME (Motos eléctricas) el cual, según Reyniel Hernández, uno de sus fundadores, surge para compartir el buen uso de las leyes del tránsito y “la seguridad y eficacia de las motos eléctricas”.

“Nuestro objetivo es incitar a las personas a usar estos vehículos que no lanzan gases dañinos al medio ambiente como sí hacen los de combustión”, agrega.  “Todos los sábados al terminar nuestra peña en La Piragua, armamos una caravana por las calles del Vedado o de otros municipios. Con esto buscamos darnos a conocer para que otros se unan”.

Hace unos tres meses, ME era solo el nombre de dos talleres de motos —uno en Miramar y otro en La Lisa— en los cuales aún trabajan Reyniel y Juan Antonio Hernández. Pero ellos y otras pocas personas decidieron crear, bajo el mismo nombre, un grupo de amantes de las motos eléctricas, para lo cual pagaron por registrar la marca, además de como taller de reparaciones, como club social.

“Nuestro objetivo desde el principio fue crear una sociedad y expandir nuestra marca de forma nacional y, quién sabe, hasta internacional”, explica Juan Antonio.

La idea se le ocurrió a Reyniel cuando fue con su amigo a conocer el trabajo del club Amigos del Motor, grupo cubano formado por entusiastas de todo tipo de vehículos motorizados. “Al principio —cuenta Reyniel— me sorprendió la cantidad de personas que había, todos con sus carros o motos. Participamos en una reunión donde hablaron sobre algunas cuestiones organizativas y después nos fuimos juntos a comer hamburguesas. Cuando terminamos de comer, de pronto cada cual se fue por su lado y yo me quedé pensando: ʽcuando mejor estaba esto se desintegró, entonces qué hace esta gente, no entiendoʼ. Después, cuando mi compadre me preguntó si nos uníamos, le dije que no, que nosotros íbamos a hacer nuestro propio club”.

Reyniel y Juan Antonio Hernández fueron creadores del club ME. Foto: Pedro Sosa Tabío.

Reyniel y Juan Antonio Hernández fueron creadores del club ME. Foto: Pedro Sosa Tabío.

En los talleres ME, dicen sus impulsores, se ofrece un trato diferenciado a los miembros del club. “A nuestros afiliados les damos prioridad por encima de los demás clientes, o sea, los atendemos en cuanto llegan aunque haya otras personas, les hacemos rebajas en el precio de algunas piezas y la mano de obra a veces ni la cobramos”, asegura Juan Antonio. Sin embargo, no es requisito ser cliente en esos talleres para formar parte del grupo. Aclara.

Entre los primeros invitados a integrarse estuvieron clientes y conocidos de los creadores. Así llegó al grupo Leonel Martínez: “yo soy barbero; Reyniel es cliente mío desde hace años y, como tengo una moto eléctrica, me explicó en qué consistía, me convenció y decidí ir a una reunión. Desde entonces solo he faltado a una actividad y porque estaba enfermo”.

Entre los preceptos del grupo está la no discriminación, menciona el barbero: “somos un club sin ánimo de lucro y no discriminamos a nadie por su raza, religión, sexo o preferencias sexuales. Buscamos promover la seguridad vial y el uso de la electricidad como combustible ecológico”.

Leonel también habla sobre la importancia de no quedarse como un simple club de motos, sino tener también impacto social. Sin embargo, para este fin no basta el registro de la marca como nombre de los talleres y del club social.

“Necesitamos disposición por parte de los gobiernos locales, los trabajadores sociales y los directivos de los centros donde queramos hacer nuestras actividades, ya sean de exhibición de las motos, atención a ancianos o niños enfermos, limpieza de playas o lo que sea. No queremos que se nos pague, aquí todo el mundo se monta en una moto y hace lo que tenga que hacer en beneficio de la sociedad”, comenta.

Ejemplo de la actual escasez de este apoyo, es la falta de respuesta sobre un trabajo voluntario que intentan llevar a cabo en un asilo de ancianos. Desde hace unas tres semanas planean la actividad, como parte de la cual piensan embellecer el centro, arreglar equipos eléctricos rotos en la institución, hacer cortes de cabello a los ancianos, así como llevar comida y refresco para realizar una pequeña fiesta.

Durante la primera visita al asilo fueron recibidos con entusiasmo por algunos trabajadores del centro, quienes les pidieron volver para concretar con el director. La segunda vez les mencionaron algunas trabas y les dijeron que el director estaba en una reunión y así, entre “curvas” y burocracia, no han conseguido hacer nada.

De momento, los miembros de ME, además de hacer su peña semanal en La Piragua en el Vedado habanero, participan una vez al mes en las peñas de Amigos del Motor, en las cuales se realizan carreras y competencias de habilidades de forma legal. Lo demás, ya sea actividades con las motos o salidas grupales, es acordado entre todos cuando están juntos: “por ejemplo, un domingo enseñamos a manejar a las parejas de algunos miembros que no sabían. La actividad salió muy bien y después fuimos a divertirnos a 3ra y 8”, cuenta Reyniel.

Aunque no tienen la antigüedad y el reconocimiento de Excelencias del Motor, hasta el momento nadie les ha impedido hacer sus caravanas.

El centro de las peñas son las exhibiciones: muestran las motos, socializan, planean próximas actividades y para cerrar hacen la caravana. Foto: Pedro Sosa Tabío.

El centro de las peñas son las exhibiciones: muestran las motos, socializan, planean próximas actividades y para cerrar hacen la caravana. Foto: Pedro Sosa Tabío.

Para convertirse en miembro solo hace falta tener una moto eléctrica y querer formar parte. Quienes hasta hoy se han unido han llegado de diferentes formas: “La china” tiene su propia moto y conocía a Reyniel; las parejas de Alejandro y Yirlan paseaban un día por La Piragua y ahí mismo fueron captados.

Víctor Manuel, otro de los integrantes de ME, describe su ingreso así: “llegué, vi el bulto de motos y cuando pregunté me dijeron: echa para acá, que aquí somos una familia y nos ayudamos todos”.

La marca ME, que al principio solo representara a un par de talleres, es símbolo ahora de decenas de personas enlazadas inicialmente por un objeto, como opina Leonel: son “un grupo unido antes que nada por una moto, luego por la amistad y después por la familiaridad”.

Los ciclomotores eléctricos se han vuelto muy comunes en las calles del país en los últimos años, han sido una de las alternativas a los problemas del tranporte público. El Estado comenzó a comercializarlos en 2008 pero en pequeñas cantidades y por poco tiempo. Gran parte han entrado importadas por los propios ciudadanos. Desde Panamá llegan principalmente como parte de Equipajes No Acompañados o a través de envíos.

Captura de pantalla de anuncio de venta de motos eléctricas en Revolico.

Captura de pantalla de anuncio de venta de motos eléctricas en Revolico.

 

En Revolico, el sitio web más grande y popular en el cual los cubanos promocionan los productos del mercado informal, los precios de las motos eléctricas oscilan entre los 1400 y los 2500 CUC.

A pesar de la escasez de piezas de repuesto para estos equipos dentro de la Isla, en especial de las baterías, y del aumento de consumo de electricidad que significa cargarlas constantemente, las personas buscan alternativas para conservarlas en movimiento e, incluso, para organizarse y promover su uso.

 

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