No está en el diccionario pero todo cubano lo conoce bien. Si le preguntas a un adolescente te dirá: “el teque es la trova con la que siempre se aparece el profe de historia”. Sin embargo valdría la pena preguntarles qué es la Patria, para ver cómo la mayoría repite un concepto maniqueo y trillado, poniendo en evidencia lo poco que han meditado sobre este tema.

El germen radica en los esquemas de nuestro sistema educativo; donde se graduan más de los que se forman realmente. Los valores no se enseñan solamente con verbo, también es necesario el patrón, la constancia visual de un paradigma.

En mis años de estudiante siempre sentí a mis maestras como seres infalibles, crecí con la sensación de que no importaba lo que yo insistiera en preguntarles, ellas siempre tendrían la respuesta. Semejante ingenuidad me cuidaba. De mis años de estudiante a los de mi hijo —él recién cumple los diez—, la diferencia es abismal; ahora se regaña a los alumnos para que no se burlen de sus maestros.

Así, tras el uso y abuso de un concepto, tras el repetir sin demostrar, que debemos ser patriotas, la Patria ha quedado reducida a un cuento de camino, a un sermón dominical, al bla bla bla de los que no tienen qué decir y menos por hacer.

Pero no solo sufren la Patria y su concepto intrínseco. Nuestros símbolos se hallan lesionados por la mala y excesiva propaganda, muchos de nuestros jóvenes solo ven en la bandera, el himno, y el escudo, la representación del Socialismo y los haberes del gobierno. Les confunde entender las diferencias y puntos de contacto entre Patria y Revolución.

La primera vez que me percaté de ello fue cuando un amigo revisaba las imágenes que yo había descargado de la web hacia mi memoria flash. Era un conjunto ecléctico, lo mismo podías encontrarte una foto de Edgar Allan Poe junto a otra de Zlatan Ibrahimovic, o una puesta de sol seguida de un concierto de Nirvana. Entre esas imágenes, súbitamente, apareció el rostro de una linda muchacha mostrando un llavero con la imagen de nuestra bandera; mi amigo vio la foto y me dijo que le gustaba, pero le parecía demasiado comunistona.

¿Por qué este hastío hacia la Patria y el Comunismo? Solo entiendo que ocurra por la reiteración vacía hasta el cansancio. Igual pasa con ciertas canciones que nos gustan, pero que al radiodifundirlas en exceso comienzan lentamente a fastidiarnos la existencia.

Nuestros símbolos son víctimas de un exceso de seriedad. Mientras cualquier joven puede adquirir una prenda de ropa que exhiba la bandera estadounidense, británica, o brasileña, el uso comercial de la nuestra está limitado por leyes constitucionales; solo la agencia ARTEX tiene permiso para reproducirla y luego venderla a precios que para el común de los cubanos son, sencillamente, incosteables.

Toca advertir a tiempo el dilema, asimilar la existencia del llamado teque — o sea, una forma absurda de referirse a lo más sagrado que puede poseer un hombre—, pero se impone la necesidad de propiciar espacios y conductas capaces de demostrar cuanto subyace detrás de cualquier discurso. No importa llegar lejos cuando a lo que se llega es al comprometimiento y al arraigo.