Manuel lleva más de nueve años de relación estable con Carlo. Viven en una casa solos, ambos tiene trabajos respetables y cuentan con el apoyo de sus familias. Al parecer no tienen conflictos, pero en el trasfondo de las relaciones sociales es donde perviven las mayores resistencias.

“Las cosas han mejorado, aunque todavía hay dificultades para los gays en Cuba”, asegura Manuel Barrera Téllez, un joven graduado de Licenciado en Lengua Inglesa en la Universidad de Camagüey, que hasta hace muy poco tiempo fue traductor de un periódico de su provincia, al centro/oeste del archipiélago.

“Conozco parejas de 50 años de relaciones que se veían a escondidas por la madrugada, porque si los descubrían los botaban del Partido, de la carrera…”, recuerda Manuel, de una época que no fue la suya pero que le llega de rebote, como la historia del amigo mayor que fue expulsado de los estudios en la Unión Soviética al conocerse su homosexualidad.

Pero los tiempos cambian y la vida parece haberle sonreído a este muchacho de 29 años de edad, que, no obstante, asegura enfrentar a diario muchísimos avatares.

“Por presión de mi padre tuve mi primera relación sexual con una novia. Estando con ella conocí a Carlo, mi pareja actual y de siempre, y me enamoré a primera vista. Con la muchacha no pude seguir por mucho tiempo, y novié con otro muchacho, que también me duró poco, porque seguí con Carlo en la cabeza. Desde que empezamos a conocernos me pareció que podíamos perdurar. Él dejó su pareja y renunció a irse al extranjero porque quiso tener una relación seria conmigo. Entonces, me armé de valor y le dije a mi mamá: ‘Conocí un muchacho. Estoy enamorado y quiero vivir con él’.

Foto del autor

“Salir del closet nunca es fácil, por más que hayamos avanzado. Yo vivía con mis abuelos. También me aterraba decirle a mi hermana, que asistía a la iglesia pentecostal, pero con ella todo me fue bien desde el primer momento”; confiesa.

Comprendido todo en el seno familiar, Manuel tuvo que luchar con una sociedad machista, que todavía discrimina.

“El machismo fue mi peor reto, no solo por mi papá: yo también intenté engañarme a mí mismo. Cuando me separé del primer novio que tuve, me dije: ‘Yo no puedo ser maricón, ¿qué me pasa?’ Ese día hasta vacilé con mis hermanastros a una cantante en un vídeo clip. Eso me duró unas horas, (recuerda sonriente) cuando llegué a mi casa, bañándome me dije: ‘Qué voy a hacer, soy así, no me gustan las mujeres’”; y continuó adelante.

La vivienda y la legalidad también retaron a la joven pareja. “En las casas de renta nos discriminaban por ser gay cuando queríamos pasar una noche. Teníamos que ir a los pocos lugares donde nos aceptaban, porque aún las personas nos discriminan, no nos ven como una pareja más”.

“Además para encontrar alquiler también pasamos tremendo trabajo, casi siempre nos ayudaron los mismos homosexuales. Rodamos por todo Camagüey. Al final, tuvimos que ir para mi casa, y de allí empezamos a construir aquí, gracias a la familia de Carlo. Él ya estaba de cocinero y puso el dinero para la construcción, pero yo estuve a pie de obra con los albañiles; sin embargo como no estamos casados, no tengo derecho a nada.”

“La legalidad es un problema serio. Yo quiero casarme y tener un hijo. Aquí no puedo adoptar. No puedo besar a mi pareja en la calle, a él le da pena porque dice que Cuba no está preparada para eso todavía, y que nosotros no tenemos que ser los revolucionarios, por eso espero que aquí llegue pronto el matrimonio gay, porque si España, que es la cuna del catolicismo, lo logró, ¿por qué Cuba no puede?”

“De todas formas nos vamos al extranjero. Para mí es la oportunidad de adoptar, porque no anhelo lo material. ¿Qué si me voy con él? Claro, yo siempre le digo: ‘Contigo me voy a morir. Nos vamos a morir de viejos los dos’.

 

Foto del autor