La alternatividad, lo otro, la alteridad que está ante el poder, surge porque existe una necesidad en el tejido social. Un llamado que no siempre se escucha en las esferas que debieran apoyar y generar lo alternativo. Sólo cuando el poder deja de serlo y se transforma en poder compartido, comenzamos a dialogar sobre la base de una alteridad desde la hegemonía revolucionaria y en tal sentido sí hablaríamos de medios nacionales alternativos.

“La calle del medio”, revista de opinión y debate, que desde el propio diseño gráfico se planteaba cambiarlo todo, se redujo y hoy casi está invisible (me llegan noticias extraoficiales de que cerrará). Otros experimentos terminaron de igual manera, como si la herejía fuese pecado imperdonable en la mente de los encendedores de hogueras. Para quienes escribimos con total libertad, la pérdida de publicaciones como “La Calle del medio”, es un episodio más en una serie de oscuros sucesos editoriales.

En pleno siglo XXI no puede permitirse nadie el barbarismo de un pensamiento único, en la centuria de las redes sociales no es loable querer que las redes de los pescadores resuelvan el problema de la hambruna informativa. Ahí está por ejemplo el programa “La pupila asombrada” que desde la televisión trata de llevarnos una parte de lo que sucede en el internet, el esfuerzo es loable pero único. Imagino que la gente se quede turulata cuando la locutora habla de Pinterest o de Skype, porque sencillamente se vive en un país donde el precio de una hora de conexión es de cuarenta pesos cubanos, lo cual supera varias veces el salario diario de un trabajador.

Antes de hablar de quiénes son o no los alternativos miremos estas verdades y busquemos soluciones. Antes de llamarnos revolucionarios, revolucionemos el país y las vidas de estos millones que seguimos aquí con la credulidad santa de siempre.  Los alternativos son los blogueros que siguen dando la lata desde cualquier conexión por cara que sea, desde un IP que los salve. Problemas que se colocan en un horizonte sin solución, mientras dos o tres burócratas se autodenominan alternativos.

En lugar de atacar, alguien debiera agradecer que exista una alternatividad que señala, reflexiona, participa. Todo bloguero es un ciudadano que dejó a un lado los proyectos evasivos de vida y aún cree en el aquí y el ahora. Todo ser, que a contrapelo de las vallas va y viene, es un héroe. Sí, aunque otros digan de sombras y quieran esparcir un mar de dudas. Internet es un derecho. Como ser alternativo es otro gran derecho. Informar a otros, informarnos a nuestro gusto: tal futuro queremos facturar para nuestra patria, tales cosas compartimos públicamente como metas irresueltas.

No nos conformamos con el cierre de “La Calle del Medio” o la existencia de pocos espacios como “La pupila asombrada” (que lo escribe y dirige un bloguero por cierto). En mi caso, hice un programa de radio dedicado a las redes sociales y las bitácoras, en pleno año 2012. No sólo el desconocimiento, sino el miedo, el odio injustificado y lo alienado del asunto, me invadieron hasta naufragar aquel proyecto que tuvo el handicap de hacerse en un municipio de una provincia.

Pero, aunque cierren o no “La Calle del Medio” o reduzcan su tirada o distribución, aunque el programa de televisión o radio deje de salir, quedan los blogs. Verdaderos organismos vivos, algas en medio de océanos de información mediada, donde el poder actúa a sus anchas. Todo bloguero es un irreverente y el panorama nos dice que lo será durante mucho tiempo. Hasta que el 2.0 no marque la meta de nuestro pensar, estaremos en el 0, hasta que la R no deje de sonar estaremos sin evolución y peligrará la revolución real, esa que no se concibe sin internet, sin alternatividad.