Por: Giordan Rodríguez Milanés

El 25 de mayo de este año, me avisan del drama de César Reynerio, un joven invidente que había realizado el examen de Matemáticas de ingreso a la universidad. Una instrucción ministerial lo exoneraba de responder la pregunta de geometría del espacio, pero no de geometría plana. El joven no había podido recibir esos contenidos por no existir en la provincia los medios adecuados para enseñársela a un ciego de nacimiento.

Las autoridades comunican que el chico estaba oficialmente desaprobado y debía presentarse a segunda convocatoria, presumiblemente ante una nueva pregunta de geometría plana. Publiqué el caso en mi muro de Facebook y en un comentario del blog Segunda Cita. Ningún medio tradicional o virtual de la provincia había publicado una palabra. Ninguno, a pesar de que, como los propios periodistas de uno de esos medios reconocieran públicamente después: “Nosotros estábamos al tanto de lo sucedido a César Reynerio, fuimos a las reuniones que en el municipio se hicieron, y le enviamos, incluso, un email a un funcionario del MES”. Pero sin publicar.

No había pasado una hora luego de mi post en Facebook, y miles de personas comenzaron a solidarizarse con César. Incluso Silvio Rodríguez preguntó “Que debemos hacer para ayudar a César Reynerio y los demás invidentes…?”.  Un usuario de las redes logró que altos directivos del pais —que normalmente le siguen en Facebook y Twitter— se ocuparan del asunto. Menos de cinco horas después de la publicación, el MES decide exonerar a César de responder la pregunta de geometría plana y, por consiguiente, queda aprobado.

Dos días después, en un espacio radial transmitido por las emisoras más importantes de Granma, se pondera la resolución del caso “gracias a la gestión de las autoridades de la provincia, de nuestro departamento informativo, y de la periodista X…”. Flagrante mentira.  Esa tarde, al tema ya resuelto se le dedica 16 minutos de tiempo radial en otro programa, con el mismo mensaje. La prensa plana y digital resaltan la obra de la Revolución —lo cual está muy bien—, pero obvian por completo que la solución se debiera al uso de las redes sociales, la bloguería y el concepto del gobierno electrónico.

Hay señales de que se preparan restricciones sobre el uso de las redes sociales y los blogs

Llevo semanas siguiendo las coberturas periodísticas de las asambleas provinciales de la UPEC. Todas tienen un eje común: la necesidad de ‘regular’ el uso desde Cuba de las redes sociales y sus contenidos. En todas las asambleas hay al menos una alusión peyorativa a las redes sociales. No reconocen jamás las buenas prácticas de otros que no sean ellos mismos, a favor del civismo y la solidaridad presentes en estas. Por ejemplo: un miembro de la UPEC en Santiago de Cuba, entiende que los usuarios cubanos de las redes sociales deben ser “educados en el cumplimiento de ciertas normas culturales y políticas…” y recibe una ovación de sus compañeros.

Para un conjunto de funcionarios en los medios en este país, las redes sociales —más que un reto profesional—, son un desagradable dolor de cabeza. El propio presidente de la UPEC, citado recientemente en el periódico Granma, plantea que: “nuestro sistema de prensa ha perdido lo que es conocido por los teóricos de la información como ‘hegemonía de las influencias’”. El periodista de Granma que lo cita, relaciona este dato con que: “el gobierno norteamericano destinó unos 500 millones de dólares a proyectos de periodismo independiente en Cuba”. Para cualquiera, cualquier propuesta alternativa de contenidos en las redes sociales y las bloguería podría ser resultado de esos 500 millones.

Unos días antes, el propio órgano central del PCC publica un poema de Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, en el cual nos pide: “no la metan [la política] en Facebook ni la contaminen con las nuevas tecnologías”. ¿Es que el órgano de prensa que expresa la postura oficial del PCC entiende que Facebook y las nuevas tecnologías, per se, son malas para la política de la Revolución?

En una búsqueda de las referencias a Facebook y la bloguería realizada en los medios de prensa nacionales, no encontré este año una sola que reconociera el aporte de las redes sociales al conocimiento y solución de los problemas cotidianos, en tanto la red pueda servir como vínculos de los ciudadanos con sus representantes gubernamentales o políticos, como en el caso de César Reynerio, por ejemplo. En un artículo de Luis Toledo Sande en Cubadebate, este se pregunta si algunos de esos problemas “¿se revertirán haciendo de Facebook una caja de resonancia para plañideras y plañideros, y de paso, con intenciones que si con algo pudieran asociarse no es con el triunfo de la justicia, la honradez, la civilidad?”.

Apenas el viernes, en el espacio El Tema de la Semana, de la revista televisiva Buenos Días, hubo un diálogo entre expertos de la Sociedad Cubana de Derecho e Informática, acerca de los límites al compartir contenidos en las redes sociales sociales, y su posible regulación dentro de la legislación cubana.

¿Estárán preparando nuestros ideólogos una masa crítica para asestarle un golpe a la libertad de expresión en las redes sociales?

La pregunta es válida al apreciar que el fenómeno está siendo abordado en nuestros medios de prensa como parte de un consenso —falso consens—, entre periodistas, artistas, abogados e informáticos. Como lo demuestra la vivencia personal que conté al inicio, Facebook y las redes sociales pueden ser usadas —y de hecho, lo son—, para la justicia, la honradez y la civilidad. ¿Por qué con tanto énfasis nuestros medios se encargan de soslayarlo?

La publicación irresponsable de contenidos morbosos, vulgares y lascivos de la dignidad humana, podrían resultar dañinos para los más susceptibles pero ¿las redes sociales son sólo eso? ¿O son, ni más ni menos, un reflejo de lo que somos como individuos, nación y sociedad, en toda su diversidad?

Hasta ahora la intención parece ser trasladar a las redes sociales las reglas estrictas y el secretismo que caracterizan la prensa tradicional. Y el modelo de socialismo liberador por el que luchamos, se sustituye así por uno restrictivo que prioriza el control sobre la participación ciudadana. Previsible destino le toca a una revolución que restringe las potencialidades de su pueblo. Pronto veremos si las señales que interpretamos son correctas.

Este texto fue publicado originalmente en La Joven Cuba