La gente del barrio no dejaba espacios vacíos alrededor de la cancha. Mujeres y hombres, niños y niñas, celebraban con gritos y aplausos un gol (de cualquier equipo) lamentaban un error y hasta “exigían” mejores estrategias de juego. Cada partido resultaba, por sí solo, un espectáculo deportivo comunitario. Fueron cinco días en los cuales La Liga en Cuba marcó el tempo en los alrededores del Cine Acapulco.

“Todos estaban súper emocionados y querían participar. Las expectativas eran muy grandes porque aquí el futbol es pasión. De hecho, deseamos que iniciativas como esta se repitan”, dice Ariel Pérez, portero del “team local” y vecino de la zona hace diez años.

Él, junto a la mayoría de quienes residen en los alrededores de la cancha deportiva, ve en el deporte una oportunidad para unir a las personas. Esa premisa, es parte del espíritu con que surgió la Liga en Cuba, una idea soñada por Anton Buri, joven norteamericano, estudiante universitario en Canadá, amante del fútbol y la lengua española.

“Yo quería hacer algo diferente antes de ingresar a la universidad, así que decidí venir a Cuba y me encantó”, cuenta unos momentos después de haber ayudado a pintar la cancha que fue sede de la tercera edición del torneo.

Dice Antón que aquella estancia duró nueve meses. Que le encantó el país, la hermandad con que se vive, el calor humano que se respira y que, por eso, quiso “hacer algo más para estar en contacto con el pueblo”.

“Comencé a trabajar con el Proyecto Artecorte como profesor de inglés para los niños de la comunidad, además, era entrenador de un equipo de fustal en el área 13 de marzo. Ese era el papel más importante para mí y fue una oportunidad muy especial”.

Antón sostiene que el vínculo con Artecorte y el movimiento futbolístico que vio en Cuba lo motivaron para hacer “algo más”. De ahí la idea de formar un torneo de futsal sin fines de lucro, que no solo funcionara como evento competitivo, sino también como herramienta de unión entre comunidades, “porque eso fue lo que yo aprendí de Cuba¨.

Acapulco 2019

De la mano de un emprendimiento de 20 años de trabajo como Artecorte, la iniciativa de Anton Buri ha devenido en torneo barrial, al que se han sumado otros actores cubanos y extranjeros de más experiencia.

Hoy, la Liga en Cuba es respaldada también por el Indiana Futsal y el emprendimiento capitalino, Mi barrio Sueña.

Indiana Futsal se enorgullece de asociarse con La Liga en Cuba, Artecorte y La Liga de Barrio para presentar la Copa de Acapulco 2019. Nuestro equipo renovó la cancha justo a tiempo para organizar un torneo de 10 conjuntos en el transcurso de esta semana (…)”. Así se expresaba en su página en Facebook esta corporación, miembro de la Federación de Fútbol Sala de los Estados Unidos (USFF).

“Existe mucha desinformación sobre Cuba, pero yo creo que en este país hay valores que se pueden potenciar a través del futbol. Y, personalmente, quisiera llevar a Indiana esos valores y las cosas buenas de este país, explicó Justin Becht, director de la Indiana Soccer Association, quien aseguró, además, que se siente muy feliz de apoyar esta idea.

Niños juegan en La Liga en Cuba. Foto: Leydis Luisa Hernández Mitjans

Niños juegan en La Liga en Cuba. Foto: Leydis Luisa Hernández Mitjans

Edgar Herrera debía ser un actor casi obligado en este torneo, pues, Mi barrio sueña, proyecto que lidera, no solo tiene al futsal como eje central, sino que ha logrado organizar una liga barrial en la que participan casi todos los municipios de La Habana.

“Nosotros aportamos nuestros conocimientos, nuestras herramientas de trabajo, pero sobre todo compartimos, nos divertimos y crecemos como seres humanos a través del deporte, porque en definitiva, esa es nuestra esencia y para eso son los vínculos comunitarios”, sostuvo el también profesor de matemáticas.

Con este criterio coincide Camilo Condis, administrador general voluntario de Artecorte. “Nosotros tenemos dos décadas de experiencia en organización comunitaria y respaldamos estas iniciativas con todo lo que hemos aprendido. No solo se trata de venir a los barrios a competir. Es también “mover” a la comunidad, mostrarles a los vecinos como pueden gestionar el entorno. Eso es lo que se queda”.

De lunes a sábado, con un día de descanso, se desarrolló el evento que, en un principio estaba previsto para ocho equipos, pero debido al interés que generó, finalmente compitieron 10. Aquí, hubo espacio también para partidos de niños, de mujeres y de veteranos, porque el deporte que sueñan, sostienen los organizadores, tiene que ser inclusivo.

La Liga en Cuba pretende llegar a todos los barrios de La Habana e incluso, a otras provincias del país. La proyección parece ambiciosa, si se tiene en cuenta que lo logrado hasta ahora ha sido posible gracias al aporte de los grupos sin fines de lucro, y a las gestiones de los emprendedores privados cubanos. Sin embargo, todos coinciden en seguir haciendo, “porque los barrios lo agradecen”.

“Pronto terminan las vacaciones, y si no fuera por cosas como esta, el barrio seguiría muerto y los muchachos en la calle. Mira esto como está, mira la gente, mira lo lindo que quedó el terreno; no ha habido ningún problema, ni por la música se ha protestado. Entonces, por mí que se repita”, dice uno de los vecinos mientras presencia el partido femenino de la jornada final de La Liga.

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