Desde el primero de enero la palabra precios es una de las más empleadas en el vocabulario cotidiano de Cuba, a tenor con la llamada Tarea Ordenamiento. Sin embargo, para el economista cubano Mauricio de Miranda Parrondo, doctor en Economía Internacional y Desarrollo, y profesor titular de la Universidad Javeriana de Cali, Colombia, de lo que deberíamos estar hablando es de producción.

«El problema de fondo en esta estrategia ha sido concentrarse en medidas que se plantean desde la esfera de la circulación, en lugar de las otras —económicas y legales— que debieran tomarse para asegurar el crecimiento de la producción», explicó en una entrevista concedida a elTOQUE.

Por casi hora y media, De Miranda Parrondo respondió preguntas de los internautas que seguían en vivo la transmisión, y comentó sobre las decisiones que podrían tomarse en medio de un escenario que describió como «el más difícil desde el período especial».

Al analizar el tema en su blog personal, un mes atrás, De Miranda dirigía la atención hacia ramos como la ganadería vacuna, la avicultura y la agricultura arrocera, que cerraron 2019 con rendimientos inferiores a los que promediaba el país a finales de las décadas de los 50 e incluso los 80, cuando su población era significativamente menor. «Si se hiciera un inventario de los diversos tipos de producción agropecuaria, incluida la azucarera, la conclusión sería desoladora. Otro tanto pasaría con la producción industrial», reflexionaba apenas una semana antes de que se anunciara la fecha del tan esperado Día Cero.

«Los clásicos de la economía política y su gran crítico, Carlos Marx, nos enseñaron que es la producción lo que determina», agregó durante sus declaraciones a este medio.

TASA DESCONECTADA DE LA REALIDAD Y ECONOMÍA SIN REFORMAS

La unificación monetaria y cambiaria era un viejo reclamo de los economistas cubanos. Con la misma constancia, dentro y fuera de Cuba, voces diversas alertaron sobre lo imprescindible de que la decisión se adoptara en el momento más favorable, en aras de minimizar sus potenciales costos sociales. «La política económica tiene que tener en cuenta no solo la necesidad de determinadas medidas, sino su oportunidad y pertinencia», destacó De Miranda, antes de recordar cómo el Gobierno postergó esas decisiones, a pesar de las indicaciones sobre el tema emitidas por el sexto y séptimo congresos del Partido Comunista.

«Llama la atención que haya sido ahora, en el peor momento posible, cuando se pone en marcha la unificación. Tampoco parece acertado que se emprendiera sin acompañarla de una reforma profunda de la actividad económica, como la que se había planteado en julio del año pasado. Por entonces, se habló de cambiar el modelo del trabajo por cuenta propia, de (pasar de) una lista de actividades permitidas a una de actividades prohibidas, con lo cual todo lo que no cayera en esa última relación estaría permitido. Y se mencionó la posibilidad de una ley para autorizar las pequeñas y medianas empresas privadas, y la formación de nuevas cooperativas. Serían medidas muy importantes, que junto con una mayor autonomía a las empresas estatales, contribuirían a ese incremento de bienes y servicios que tanto necesita la economía cubana como antídoto para la inflación».

Las medidas para intentar contener la escalada de precios han sido ensayadas antes, con poco éxito, por las autoridades. Un anticipo de lo que probablemente ocurrirá en los ámbitos productivos puede verse en el mercado cambiario, que de acuerdo con lo normado debería funcionar sobre la base de una cotización de 1 dólar estadounidense por 24 pesos cubanos, y en realidad se mueve muy lejos de allí.

«Lo que recomendaban la teoría y la práctica era establecer un tipo de cambio mucho más alto, de manera que cuando las condiciones económicas fueran mejorando, se pudiera ir rebajando hasta solucionar la distorsión que cargábamos desde los años sesenta», explicó De Miranda.

Siguiendo su razonamiento, esa «paridad real» entre la moneda cubana y la estadounidense no solo permitiría establecer «precios adecuadamente fundamentados», sino que haría más competitivas nuestras producciones y servicios. «La tasa de cambio vigente solo replica el problema que existía desde antes. La mejor muestra de su carácter “artificial” es que ni los bancos ni el Estado pueden asegurar una oferta de divisas a ese tipo de cambio», afirmó el experto. Hasta ahora, las autoridades no se han dado por enteradas del floreciente comercio informal de moneda libremente convertible que se extiende por el país, pero no sería una sorpresa que en el futuro cercano apelaran a la consabida fórmula de la penalización para intentar coparlo.

Cualquier cubano conoce los peligros que acechan tras la fórmula de los precios topados —sea en el cambio de monedas o la venta de artículos de consumo—, por lo que el profesor Miranda no los considera una alternativa, si de fundar un proceso de recuperación económica se trata.

«La recuperación económica de Cuba —concluyó— pasa por un incremento de la actividad productiva; y esta, a su vez, por cambios radicales en el clima para los negocios. En tanto no se permita que las fuerzas productivas se desaten y no se cambie el enfoque bajo el cual se mira a los emprendimientos, empezando por sectores como la agricultura, el país no logrará enrumbar hacia el que debería ser el principal objetivo del socialismo: el incremento del bienestar».

 

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