Daniela González todavía recuerda el día que fue a un agromercado estatal solo con 100 pesos cubanos (CUP). “Mi novio y yo nos fuimos de ahí con el carrito de los mandados repleto y jabas llenas en las manos”, cuenta. “Conseguimos viandas, frutas, varios tipos de ensalada… ¡Hasta carne compramos!”.

Una historia feliz. Sin embargo, si Daniela la rememora, especialmente al hablar del tema de las frutas, viandas y verduras en La Habana, es porque aquello fue, como ella misma lo denomina: “un milagro”.

Aunque la percepción de Daniela y muchos cubanos es que todavía la oferta es insuficiente, un informe recién publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) confirma que durante los primeros meses de 2019 hubo un “salto” registrado en las ventas de productos agrícolas, fundamentalmente, de las viandas.

El economista Pedro Monreal analiza en su blog que esos datos muestran un aumento del 38,3 % en las ventas de productos agrícolas y del 22,1 % en las ventas de cárnicos, en comparación con el primer semestre de 2018.

“Esa mayor oferta nacional en los mercados agropecuarios se ha unido al aumento de las importaciones de alimentos para configurar un componente de oferta incrementada, que es usualmente efectiva para contener posibles tendencias inflacionarias” asociadas a los posteriores incrementos de salarios y de pensiones.

Sin embargo, más allá del aumento de las ventas y la comercialización en los mercados agropecuarios estatales, todavía son varios los caminos que debe recorrer un cubano para encontrar variedad y calidad en viandas, frutas y verduras.

LO BARATO SALE CARO EN LOS MERCADOS AGROPECUARIOS

Daniela González prefiere los mercados agropecuarios estatales por dos razones: siempre hay al menos un producto y los precios son más baratos.

Hacia esos puntos de venta se prioriza el abastecimiento, según consta en las estadísticas publicadas por la ONEI.

Francisco Mendoza, trabajador de un mercado estatal en la avenida Palatino, en el municipio Cerro, asegura que no tienen problemas con el surtido de la Empresa de Mercados Agropecuarios de La Habana.

“Ahora entra, mayormente, boniato, plátano fruta y yuca. Todo barato y los precios no se aumentan, tienen que ser los que vienen en el listado”. (Cada mercado estatal tiene un listado de precios según la categoría del producto y meses de venta).

Por una cuestión meramente económica Graciela Díaz también prefiere los estatales, aunque asegura que en esos sitios las cosas suelen tener menos calidad.

“Yo me crié en el campo y sé cuándo un producto está ‘movido’”, dice Graciela. “De mirarlo sé si se puede comprar. “A veces no les dan el tiempo necesario a los alimentos y traen plátanos tiernos, calabazas malísimas, malangas que no se ablandan”.

Mientras evalúa varios aguacates entre verdes y negruzcos por la pudrición y unas manos de plátano burro sobre dos bandejas metálicas, Niurka Rodríguez dice que “en los mercados estatales puedes encontrarte cosas a bajos precios, pero casi nunca de buena calidad”.

Las personas en ocasiones recurren a los carretilleros —persona que vende productos agropecuarios por las calles de Cuba— para comprar viandas, fruta y hortalizas, aun cuando sus precios sean elevados. Foto: Miguel Suárez

Las personas en ocasiones recurren a los carretilleros —persona que vende productos agropecuarios por las calles de Cuba— para comprar viandas, fruta y hortalizas, aun cuando sus precios sean elevados. Foto: Miguel Suárez

PRIVADOS ¿LA COMPETENCIA?

Aunque son los mercados agropecuarios estatales los que mayores niveles de ventas reportan, no significa que la producción agropecuaria en las empresas estatales sea la que predomine.

Pedro Monreal remarcó que los productores privados aportan el 75,9 % de las viandas; 75,3 % de las hortalizas; 53,7 % del arroz; 82,7 % del maíz; 77,9 % del frijol; 83,8 % de las frutas; el 34 % de la carne porcina y el 29 % de la carne bovina.

Algunos de estos privados venden sus producciones en mercados de oferta y demanda, puntos de venta o a los carretilleros —vendedor ambulante de productos agrícolas. Si bien hay más variedad, la calidad también es relativa y los precios más altos, a pesar de estar topados.

Según Daniela, quien hiciera tiempo atrás un “milagro” con 100 pesos en un mercado del Estado, con ese mismo dinero, en este otro tipo de puesto de ventas, sale “con tres jabitas medio vacías”.

No obstante, en algunos lugares, sobre todo municipios periféricos, son los productores privados los que “salvan a la familia”.

“Aquí los domingos vienen unos camiones de Cabaiguán que traen yuca, guayaba, ají, plátano macho”, afirma Margarita Torres en Santo Domingo, Villa Clara.

Cuenta Margarita que también traen productos hechos en alguna minindustria: mojito para aliño, extracto de limón, vino seco, puré de tomate, vitanova.

“Los venden por pomos y hay a varios precios. Son una buena oferta”, dice. “Yo suelo comprar de todo menos el puré de tomate, que hace un tiempo parecía ligado con zanahoria o calabaza y me pintaba los espaguetis de naranja. No obstante, si no fuera por esos camiones, aquí no tendríamos muchas posibilidades de conseguir alimentos”.

Los productores privados también venden a intermediarios con puntos de venta particulares.

Yaíma Cruz, vendedora privada en el municipio habanero Guanabacoa, declara que sus productos son de campesinos de otras provincias que llegan con camiones cargados de mercancía.

“Los precios en mi puesto dependen de cómo me vendan las cosas a mí. No siempre vendo en lo máximo permitido, pero si los productores me traen la malanga a 500 pesos el quintal, por ejemplo, tengo que comprarla y venderla un poco más cara”, explica.

¿DÓNDE PONEMOS LA COMIDA?

En el mercado agropecuario estatal (MAE) El Perejil la oferta permanente es el plátano burro y alguna que otra vianda que gestionen sus propios trabajadores.

“Llevo tres meses trabajando aquí, pero varios años en estos trajines vinculados a la venta de productos agropecuarios”, dice el dependiente Lorenzo Martínez. “Tenemos problemas con el abastecimiento. Yo mismo voy a veces a Acopio —empresa estatal encargada de abastecer los puntos de venta de la agricultura— a buscar mercancía porque si no vendo se afecta mi salario”.

Lorenzo entiende que no haya combustible para llevar “un buchito” a cada placita, “pero estos puntos de venta son más funcionales para las personas”. “Aquí priorizan los grandes mercados, pero mucha mercancía acumulada en un solo lugar tiene más posibilidades de merma y, por tanto, de pérdidas”, explica.

Yoandris Medero, administrador de un puesto de la cooperativa Antero Regalado en el Vedado, piensa diferente. Para él que el transporte haga varios recorridos por un poco de viandas que muchas veces merman, ocasiona más pérdidas que ganancias.

“La agricultura está mala”, opina. “Como no hay petróleo en el país, casi no se está cosechando. A nosotros nos llega el abastecimiento de Güira de Melena dos veces por semana, pero, hoy mismo vino el camión y nada más trajo un poco de boniato y yuca”.

Otro puesto de la misma cooperativa, narra una realidad diferente.

Yordani Castro, vendedor en la calle Tulipán, de Nuevo Vedado, asegura no tener problemas en su entidad. Según él, el abastecimiento por parte de la cooperativa es bueno: “traen yuca, boniato, cebollino, berenjena, habichuela y plátano macho”. Afirma que como la oferta es estable, siempre vende por debajo de los precios topados: “la yuca a peso, el plátano vianda a 2.10”, ejemplifica.

Mientras a unos les conviene que se lleve todo a los grandes mercados agropecuarios, y a otros que se prioricen los puntos de venta y placitas, Graciela Díaz se queja porque con 72 años debe caminar cada domingo 2 kilómetros para comprar buenas ofertas de viandas, frutas y verduras.

“Voy a las ferias agropecuarias de los fines de semana en el mercado Los Pilongos”, cuenta la señora residente en Santa Clara.

“Hay un carretillero por la casa que le dicen ‘boutiqueʼ por los altos precios de los productos que tiene”, cuenta. “Tiene una amplia variedad de ofertas, pero no respeta el tope de precios. La gente le compra siempre porque no hay nada más. Ojalá yo pudiera comprar en la placita —como se conoce en algunas provincias de Cuba a los puestos que venden viandas— frente a mi casa”.

Plaza de los guajiros, Cienfuegos. Foto: Miguel Suárez

Plaza de los guajiros, Cienfuegos. Foto: Miguel Suárez

¿DÓNDE COMPRO FRUTAS Y VEGETALES?

El “producto líder” del Mercado Mercasa de Las Tunas es el pepino, según cuenta Argel Frank Fundora Acosta, el administrador. “Tratamos de tener ese vegetal u otro en oferta, porque antes la gente no comía tanta ensalada de vegetales y ahora siempre la buscan”.

El perfil de Cuba hecho por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), confirma que los cubanos han aumentado el consumo de frutas y hortalizas en su dieta diaria.

“Tradicionalmente la alimentación cubana incluye arroz, frijoles, carne de pollo o cerdo, plátano, yuca, azúcar y café. En los últimos años se observa una tendencia hacia el aumento de frutas y hortalizas, así como también de grasas y azúcar”, dice el informe.

Según datos de una Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos, aplicada en 2015 por el Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos, el consumo adecuado de frutas y vegetales fue reportado solo por el 16 y 17 % de los encuestados. Mientras, un reporte de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), también del 2015, recoge que “la provisión, suministro y existencia de frutas y verduras es solo del 8, 4 %” en Cuba.

Para Marta Gómez el tema de las ensaladas es el más crítico. “A veces te las encuentras, pero no en buenas condiciones y muy caras”.

Ejemplifica que ha encontrado la col toda picada, llena de huecos y muy pequeña a 15 pesos la libra; el pepino malo y medio maduro; la remolacha y la zanahoria chiquiticas a 15 pesos el mazo; el aguacate entre 5 y 10 pesos cada uno.

Daniela González asegura que la ensalada es parte de casi todas las comidas y se acaba muy rápido. “Tienes que comprar una hortaliza y ya. Ni pensar en una ensalada mixta”.

Las frutas también pueden convertirse en un dolor de cabeza, sobre todo para incluirlas permanentemente en el consumo familiar.

Andro Vázquez se contenta con unos vasitos de cóctel de frutas a 5 CUP que venden en una cafetería cerca de su casa. “Hace unos días un carretillero me cobró 20 pesos solo por cuatro naranjas agrias para cocinar”.

Dunia Tamayo se lamenta de vivir tan lejos del mercado del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), en Tulipán y Boyeros, en La Habana. “Ese normalmente está bastante surtido y es posible encontrar también naranja y melón”, cuenta. “Pero yo soy de Guanabacoa y tengo que conformarme con plátano fruta y frutabomba que es lo único que hay por mi casa”.

Foto: Pedro Sosa Tabío.

Foto: Pedro Sosa Tabío.

VAMOS A COCINAR NÚMEROS

Aun cuando la demanda está muy por encima de la oferta, algunos entrevistados reconocen que la situación con los alimentos estuvo más tensa unos años atrás y ahora se nota una lenta recuperación.

Pedro Monreal concluyó en su análisis que la recuperación en 2019 es una buena noticia, “especialmente después de que el agro cubano tuviera un primer trimestre muy malo en 2018, cuando la producción de viandas y hortalizas fue la menor para un período similar en los últimos cinco años”.

Un informe del Programa Mundial de Alimentos caracteriza la actual situación cubana como compleja debido a las crisis financieras y económicas recurrentes, las frecuentes amenazas naturales y el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos.

“Entre las dificultades que enfrenta la implantación de un nuevo modelo agropecuario está la falta de fuerza de trabajo en el sector agropecuario, así como la baja rentabilidad de muchas de sus empresas”, dice el documento.

“Aunque el crédito a los agricultores está aumentando, sigue siendo insuficiente para cubrir el capital necesario: inversiones. La disponibilidad de equipos en los mercados locales también es limitada, y los agricultores carecen de los medios y la experiencia para adquirir y utilizar la tecnología adecuada”, continúa el informe.

Por su parte, el economista Pedro Monreal explica que —excluyendo las producciones que por diferentes motivos no llegan al consumo—, “la mayor parte de la producción agropecuaria nacional no se comercializa en los mercados agropecuarios sino mediante otros canales de distribución, incluyendo la canasta básica normada y subsidiada (libreta) y el consumo social”.

Desde hace tiempo, la poca variedad de productos agrarios en la mayoría de los puntos de venta resulta un descontento general. Lo que antes fuera una demanda de los consumidores: limitar los precios máximos, ha resultado en unos topes aún muy altos para los compradores y en ocasiones muy bajos para los vendedores.

La actual crisis energética del país, además, afecta la cadena productiva y de comercialización de los productos. Si lo juntamos todo, tenemos al sector agropecuario como un ingente, y al parecer duradero, punto de tensión.

 

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