Parecía imposible en Cuba, pero se hizo. Nacida desde los protectores, es decir, desde abajo, la iniciativa logró conquistar el insólito autorizo del gobierno del municipio habanero Plaza de la Revolución. De ahí a las redes sociales. Y de las redes a las calles nuevamente, en una auténtica ola de reclamo que llegó a involucrar a cientos de participantes, incluidas personalidades como el cantautor Silvio Rodríguez.

Bajo el lema “Cuba contra el maltrato animal”, la marcha del 7 de abril último, visibilizó mediáticamente los esfuerzos de un sector cada vez más pujante dentro de la sociedad civil de la Isla por lograr que la protección y el bienestar de estas criaturas quede registrada en una Ley. Eso, exigir una ley, en un contexto en el cual las leyes y los decretos leyes (la forma más frecuente de regular), bajan desde las alturas.

“Fauna”. A este amplio e impreciso término estuvo reducido el concepto y la presencia de los animales en la Constitución socialista que rigió los destinos de Cuba desde 1976 hasta febrero de 2019. “Fauna”, otra vez, fue el vocablo al que se constriñó el asunto en la carta magna que aprobó la Isla para imperar a partir de este año. Mientras, el maltrato animal impune se acrecienta, las personas se movilizan y comienzan a articularse en su contra y no aparece con definición en el horizonte alguna normativa legal que ampare la lucha.

PROYECTOS, FRACASOS Y NEBULOSA 

Naciones como Reino Unido, Italia, Chile, Colombia, Guatemala, Nicaragua, Turquía, Canadá y Estados Unidos, entre otros, cuentan con legislaciones al respecto. Algunos como España y México implementan normativas a nivel de estados o provincias, refiere la periodista Laíz Concepción Romero en su texto “Un artículo, una ley, muchas voces”, publicado en la Revista cubana sobre animales El Arca (No. 21, Oct/2018).

En Cuba, desde la década de 1980 se vienen presentando propuestas e iniciativas para la elaboración de un marco jurídico en este particular, pero han chocado con el muro de silencio y negativas que suelen frustrar dichos impulsos en nuestros predios.

Entrevistada por la periodista Mónica Baró para Periodismo de Barrio (PB), Nora García Pérez, presidenta de la Asociación Cubana de Protección a Animales y Plantas (Aniplant) narró los intentos fallidos de su entidad por lograr la ley de marras. Primero un anteproyecto entregado a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) en 1988, que incluía 15 000 firmas. Les dijeron “que el país no estaba preparado”. Luego, otra recogida de firmas, y otra, y otra, hasta sumar tres intentos más derivados del inicial, en las décadas de 1990 y los 2000. Tres veces presentada la demanda al Departamento Independiente de Asociaciones del Ministerio de Agricultura —escalón intermediario hacia la ANPP— y nada.

Aniplant, confesó Nora, nunca ha parado de recoger firmas, incluso con los requerimientos técnicos de una planilla con marca de agua, foliada y el carné de identidad de los participantes. Pero a la altura de octubre de 2018, cuando en el país se debatía popularmente el anteproyecto de Ley de Leyes, las esperanzas de Nora García (y las de muchos) estaban centradas en ese magno documento: “Yo tengo una confianza extraordinaria en que vamos a lograr si no la ley al menos que nuestra Constitución diga: los derechos de los animales hay que respetarlos”, comentó la veterana protectora a PB.

Pasó la consulta, las sesiones de debate de la ANPP, el referendo y, otra vez, nada. El doctor Ángel de Uriarte, Presidente de Honor de la Asociación Cubana de Aficionados a los Gatos (ACAG) —según refiere el escritor José Antonio Michelena en un texto publicado por la agencia IPS— expresó al respecto:

“Sabíamos que miles de cubanos en muchísimas asambleas habían hecho proposiciones muy bien argumentadas para que fuese incluido algún artículo que reflejase el sentir de la mayoría […]. ¿Cuál es el motivo por el que nuestra Asamblea Nacional ha sido tan reacia, a través del tiempo, en oír la voluntad del pueblo? […] ¿Con qué criterio la comisión encargada del análisis de las propuestas excluyó su inclusión…?”

Entrevistada en el programa “En buen cubano”, de Cubavisión Internacional, la Dra. María Gloria Vidal, especialista de Salud Animal del Ministerio de la Agricultura (MINAG), declaró: “Hemos estado trabajando por años en un proyecto de ley, no de protección animal, sino de bienestar animal”, y seguidamente explicó las diferencias entre ambos conceptos. Sus palabras fueron replicadas en otros sitios como la revista digital Cubahora y el periódico provincial de Villa Clara, Vanguardia. Pero poco aclaraban de la nebulosa:

¿Desde cuándo se ha “estado trabajando”? ¿Quiénes, en específico? ¿Se ha consultado a las organizaciones, no solo a Aniplant que es la única legalmente reconocida, sino a todas las que han ido conformándose en el país por voluntad y sentimiento popular? ¿Cuándo se someterá al criterio público? ¿Qué entidades o procesos tienen detenido o ralentizado dicho proyecto?

Ni la Ley 81, del Medio ambiente (1997), ni en el Decreto Ley 200, de las contravenciones en materia de Medio Ambiente (1999), ni en el Decreto Ley 137, de la Medicina veterinaria (1993) están redactados en función de salvaguardar los derechos de los animales aun cumpliendo las funciones que el hombre les ha asignado durante siglos de evolución.

En la última de estas normativas, lo más cercano a ese objetivo serían dos artículos que, en todo caso, precisan muy poco:

ARTÍCULO 23: Todo poseedor de un animal estará obligado a cumplir las disposiciones sanitario-veterinarias que se establezcan. Asimismo, el que se dedique a la crianza de animales estará obligado a informar la situación zoosanitaria de las áreas a su cargo y del cumplimiento de las normas de crianza, utilización y alimentación adecuada de los animales, de acuerdo con sus categorías y propósitos.

ARTÍCULO 24: En la explotación de animales se deberán cumplir las disposiciones sanitario-veterinarias en cuanto a su reproducción, crianza y sacrificios.

Preceptos del Bienestar Animal reconocidos en el mundo como: “Estar libres de hambre y sed: tener acceso a agua potable y una dieta que garantice salud plena y energía” y “No sufrir incomodidad: contar con un entorno adecuado para el cobijo y el descanso”, parecen en la Isla, al menos desde lo institucionalizado, una soberana quimera.

MUCHOS PROBLEMAS EN EL PROBLEMA              

Son muchos los focos de atención al interior de la causa animalista cubana. Uno de ellos, la superpoblación de perros y gatos callejeros que inunda ciudades y crea en ellas colonias, en condiciones de vida a veces muy deplorables. De manera más alarmante sucede en La Habana.

Ante esta realidad una de las posibles soluciones son las campañas de esterilización, que suelen estar acompañadas o precedidas siempre de vacunaciones y desparasitaciones. El Director del Instituto Provincial de Veterinaria, Manuel Nicot, afirmaba al reportero Hitchman Powell Escalona, de El Arca (No.22, Nov/2018), que la provincia no tiene una red de instituciones que asuma estas acciones, pues solamente existe “una clínica y 29 consultorios que atiendan animales, de los cuales en solo dos (Picota y Carlos III) se ofrecen servicios de cirugía y urgencia”.

Sin embargo, el propio directivo, al ser interrogado acerca de las campañas o acciones en este sentido de grupos o personas independientes, enfatizó que constituían procederes ilegales, pues los veterinarios lucran por cada intervención quirúrgica (alrededor de 5 pesos cubanos convertibles, CUC) y el mayor volumen de los medicamentos que emplean se obtiene “desviado de centros hospitalarios pertenecientes al Ministerio de Salud Pública, lo cual es y debe ser sancionable”.

Foto: Publicada originalmente en El Arca

Foto: Publicada originalmente en El Arca

Quienes han tendido una mascota enferma y la imperiosa necesidad de encontrar fármacos por lo general no hallan una vía pública, legal y segura de acceder a ellos. Viene entonces el comercio ilegal y los precios de varios CUC (cada uno equivalente a 25 pesos cubanos), para adquirir un antibiótico o un antiparasitario, por solo citar dos ejemplos.

Capítulo aparte merece el ejercicio de la Medicina Veterinaria en el país, desde la formación de los técnicos y especialistas hasta las condiciones cotidianas en que desarrollan su oficio, y por las cuales, muchas veces, lo abandonan. En una serie de reportajes de Karlienys C. Padilla al respecto (El Arca, No.23, Dic/2018 y No.26, Mar/2019), se evidenciaba que los “galenos” del reino animal en Cuba, parten de un aprendizaje teórico muy sólido, pero casi no tienen prácticas pre-profesionales durante la carrera, lo cual los hace llegar a su campo de trabajo con serias lagunas.

El médico veterinario Gerardo Fernández, con 40 años en la profesión y al frente hoy de la Delegación municipal de la Agricultura en Pinar del Río comentó a la reportera: “Es interés del Estado, por la importancia económica que representa, preparar al veterinario en las razas productivas, y en ello se centró la carrera desde sus orígenes. A las unidades […] avícolas, equinas, bobinas… es donde se suele ir a practicar y, una vez graduado, donde te ubican a trabajar. En los últimos años ha habido, desde las universidades, mayor vinculación a las clínicas, […] pero aún es insuficiente”.

Y una vez que los pocos ubicados en ellas, llegan a las clínicas, los recursos con que trabajan resultan bastante precarios; la tecnología, obsoleta y la remuneración económica (aun considerando el próximo aumento salarial), por debajo de las necesidades cotidianas de una familia cualquiera de la Isla. ¿Resultado? Como en otras profesiones y oficios: desánimo, decepción, ejercicio profesional “por la izquierda”, es decir, ilegal y, en algunos casos, emigración del campo profesional y/o del país.

LAS TRADICIONES Y ANGUSTIAS DIARIAS TAMPOCO AYUDAN

Bajo el simple y contundente título de “Apuestas”, la periodista Katia Siberia, del periódico Invasor, de Ciego de Ávila, describía en una crónica de marzo de este año el sórdido —y tristemente habitual— ambiente de una valla de gallos:

“Nunca había visto a un gallo sin ojos, ni siquiera de lejos. Y a ese se los habían acabado de sacar, no sé si con el pico o con las espuelas porque el aleteo me impedía ver las pocas veces que me convencía de mirar.  Si lo supe fue por la insistencia con que el blanco le picoteaba la cabeza, mientras el cenizo tiraba espuelazos a ningún lugar, y por la sangre que le chorreaba hasta dejar un poco rosado al otro y mojar la arenilla de la valla, también.// Pero casi llego a dudarlo cuando el hombre gritó ¡50 mil a que el ciego gana, 50 mil a que el ciego…!  y el del frente dijo, voy, e hicieron un gesto guapetón casando sus apuestas…”, narró Siberia.

Junto a las de estos plumíferos, las lidias de perros o las de los diminutos peces peleadores están arraigadas en las tradiciones populares del país con una fuerza considerable. Asimismo las prácticas religiosas que incluyen sacrificios de animales, los cuales, muchas veces, son maltratados antes de su hora final.

A juicio del periodista y profesor universitario José Manuel González-Rubines, en un artículo entregado a la revista Palabra Nueva, en la capital cubana “pululan por doquier restos de animales que la infestan con su putrefacción”. “¿Quién no ha visto el cadáver de un gallo o las patas de un chivo en un cruce de calles o a los pies de un árbol?”, se preguntaba el articulista.

Por si lo dicho fuera poco, las tensiones económicas del día a día en la Antilla Mayor, la zozobra de no saber si se encontrará comida suficiente y variada, transporte oportuno o soluciones de vivienda para las familias humanas, provoca que muchas personas desdeñen la causa del bienestar animal y no contribuyan en nada a su impulso hacia el reconocimiento gubernamental.

SALDOS DE BATALLA

Para el biólogo, ecologista y activista social Isbel Díaz Torres, la demanda en pro del bienestar y protección animal tiene una arista sumamente valiosa, y es la vinculada al ejercicio pleno de la ciudadanía en Cuba: “Ha sido un movimiento verdaderamente autónomo, verdaderamente desde abajo, desde las personas involucradas y dolientes de los asuntos, que han decidido autoconvocarse, autoorganizarse, buscar los recursos materiales que necesitan por sus medios; y todo ello ha constituido una lección cívica”.

La demanda al Estado y, paralelamente, el resolver por la propia cuenta lo que pueda ir resolviendo, ejemplo de lo cual son las campañas de esterilización, desparasitación, las gestiones de albergues de tránsito y adopciones para cientos de gatos y perros callejeros, muchas veces emprendidas por personas de escasísimos recursos materiales, pero con una bondad y decisión enormes constituyen algunos de los saldos positivos de las batallas animalistas, considera el también líder del proyecto ambientalista Guardabosques.

Isbel Díaz Torres. Foto: Jesús Arencibia

Isbel Díaz Torres. Foto: Jesús Arencibia

En cuanto a tan esperada y demandada ley razona: “En este, como en muchos otros procesos de la vida nacional, prima la falta de transparencia. Uno anda a ciegas: no sabemos por dónde van los proyectos presentados, no sabemos si reclamando tanto se está logrando impulsar la normativa o por el contrario, creándose más barreras en ciertas mentalidades decisoras, de tal forma que se estanca el proceso. Pero sí sabemos que hay que seguir batallando”.

Para corroborar lo acertado de sus reflexiones basta indicar que la temática, contra todos los obstáculos, se mueve en diversos ambientes y sectores de la sociedad cubana, incluido el académico. En la Universidad Central “Marta Abreu”, de Las Villas, se defendió el Trabajo de Diploma titulado: El maltrato animal. Una norma pendiente del Derecho Penal cubano, de Lázara Ivonne Dueñas González, según apuntó el semanario Vanguardia.

Durante la novena Conferencia Científica Provincial de la Unión Nacional de Juristas de Cuba en La Habana, la Máster en Ciencias Guadalupe de la Caridad Díaz Martínez, “consideró urgente” “la promulgación de una Ley de Sanidad y Protección Animal en Cuba”, luego de analizar comparativamente legislaciones de América Latina, informó Guardabosques.

Y aunque Aniplant es la única organización de su tipo legal en el país a tenor de la Ley de asociaciones, grupos como Cubanos en Defensa de los Animales (CEDA), Protección de animales de la ciudad (PAC), en La Habana, junto a otros en diversas provincias como Ayuda y Protección Animal (APA) y Esmeralda Grupo de Ayuda y Protección Animal (GAPA), en Ciego de Ávila, se mantienen accionando y subiendo el listón de sensibilidad hacia la causa.

Curiosamente, el 12 de abril último, cinco días después de la histórica marcha, el periódico Tribuna de La Habana, órgano del Partido Comunista de Cuba en la capital de la Isla, publicaba una entrevista de la periodista y Jefa de Información Chelsea del Sol con Sucel Jurado, responsable general de PAC:

“Según las estadísticas de PAC, en 2018 lograron rescatar 949 animales callejeros, de los cuales 539 pudieron encontrar un nuevo hogar; además, efectuaron campañas donde fueron desparasitadas 1411 mascotas, esterilizadas 321 y vacunadas contra la rabia 222, todo de forma gratuita”.

Las negativas gubernamentales-estatales-partidistas al estilo de la impuesta al joven estudiante de Derecho de Villa Clara Javier Larrea —quien dirige en el ámbito universitario BIENAC (Bienestar Animal en Cuba)— van perdiendo su poder de retranca. Larrea solicitó formalmente permiso para una caminata contra el maltrato animal y, luego de un arduo peloteo, le fue negado por el Gobierno de Santa Clara, bajo el argumento de que no era “de interés para el territorio” —según reportó adncuba.com—. Su pujanza le ha costado incluso, entre otras angustias, un consejo disciplinario en la universidad por motivos poco precisos, denunció Havana Times.

Pero él y otros tantos, vestidos de ciudadanía, emplean cada vez más la mejor arma contra el absurdo: la defensa honrada de los derechos. También por y para los animales.

 

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