Ellos reconocieron su marginalidad, de modo que empezaron a plantearse una vida distinta. Casi todos son negros, de pocos estudios y emigrados ilegales en su propio país: tenían todo para ser discriminados. Y lo fueron. Hasta que ellos mismos encontraron la forma de darle la vuelta a su historia. Viven en La Baría, un asentamiento ubicado a dos kilómetros del poblado Ciego Montero, en el municipio cienfueguero de Palmira.

La comunidad se llama así por un árbol que crece sobre los ocho metros y al cual se le atribuyen propiedades mágicas. Pero muy poco de mágico hay en La Baría, a no ser la humildad de su gente.

Me gustó, me quedé

En 1998 La Baría era el campamento de los trabajadores de una cooperativa cañera. Lo que antes fueron albergue, comedor y cocina, acogen hoy a casi una decena de familias. Alrededor, varias casas de madera, con piso de tierra, son el hogar también de quienes llegaron a este lugar a cortar caña.

En el Censo de Población y Vivienda de 2012 aparecen registradas solo 76 personas. Sin embargo, en La Baría viven hoy casi 200.

“[Llevamos] más de 20 años aquí y todavía somos ilegales”, se lamenta Maylé Andrade Curbelo. “Hace tiempo vinieron del Carnet de Identidad y la Dirección de la Vivienda para ayudarnos con las propiedades de las casas, pero todavía los estamos esperando”.

La casa de Maylé era la cocina-comedor del albergue. Cuatro cartones viejos funcionan como paredes que dividen los cuartos. En la sala hay dos sillas de hierro y un televisor con mala señal.

“En esta comunidad el gobierno iba a construir 27 casas, pero solo se terminaron tres”, explica Eloy Morales Fuentes, nacido en Contramaestre y fundador del asentamiento. “Nos han hecho muchas promesas, casi todas aún sin cumplir y la gente se disgusta por eso”.

Yanelis Reyes Rojas tiene dos hijos y ha tenido que viajar a Oriente con sus embarazos a término.

“Yo soy de Mangos de Baraguá y vivo aquí hace diez años, pero como no hemos podido legalizar las viviendas, mi dirección en el carnet es todavía la de Oriente. Para inscribir a los niños aquí es un problema porque somos ilegales”, explica.

Según cuentan los vecinos, algunas personas dejaron el asentamiento porque estaban llenos de desesperanza. No creían que fuera posible un futuro próspero en La Baría.

Un solo pozo abastece de agua a toda la comunidad ante la ausencia de redes hidráulicas y sanitarias. Foto: Kyn Torres.

Un solo pozo abastece de agua a toda la comunidad ante la ausencia de redes hidráulicas y sanitarias. Foto: Kyn Torres.

“La corriente eléctrica es muy inestable porque tenemos muchas tendederas y eso nos ha quemado ventiladores, radios, televisores”, explica Toniberto Morales.

“Es uno de nuestros reclamos más viejos —interrumpe Eloy. Hace tres meses vinieron de la empresa eléctrica y dijeron que iban a empezar los trabajos, pero no hemos visto ningún movimiento. Hay varias tendederas que están casi en el piso y eso es un peligro”.

La Baría podría considerarse una zona de silencio no solo por la tranquilidad de sus alrededores sino, además, porque allí es casi nula la cobertura celular.

Entre las mayores demandas de sus vecinos figura la instalación de un teléfono.

“Aunque la enfermera nos hace visitas regularmente, estamos incomunicados si sucede alguna urgencia. Aquí hay ancianos, discapacitados físicos y mentales, niños y si pasa cualquier cosa en medio de la noche no tenemos cómo llegar al policlínico”, reconoce Yanelis.

“Al menos nos consuela que arreglaron el camino —dice Eloy. Hace unos meses, con las lluvias, esto parecía un pantano, pero hoy es más fácil llegar hasta aquí”.

“La mayoría de las mujeres son amas de casa y los hombres trabajamos en la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) cañera 8 de Octubre. Aquí no hay escuela, ni bodega, ni tiendas, ni consultorio médico. Para todo hay que caminar casi dos kilómetros hasta el centro del Consejo Popular”, explica Efrén Sánchez Abreu.

En La Baría la mayoría de los hombres trabajan en la agricultura. Foto: Kyn Torres.

En La Baría la mayoría de los hombres trabajan en la agricultura. Foto: Kyn Torres.

Ilegales para vivir, pero no para bailar

Por la procedencia oriental de sus miembros, este asentamiento era el patico feo del Consejo Popular Arriete-Ciego Montero.

“Habíamos [sic] muchos alcohólicos aquí y éramos muy desfavorecidos. Sabíamos que teníamos que hacer algo para que nos tomaran en cuenta y las cosas cambiaran”, reconoce Daniel.

En julio de 2014 a Magnolis Boone Peralta se le ocurrió montar un grupo folclórico músico-danzario con sus vecinos y nombrarlo La Baría para visualizar la comunidad y lograr apoyo de las autoridades locales.

“Empezamos tocando con cubos, cubetas y una guataca de hierro que aún hoy utilizamos como campana. Ninguno de nosotros tiene conocimientos musicales, solo los cantos que aprendimos de nuestras raíces africanas”, relata.

Quien representa a cada santo intuye cómo debería hacerlo según las características de la deidad.

“Yo interpreto a Oshún y cada movimiento lo hago pensando en que es la diosa del amor, que anda por el campo con satería, con salsa… y así trato de moverme”, comenta Maylé.

Tras proponer el proyecto a la Dirección Municipal de Cultura y ser aprobados, comenzaron a presentarse en varias actividades. Ganaron prestigio.

“Tenemos peñas habituales, celebramos efemérides y nos hemos presentado en otros municipios de la provincia y en importantes sitios de Cienfuegos como los jardines de la UNEAC y el Centro Benny Moré”, agrega Efrén.

Conjunto folklórico La Baría. Foto: Glenda Boza.

Conjunto folclórico La Baría. Foto: Glenda Boza.

La creación del conjunto folclórico fue un primer paso, luego se convirtió en un proyecto comunitario que incluye varias manifestaciones del arte vinculadas a las raíces afrocubanas.

“Con ayuda de la CPA queremos hacer un Bosque de los Orishas donde sembremos los árboles relacionados con los santos del panteón yoruba y otros que son utilizados por sus propiedades medicinales”, explica Magnolis.

Tienen además una minibiblioteca al alcance de la comunidad y un grupo danzario con niños.

Orlando Ventura Rivero, promotor cultural de Ciego Montero, confirma que el conjunto músico-danzario de La Baría es una de las agrupaciones que más enorgullecen al Consejo Popular de Arriete-Ciego Montero.

“Incluso se han convertido en los protagonistas principales de varios eventos del territorio. Además, celebran las efemérides y festividades nacionales con más entusiasmo que otros barrios más céntricos”, asegura.

Magnolis afirma que el grupo se esmera siempre por brindar una función con calidad. “Aunque tenemos limitaciones con los vestuarios, fundamentalmente el de los músicos y el coro, hacemos nuestro trabajo con mucha dedicación. Tenemos hasta un premio Festival del Agua que se entrega a organismos e instituciones con destacada participación en el Consejo Popular”.

Sin embargo, durante 2018 estuvieron casi un año sin actuar porque pocas veces podían garantizarles transporte.

“Nos quedamos muchas veces ‘vestidos y sin bailar’. A veces dejamos de trabajar porque teníamos una presentación y perdíamos el día porque no podían venirnos a buscar”, explica Maylé.

Por su condición de aficionado, el conjunto folclórico La Baría realiza actuaciones gratuitas. Aunque desean profesionalizarse, ese es un sueño que parece muy lejano.

“Tengo fe en que el grupo nos va a traer grandes beneficios. Nosotros damos, pero también esperamos recibir”, dice la joven treintañera.

Los miembros de la agrupación representan las distintas deidades del panteón yoruba. Foto: Glenda Boza.

Los miembros de la agrupación representan las distintas deidades del panteón yoruba. Foto: Glenda Boza.

¿Lo malo se va bailando en La Baría?

Los habitantes de La Baría coinciden en que las atenciones que han logrado en los últimos años se deben, en buena medida, al prestigio de su conjunto folclórico.

“Es innegable que algunas cosas han mejorado, sobre todo porque la gente nos mira con respeto y sin tantos prejuicios”, reconoce Yanelis.

“Incluso, en determinadas fechas, traen a personas del gobierno y se sorprenden de cuánto hemos ganado en cultura”, añade.

Sin embargo, Yanelis no olvida cómo una vez, tras una visita gubernamental, les prometieron que harían un parque infantil y luego dijeron que no era posible porque no había cómo trasladar los equipos de construcción hasta allí.

“Sabemos que nuestros problemas no se pueden resolver de inmediato, pero nos gustaría al menos ver que se trabaja en ese sentido”, expresa Maylé.

Aunque Magnolis asegura que las autoridades y el pueblo de Ciego Montero ya reconocen a La Baría como una comunidad y eso los hace sentir bien espiritualmente, todavía hay cosas que los afectan y quedan muchas promesas sin cumplir.

El arreglo del sistema eléctrico es una de las demandas más antiguas de los habitantes de La Baría. Foto: Kyn Torres.

El arreglo del sistema eléctrico es una de las demandas más antiguas de los habitantes de
La Baría. Foto: Kyn Torres.

En ese sentido, Toniberto Morales, trabajador de la CPA, resalta que el apoyo al proyecto es fundamental para cambiar la reputación y el modo de vida de la comunidad.

“Es importante que se mantenga este trabajo, que se le dé promoción, que se vea. Esto ayuda a evitar muchas cosas que suceden en comunidades como estas, con muchas vulnerabilidades”.

Sin mencionarlo explícitamente, Toniberto habla de alcoholismo, de delincuencia, de prostitución, de ilegalidades, de drogas, de violencia; fenómenos comunes en asentamientos y barrios ilegales donde los emigrantes llegan y se instalan en condiciones mínimas de supervivencia.

“La Baría tiene poderes mágicos y crece rápidamente. Es un árbol frondoso —dice Maylé. Nosotros también queremos crecer y florecer”.

A pesar de todas sus necesidades, el solo arreglo del terraplén que lleva a La Baría parece la triste metáfora de quien allana el camino, pero olvida hacia dónde va.

 

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