Todos vinieron animados por el deseo de ser periodistas, aunque a las alturas de la adolescencia ese deseo tiene que ver más con “ser famosos” que con el periodismo en sí. Todos llegaron para aprender las técnicas del audiovisual, que, traducido a su lenguaje significa, grabar con la cámaras, salir en cámara, jugar con la cámara, encenderla, apagarla, sostenerla.

Eran casi cincuenta niños. Todos traían en la parte izquierda una pegatina con su nombre y su edad y las edades iban desde los ocho hasta los quince años.Dentro del grupo está Zalma, callada, madura, su abuela la mira de lejos, a ella y a su prima Suset. Vinieron a formarse en los talleres de producción que reliza el proyecto Escarmujo dentro del Concurso y Evento Teórico de Periodismo Audiovisual, Ania Pino in Memoriam.

Todos miran cuando pasan los periodistas/capacitadores, están ansiosos, quieren filmar(se).

“Vamos a hacer subgrupos”, dicen los coordinadores, “todos no pueden tener las cámaras a la vez”. Y mientras todo esto pasa, Zalma está tranquila. Hoy llegó tarde, porque se quedó dormida y perdió el transporte. Ella viaja todos los días, desde la cercana provincia de Mayabeque, para participar en estos encuentros.

Foto: Yery M. García. Zalma

“¿Todavía quieres ser periodista?”, le pregunto, “claro, cuando concluya el preuniversitario voy a hacer las pruebas de aptitud y seré una gran reportera como mi mamá”.

Aunque quiere seguir sus pasos, Zalma no conoce a su madre porque falleció hace diez años. Es la hija de Ania Pino, la periodista a quien se le dedica el evento para jóvenes periodistas (copatrocinado por ElToque), que murió en un accidente de tránsito en pleno auge de su carrera.

“A ella le dedican este evento porque era muy buena en lo que hacía”, dice Zalma como repitiendo algo que ha escuchado muchas veces.“ El reportaje que más me gusta de ella es uno donde aparece montada sobre un camello”, evoca la niña, empapada por la memoria gráfica de las experiencias como corresponsal en África de su madre.

Foto: Yery M. García. Participando en las clases

Avanza el taller y ya los adolescentes han diseñado los audiovisuales que quieren hacer, se les ha enseñado a contar una historia y ellos han identificado sus historias propias, las de su barrio, su familia. Ellos deciden qué contar y cómo.

Un equipo quiere hacer un noticiero, otro quiere un corto sobre la violencia, los varones prefieren realizar un video de fútbol, y otro grupo incluso quiere hablar sobre el renacimiento italiano y sus principales figuras. Todos van a por las cámaras, algunos se filman primero y se reproducen, porque quieren verse en el cristal. Ellos también son postmodernos, les urge dejar una imagen de su paso en cualquier lugar donde estén.

“Estos talleres me han servido de mucho”, dice Zalma. “Por ejemplo, antes yo veía cualquier cosa en la televisión, pero ahora selecciono mejor lo que veo y me doy cuenta cuando las cosas no están bien hechas. Cuando miro el noticiero, yo pienso, esto quedaría mejor si el periodista hubiera entrevistado a estas personas o si los locutores comentaran más las noticias. Antes yo ni siquiera veía el noticiero”, comenta riendo.

Foto: Yery M. García

“Después de que concluyó la primera edición, realicé varios trabajos para la televisión local de mi pueblo, sobre la escuela y mis amigos. Pero cuando me gradúe vendré a trabajar en La Habana”, asegura esta pequeña que parece tenerlo todo muy claro a sus 12 años. “También creo que desde que manejo el video soy menos tímida, me relaciono mejor con las personas y he mejorado mi vocabulario”, agrega.

“Cuando yo hago algún trabajo para el telecentro, siempre le pregunto a la guionista, ¿cómo debo dar mi crédito, debo decir, para Telemayabeque Zalma Pino o Zalma González Pino? Ella siempre me dice que diga mi nombre completo para que mi papá no se ponga bravo y porque en realidad esa soy yo, Zalma González Pino”.

Foto: Yery M. García

Ahora le llega el turno en el taller. Toma el micrófono como si fuera una extención de su brazo. Mira a la luz que roja que parpadea y se hace dueña de la escena. Escribe el lead de su primera noticia, lo anuncia y sonríe al concluir. Cuando los jóvenes, muy jóvenes, tienen el poder de la palabra, resultan cosas impresionantes.