Desde el lunes 29 de abril de 2019, la empresa de telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) comenzó “la comercialización del servicio de hospedaje de sitios web para personas naturales”.

Al enterarme —y siguiendo las instrucciones de la noticia publicada— comencé a llamar al número de atención al cliente, 118, para obtener más detalles. Tras varios intentos me redirigieron al centro comercial más cercano.

Una vez allí, y después de preguntar a varias personas que no tenían idea del tema, me atendió Raisa Gutiérrez, jefa de turno en el Centro Multiservicios Focsa, en La Habana, quien me dijo: “Aquí no tenemos ninguna orientación al respecto, llame al 118 y pida que le expliquen…”.

Bienvenidos a ETECSA: ¡el ciclo infinito ha comenzado!

 

Expliqué a Raisa que ya lo había hecho y que me habían enviado al centro comercial más cercano.

Luego de unos 15 minutos regresó con varias hojas:

“Muchacho, los únicos centros habilitados para tal propósito son: Oficina de 17 e/ B y C aquí mismo en el Vedado y el Centro Panorama en el reparto Kohly”.

Dicho esto, me dio las hojas impresas y me explicó: “Mira, aquí tienes el contrato del servicio, así como las características y los requerimientos de este. Léetelo antes de firmar el contrato para que tengas idea de qué cosa es”.

Con estos documentos podría determinar si mi sitio cumplía “con los requisitos para ser hospedado sin que luego existan problemas técnicos”.

En el Centro Multiservicios de 17 y B en el Vedado inicié la tramitación del hospedaje. La gestora comercial me preguntó si ya tenía contratado el nombre de dominio con la empresa CITMATEL. Le expliqué que tenía un .com y me comentó que tenía que leerse toda la documentación para ver si se podía hacer el proceso, aunque ella creía que no. Me dio su número de teléfono para que la llamara antes de volver.

Dos semanas después me atendió la misma persona, Lourdes, se llama. Para mi intranquilidad no había hecho la tarea. Entramos en un debate pues según ella ya habían hecho “varios” contratos y “todos” tenían dominios nat.cu, emitidos por CITMATEL.

Le expliqué que en la sección de preguntas frecuentes (FAQ) del sitio oficial de ETECSA dice claro que se pueden contratar servicios para alojar sitios .com.

Y me hizo pasar con su jefa.

María Elena Bermúdez, la jefa, repite que “todos los contratos necesitan la autorización de CITMATEL”. Le muestro el tuit, de mi amigo electrónico @dogcalas (por su nombre de usuario en la red Twitter) y me dice que “no es posible, que ella está segura pues el único muchacho que ha contratado el servicio”, antes que yo, “primero tuvo que hacérselo”.

Cuando ella vio que no me iba a mover de mi silla, se decidió a hacer una llamada.

Después de hablar con “Lachy”, exclama: “Pues sí, se puede alojar un .com internacional; ven el jueves a ver a María del Carmen o llámala al 78329816”.

***

El jueves llegó, pero tampoco pude concluir la gestión.

—Entra que no te va a gustar lo que tengo que decirte. ¿Ya tú pediste el autorizo a CITMATEL?— me pregunta María del Carmen y yo cuento hasta 100, una vez más.

—Sí — le respondí, aunque no lo tenía a sabiendas de que era un autorizo innecesario para no escuchar el mismo cassette por enésima vez.

—Bueno, entonces ven mañana porque la que atiende el servicio hoy tiene a los niños enfermos y está de licencia sin sueldo.

Algo que en otras latitudes se puede hacer desde la comodidad de tu teléfono móvil, me había tomado más de tres viajes a diferentes instalaciones de ETECSA.

***

Al día siguiente, y como ya tenía un dominio internacional (que puede ser .com, .net, .org o cualquier otro dominio de nivel superior), ¡felicidades para mí!, pude terminar el proceso.

“Como tú sabes bastante informática —me dijo María del Carmen Espinosa— siéntate al lado mío para hacer esto juntos”.

El número del contrato no sabía de dónde sacarlo y me di cuenta que formaba parte de la URL. No aparecía dónde añadir el dominio y llamó a la especialista principal. En lo que hablaba con ella encontré dónde se hacía y aproveché para dejar constancia gráfica:

Foto: Cortesía del autor

Foto: Cortesía del autor

 

Fue a buscar esta vez a “Lachy”. Revisaron porque no aparecía tampoco mi número de cliente en el sistema y “Lachy” enseguida lo encontró. Orientó, además, cambiar el correo @gmail.com por mi @nauta.cu, cosa que me pareció ilógica pues si el cliente no tiene correo nauta, ¿también lo van a obligar a crearse uno?…

Tras dos semanas de mi última presencia en las oficinas del Vedado, exactamente 15 días después, recibí por correo electrónico (en mi @gmail.com) la confirmación de que ya podía llamar al servicio de asistencia técnica (76468033) para recibir las contraseñas de acceso FTP y de la base de datos.

¡Voilà!

***

El primer pago, pasado el mes que se te ofrece gratis por contratar el servicio, será de $12 CUC por “costo de activación”, concepto que no me queda muy claro. A eso se sumarán los $1.50 CUC mensuales, por mi módico plan de 60MB de alojamiento.

Hasta el momento sigo cruzando los dedos. Según supe por los propios funcionarios de ETECSA, ya “han causado baja los dos únicos contratos que había realizado el Centro Multiservicios Vedado”.

Al decir de María del Carmen y citando a ambos usuarios, “el servicio está muy lento…” y se entiende pues “un recurso compartido no brinda las mismas prestaciones que un servidor privado virtual”.

Raro en Cuba, común en el mundo

El hospedaje de sitios web en servidores cubanos hasta el 29 de abril era exclusivo para las empresas estatales. Se trata de un servicio que provee a los usuarios de Internet de un sistema de almacenamiento de información, imágenes, video o cualquier contenido accesible vía web. Dicho con otras palabras: es la infraestructura digital que permite “publicar” sitios en Internet.

Cualquier proveedor de este servicio a nivel internacional posibilita la contratación, pago del servicio y configuración por la vía digital, sin necesidad de visitar ninguna institución.

La ubicación geográfica del cliente no constituye un impedimento.

Dado que en Cuba recién se instaura el hospedaje de sitios web, los programadores nos hemos visto en la imperiosa necesidad de adquirir este servicio —imprescindible para el desarrollo de aplicaciones en Internet— a través de negocios enrevesados o favores extranjeros. Siempre hemos sorteado disímiles obstáculos para lograr una infraestructura que permita el pago recurrente del alojamiento en servidores foráneos y evadiendo cuanta restricción impone el embargo o bloqueo.

Precisamente por este último motivo, no pocos emprendedores cubanos se han visto afectados. AlaMesa, por ejemplo, estuvo fuera de línea unos días; el propio Knales perdió todos los datos recopilados durante tres años en sus servidores privados virtuales.

Pero con semejante odisea será muy difícil que el servicio se convierta en todo lo masivo que pudiera y que por voluntad propia de los administradores de sistemas se migren las plataformas actuales alojadas en servidores extranjeros hacia el centro de datos de ETECSA.

 

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