El día que reabrió la embajada norteamericana, 14 de agosto del 2015, un grupo de amigos fueron con carteles antimperialistas a la ceremonia y no se los dejaron mostrar. El solo asociar las dos ideas, “Cuba” y “no poder levantar carteles antimperialistas”, me produce consternación.

Por Luis Emilio Aybar

Recuerdo la historia de otros amigos que fueron cuestionados hace unos años en la Universidad de La Habana por realizar espontáneamente una manifestación de repudio a la invasión de Irak. El argumento: el gobierno cubano no se ha pronunciado sobre el caso.

Más recientemente, organizamos una pequeña marcha de solidaridad por los desaparecidos de Ayotzinapa que pretendía arrancar desde la escalinata de la misma Universidad.

Las autoridades e incluso 2 dirigentes de la FEU se presentaron para impedírnoslo, con el argumento de que la iniciativa no había sido organizada desde la institución o las organizaciones estudiantiles y que podía ser confundida con una marcha disidente.

Foto: Claudio Pelaez Sordo

Estoy seguro que con la visita de Obama se tomarán incluso más medidas para evitar cualquier tipo de manifestación crítica, aunque esta posea una gran afinidad con la tradición revolucionaria.

Todo parece indicar que vamos a vivir una luna de miel con el hombre que toma una gran parte de las decisiones que tienen al mundo caotizado.

Entiendo que si se quiere restablecer relaciones la confrontación no puede ser la tónica a nivel diplomático, pero me preocupa el alineamiento total que se practica entre los procederes del gobierno y las expresiones de la sociedad.

Me preocupa también que con el predominio de la moderación a nivel diplomático el pueblo vaya olvidando que todas las razones por las que tradicionalmente nos hemos enfrentado a los Estados Unidos siguen vigentes.

Una cosa es que se utilice todo el tiempo la “muela” antimperialista para justificar los errores propios, generando cansancio y rechazo entre la gente. Otra cosa es que no sea verdad que Estados Unidos juega un papel imperial en el mundo.

Tenemos entonces una educación política ineficaz, una franja del pueblo que admira a los Estados Unidos, y una escena pública donde se dan las manos, se dicen “honestos”, y lanzan la primera bola en el juego de pelota. El resultado de los tres aspectos conjugados solo puede ser la formación de una ciudadanía acrítica y poco preparada para los desafíos del futuro.

Sería muy beneficioso para nuestro país que eliminaran el bloqueo, que se facilitara el intercambio entre los dos pueblos y se pudieran comprar y vender las producciones de cada país. Entiendo que para lograrlo hay que hacer algunos movimientos tácticos, pero en medio de ello no se puede descuidar el papel formativo del activismo ciudadano.

Tienen tanto derecho los que quieren levantar una bandera norteamericana como los que quieren exigirle a Obama que libere a Oscar López Rivera y que elimine los Tratados de Libre Comercio.

Paradójicamente estos últimos son los actores de la Revolución, mientras los primeros hubieran sido muy reprendidos en otra época, cuando se practicaba con más enfásis aquello de que “Dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución, ningún derecho”.

A los que piensan que esa expresión sirve para demarcar campos ideológicos debo decirles que en realidad constituye una herramienta simbólica para conducir la participación hacia los intereses de un determinado grupo con poder.

En efecto, levantar carteles antiimperialistas durante la visita de Obama forma parte de la matriz ideológica de la Revolución, pero no es la manera adecuada de participar en esos días, pues afectaría los intereses del Estado, que son los intereses de la Revolución.

Hasta el día en que los contenidos de esa gran frase metafórica sean construidos por todos ningún actor político puede invocarla para demarcar derechos…

Toca seguir empujando.