Los políticos cubanos actuales hablan poco. No sabemos qué piensan sobre el conflicto en Siria, ni sobre la crisis de Nicaragua, ni sobre el conflicto histórico entre Israel y Palestina. Tampoco sabemos si quieren mantener la libreta de abastecimientos en nuestro país o si prefieren la inversión extranjera a la nacional.

La política en Cuba no incluye la demostración de los ideales sino su ocultamiento u opacidad, es decir, de lo que se trata es de mantener en secreto o bajo duda permanente la propia ideología, así no puede ser cuestionada.

Por tanto, debemos pensar que todos los miembros en activo del gobierno siguen la línea oficial de las relaciones exteriores cubanas y que no existe entre ellos disidencia ni conflicto.

No hay un solo funcionario público que hable como ciudadano o ciudadana porque todos aprenden a la perfección el arte de aparentar la unidad, que aquí se ha confundido con la unanimidad, de forma enfermiza y aberrante.

El Partido es único porque representa la unidad, lo que significa que en más ningún país de América Latina existe, ni es posible alcanzar unidad porque todos ellos viven en sistemas pluripartidistas.

La unidad debe ser representada porque para nosotros sí vale como principio político, más que ético, aquello de que la mujer del César no solo tiene que ser buena sino parecerlo: no basta con que haya unidad, debemos también ponerla en escena, para que nadie piense que discutimos ni que debatimos. En todo caso, debemos imaginar que en algún momento los diputados a la Asamblea Nacional expresan sus criterios, pero nunca debemos esperar que este momento se transmita por televisión y radio, porque se estropearía la unidad.

Yo propongo que la unidad no se limite solo a la militancia partidista. Que la unidad de la nación, de todos los cubanos y cubanas, sea considerada por el Estado en este archipiélago como un valor patriótico principal y se exprese en todas las manifestaciones posibles.

No creo que sea tan difícil entender que la unidad no se logra solo por tener un único partido político. El Estado y el gobierno deben pasar a otra fase de construcción de la unidad nacional.

La cultura desborda a la política y la verdadera unidad se logrará cuando podamos disfrutar en todos los ámbitos de la vida social con una unidad semejante a la que ya tenemos con el Partido único.

Por eso propongo conservar un solo género musical, un solo tipo de baile popular, un plato de nuestra estrecha culinaria, un solo tipo de literatura, un género cinematográfico todo el tiempo, una sola religión, una sola filosofía, una única imaginación, un solo tipo de fiesta o carnaval. Nos deberíamos quedar con un escritor o escritora, con una película o con un director, con un bolero nacional y un danzón patriótico, un poema lírico y otro épico, o uno solo de ellos, para hacerlo todavía mejor.

Esta sí sería unidad. Un único Partido no la garantiza todavía. Haría falta un solo tipo de trabajo por cuenta propia y una sola carrera universitaria.

Creo que podríamos ser más arriesgados y demostrar nuestra célebre valentía: debemos dar un paso más y quedarnos con un solo deporte y si escogemos la natación, entonces deberíamos seleccionar uno de sus estilos, para que todos nademos igual.

Haría falta un único relato de nuestra historia patria, un solo libro de historia, uno solo de botánica, y otro de geografía, o tal vez estoy exagerando la división, creo que podríamos quedarnos con un solo libro de cualquier género.

No tengo que decir que deberíamos conectarnos a un solo sitio de internet y que debemos escoger qué ron conservaremos, qué cerveza, qué tipo de pan, qué dulce casero y en qué única posición hacer el amor.

Puedo adelantar una propuesta más concreta. Lo haré con toda conciencia y trataré de salvar la belleza a toda costa. El único libro sería Versos Sencillos, la única película Memorias del Subdesarrollo, el único plato Quimbombó con yuca y la única filosofía Marxismo crítico.

Otros preferirían quedarse con el reguetón como música, con el casino como único baile, con el perro salchicha como única mascota posible, con la cerveza dispensada y el dulce de coco con queso.

Debemos recordar que toda indisciplina y desviación, después de regulada la unidad, será considerada ilegal y podría ser evaluada como traición.

Por suerte el pueblo no tendrá que ponerse de acuerdo con qué quedarnos de tantas cosas queridas y sabrosas, que solo sirven si son plurales y diversas, porque para esa selección decisiva y majestuosa tenemos al Partido, que pensará por nosotros, con su única y unida manera.