A pesar de que Hillary Clinton ganó el voto popular por un escaso 0.2%, no alcanzó a los 270 votos necesarios del Colegio Electoral para hacerse con la victoria. Estados Unidos no cuenta con un sistema electoral de votación directa para elegir al Presidente, sino delega en un Colegio donde cada Estado envía un numero de compromisarios a Washington el próximo 19 de diciembre. Dicho número de compromisarios coincide con la totalidad de legisladores que tiene el respectivo Estado en el Capitolio.

Debo mencionar que el origen de tan intrincado sistema electoral tiene su base en que, al momento de firmarse la constitución en 1787, Estados Unidos era el único país en elegir su presidente por el voto de sus ciudadanos calificados, donde los mismos debían recorrer una gran extensión geográfica para ejercer su derecho al sufragio.

Ahora, mirando los resultados de manera objetiva, han concurrido varios factores para esta victoria inesperada por muchos (incluso por el mismo Trump). El primer factor importante es que los métodos de establecer pronósticos electorales han quedado obsoletos y/o los nuevos modelos son demasiados imprecisos, además del factor subjetivo. Chorros de tinta se ha escrito al respecto por los analistas. Sucedió con las elecciones en Israel hace más de un año ya, las elecciones en el Reino Unido, luego en ese mismo país con el referéndum del Brexit, Colombia y ahora los Estados Unidos. La imprecisión de las encuestas es una tendencia a nivel mundial que cada vez preocupa a más politólogos y estadistas.

Otro factor es la cambiante dinámica bipartidista en los Estados Unidos. La panorámica política nacional se encuentra ante una división ideológica que posiblemente sea irreparable en temas como el cambio climático, igualdad racial, derechos LGBT y derechos de la mujer. No por gusto, la mayoría de norteamericanos recuerdan esta campaña como la más feroz observada en tiempos modernos.

Además de ello, el Partido Demócrata, producto de sus políticas liberales, se ha caracterizado en tiempos modernos por movilizar sobre todo a los millennials. Estos son jóvenes de entre 18 y 30 años, residentes urbanos (sobre todo en las ciudades costeras) expuestos a las tecnologías y la globalización, comprometidos con una calidad de vida saludable, ambientalmente amigables y culturalmente tolerantes, por lo que generalmente han viajado al extranjero (solamente el 36% de los estadounidenses tiene un pasaporte válido). Por otro lado, el partido republicano ha encontrado su principal base en las zonas rurales, entre personas mayores de treinta años, cristianos evangelistas, culturalmente intolerantes y de características caucásicas. En esta campaña también sumó trabajadores industriales quienes ven reducido el poder adquisitivo de sus salarios.

Finalmente, es necesario tener en cuenta las características de ambos candidatos. Hillary Clinton por su larga trayectoria en la política estadounidense y su trabajo a favor del empoderamiento de la mujer ha sido objeto durante más de treinta años de constantes campañas difamatorias (algunas completamente sin base), las cuales a la larga demostraron tener resultados. Se le critica principalmente de, cuando era Secretaria de Estado, manejar sus comunicaciones oficiales usando un servidor privado. Algo que no es extraño entre los políticos de Washington. También se le critica de no expresar públicamente sus emociones. De allí que su campaña haya tratado durante las últimas semanas de “hacerla más humana”. En mi opinión, aún con sus defectos, ha sido bastante incomprendida y víctima del machismo imperante en la sociedad norteamericana. El discurso de concesión en la mañana del miércoles demostró una mujer cálida y sentimental que muchos habían deseado ver durante años.

Trump por otro lado, realizó una campaña basada en el populismo y la demagogia, algo que sedujo finalmente al electorado estadounidense. El populismo ha estado presente en la historia latinoamericana y actualmente es tendencia alrededor del mundo. El manual del populista se basa en excitar las pasiones humanas. En ocasiones miente, hace ver la realidad peor de lo que es y manipula la información con datos catastróficos. Además, culpa a una potencia extranjera de los problemas económicos (China y México en este caso) y realiza discursos que llaman al fanatismo, el chovinismo y la intolerancia hacia minorías de cualquier tipo. Estas recetas, aunque poco éticas, la mayoría de las veces otorgan resultados.

Con respecto a Cuba, Trump prometió revertir los procesos de acercamientos iniciados por los Presidentes Obama y Raúl Castro. No obstante, debemos tener en cuenta que Cuba no es una prioridad para la próxima administración y el lobby corporativo probablemente presione para al menos mantener el actual nivel de relaciones, son promesas hechas en el medio de la campaña ante una minoría republicana dentro de la comunidad cubanoamericana (Miami-Dade y el resto del sur de la Florida se han vestido de azul demócrata en las últimas tres elecciones presidenciales), y presumiblemente la atención se enfocará en políticas domésticas.

Sin embargo, la ignorancia política de Trump, su egoísmo, complejo megalómano y autosuficiente es lo que hace de una Administración Trump potencialmente peligrosa.