Aún sin haber dicho una palabra, con su pantalón de pinzas más bien hacia lo ajustado, con su pullover rojo oversize, sus deportivos y un peinado bien particular, Migue Leyva J. deja ver a las claras que le interesa su imagen.

Cuando conversas con él, comienza a hablar de celebrities como si se hubieran sentado a su lado en la escuela, de revistas de élites, de marcas, de “tweed”, del “outfit”, en fin, del “fashion-world”. Disipa fácil las dudas: le apasiona la moda.

Para quien se autodenomina “el primer fashion-blogger en Cuba”, los últimos días fueron “lo máximo”. La llegada a La Habana de la marca Chanel y el cortejo que la siguió, resultó un acontecimiento a sus 21 años.

Migue, que también es modelo, siguió cada paso de los visitantes y se propuso entrar al desfile en el Paseo del Prado incluso sin tener invitación. ¿Cómo lo hizo? Sólo él y quien o quienes lo ayudaron lo saben. Nosotros tendremos que quedarnos con la duda.

El caso es que estuvo, vio a sus ídolos a pocos metros deslizándose por la pasarela y lo más importante, estuvo en “el mejor desfile Colección Crucero de Chanel” que haya visto hasta hoy.

“Pienso que se respetó la cultura nacional como en ningún otro lugar, a nivel de colores, símbolos. Hubo más de un conjunto en verde olivo, un elemento que sorprendió sin dudas. En cuanto a diseño, pude ver claras referencias a la palma real, a personajes tipo de la idiosincrasia habanera como Yarini…”.

¿Si lo hubieras organizado tú qué habría sido diferente? “No habría estado la conga del final”, me contesta al momento.

Cortesía del entrevistado

Quizás su desfile hubiera mirado más a Europa y en eso también Chanel le dejó una enseñanza. “Demostró que se puede ser estilizado y, a la vez, aprovechar el ardor de Cuba, el folklor nacional”.

En su blog This is this se mantuvo todo el tiempo hablando del tema, actualizando a sus “más de 500 followers” sobre lo que acontecía en la capital de la Isla. Días atrás había comentado su sorpresa por el poco movimiento que veía en Prado, pues aparentemente el gran Karl Lagerfeld, director creativo de la compañía, no había mandado a montar sus majestuosas escenografías. La noche del evento comprendió la razón:

La Habana lo estaba dando todo, arquitectura, el público en los balcones que fue lo mejor, era su escenografía.

Con todo el dispositivo Chanel desplegado en la capital de Cuba, Miguel pudo intercambiar en vivo y en directo con varios editores, blogueros prestigiosos en ese mundo, que le hicieron ver nuevas perspectivas. Él – que en nuestro país no tiene posibilidades de especializarse en el tema pues no existen carreras enfocadas en la moda y que ha decidido comenzar a estudiar en la Universidad de las Artes el próximo año – tiene la convicción de que con su blog puede difundir la cultura del buen vestir entre los cubanos.

Resignado a que en el mercado estatal no puedes acceder a piezas de marcas, ya que no las hay o tienen precios inaccesibles, Miguel encuentra alternativas en los negocios privados, en las tiendas de ropas recicladas en las cuales, asegura, “te encuentras cosas increíbles”. Porque “aunque la marca es importante, el secreto radica en saberse combinar, en lograr el outfit (lo que te queda bien, lo que va contigo), puedes coger un poquito de aquí, otro de allá, y lucir espectacular”.

Ahora que han comenzado a desarrollarse las revistas de variedades, que él mismo empezó a trabajar en Garbos, que tiene amigos con intereses similares, Migue Leyva J. ha dejado atrás la época de adolescente-bicho raro, que recorría como un nómada cuánta tribu urbana existía. Al parecer ya no es tan difícil querer dedicarse a la moda en este país.

Antes de Chanel lo sabía pero la experiencia de la última semana se lo reafirmó: va encontrando su lugar en este lugar.

Miguel Leyva. Foto: Brian Canelles