“A la vez que encaras un personaje, te vistes, lo caracterizas, dejas de ser tú”. Es lo que cree Yanelkys Fleites, esta muchacha flaca que ya no es Yanelkys cuando se convierte en una estatua viviente por las calles de la ciudad de Cienfuegos.

“A veces me cuesta un poquito hacer mi papel porque intento imaginar cómo serían las personas que represento y empiezo a incorporar el caminado despacio, procuro conducirme con dulzura; pienso que las mujeres de otras épocas no andaban siempre corriendo como nosotras lo hacemos ahora”, me cuenta momentos antes de su “actuación”.

Tiene 29 años y se graduó en 2005 de Instructora de Arte. Tras pasar poco más de ocho años de servicio social en diferentes escuelas primarias y secundarias, decidió emplearse solo en la Compañía de Teatro de Calle “El carro de Thespis”. Como desde la Oficina del Conservador de la Ciudad pedían recreaciones de la fundación de la colonia francesa en esta urbe, sus amigos y ella crearon las escultura vivientes con caracterización histórica real.

“Al principio eramos blancas, pues Cienfuegos se caracterizaba por el mármol. Mi personaje principal fue Luisa Martínez Casado, con más exactitud me vestí de Juana La Loca, Reina de España, un personaje que a ella la llevó al estrellato y ganó reconocimiento sobre todo en Latinoamérica. Y este que llevo corresponde a una colona francesa, quizá la esposa de un coronel”, dice mientras sonríe y se mira el traje.

Andar bajo el duro sol del trópico y lidiar con las groserías de los incrédulos, no facilita el trabajo de esta actriz. El director de la compañía orienta no moverse, ni responder a provocaciones, pero ella tiene la sangre caliente y confiesa que no consigue controlarse si alguien se atreve a tocarla o golpearla.

“A veces las personas nos preguntan con disgusto hacia dónde va el dinero y lo que no saben es que con eso es con lo que compramos la tela, el maquillaje y la pintura para tener el traje listo. Somos un grupo que obtiene el dinero de acuerdo con la cantidad de contratos; y si no tienes ninguno, no ganas”.

Al fin y al cabo no parece irles tan mal a estos artistas. Ya suman diez años en las calles y ella es casi fundadora.

Para representar una nueva figura, buscan fotos o datos de la época en archivos de la Biblioteca Provincial. Un diseñador los ayuda con el vestuario y las pinturas. “Usamos una pintura corporal que no la venden en Cuba, le damos el dinero a un amigo que viaje y nos la trae. Hemos utilizado la atenea y ahora llevamos la snazaroo en color plata, oro y bronce con una base de polvo negro.”

En cada jornada pasa ocho horas de trabajo en las calles y el cuerpo se las siente. Antes de salir hace ejercicios de calentamiento y columna para estirar todas las partes y evitar que los músculos se encalambren en medio de la exhibición. Ciertas poses llegan a doler por eso necesita relajar y cambiar con cuidado de posición, así los transeúntes perciben menos sus movimientos.

“Algunas personas son atrevidas, me han mirado bien y luego cuando ando por la calle vestida comúnmente, me llaman: ¡escultura, escultura, escultura…! Yo trato de no mirar, no me gusta que noten quien soy, casi siempre me reconocen por los ojos, pero por ética prefiero interactuar con el público sin que conozcan a Yanelkys.