Cuba atraviesa por el proceso de cambios más importante desde hace más de medio siglo. Cuestiones semánticas que no son tales y medias tintas pueden ser espejismos, apuntemos entonces algunas ideas que sirvan de guía.

El proyecto social cubano ha puesto todos los huevos en una canasta: la actualización del modelo económico. No creo que haya un hijo de esta tierra que no tenga conciencia de que el triunfo o fracaso de la utopía en Cuba pasa, ahora mismo, por la economía del país. Hagamos entonces una revisión crítica sobre el complejo momento en que estamos, sin pretensiones de profundidad académica y evitemos aleccionar sobre un camino que como ya sabemos, nadie conoce a ciencia cierta cómo debe ser recorrido.

Podemos comenzar debatiendo la semántica del proceso. A éste se le ha llamado eufemísticamente “actualización” porque la palabra “reforma” resulta incómoda, implica reconocer realidades y provoca comparaciones difíciles de explicar. Por un momento hagamos como el ex presidente chino Deng Xioaping, y supongamos que el gato de la actualización cace ratones, hagamos entonces otra lectura: una actualización significa, según el diccionario, “volver actual” algo que existía previamente. ¿Qué estamos actualizando los cubanos? ¿Cuál ha sido nuestro modelo exitoso del pasado que estamos ahora atemperando a estos tiempos?

En lo personal no conozco cuál ha sido lo que nos ha funcionado tan bien en la economía del pasado que tengamos que actualizar ahora, en cambio toca construir un modelo económico totalmente nuevo, porque las experiencias del pasado medio siglo no han dado frutos notables en ese sentido. La situación no es desesperada en términos de experiencia. Los ejemplos asiáticos pueden servir para evitar errores y repetir triunfos, sin olvidar nunca las obvias diferencias culturales y de contexto.

Que se produzca un despegue económico en el país será muy difícil según las reglas del juego actuales. No es casual que muchos de nuestros defectos sistémicos sean similares a los sufridos en la Unión Soviética.

La influencia del oso ruso en nuestra cultura no es solamente el haber nacido como proyecto social mirando su experiencia como “exitosa”, sino que muchos de los actuales funcionarios y políticos se formaron allá, bajo parámetros muy estrechos, un hecho que rara vez se menciona.  ¿Cómo cobra importancia este hecho ideológico-político en el contexto de la actualización?

Hasta ahora se ha dejado muy claro que el proceso por el que estamos pasando es de cambiar aspectos en la economía, ni una palabra se ha dicho de actualización política. Cualquier conocedor de la realidad cubana sabe de la subordinación que tiene la economía respecto a la política y específicamente, las decisiones de los políticos sobre ésta. Nuestro pasado está plagado de ejemplos de especialistas recomendando o previniendo sobre determinadas acciones y éstas siendo aplicadas por la voluntad de un funcionario con capacidad de decisión.

No se dice nada de llevar el proceso de cambios hacia la esfera política, como si el trabajo en esas organizaciones no lo necesitara. Un reconocimiento honesto sobre la situación de nuestras dos organizaciones políticas en el país, revelará los problemas de funcionamiento e imagen que tiene la Unión de Jóvenes Comunistas. Mientras, el Partido Comunista aún con tendencias y defectos, se presenta más saludable en ese sentido. Creer que solucionar la economía aliviará de por sí nuestros desafíos en las instituciones políticas, es un mecanicismo peligroso.

Regresando a la actualización económica, en el plano de las inversiones la apuesta pasa por crear un clima que permita el capital extranjero, desestimando las pequeñas inversiones y limitando mucho la participación de los cubanos de la isla en la misma.

Estas medias tintas que no han sido resueltas en la actualidad, garantizan el control gubernamental de la economía pero continúan limitando las fuerzas productivas del país.

Mi mayor temor como cubano es que por jugar a lo seguro y siendo más conservadores que revolucionarios en términos económicos, la factibilidad de nuestro modelo social se ponga en entredicho y peligre, entonces, la construcción colectiva de una sociedad horizontal que garantice oportunidades a todos.

Si tenemos esto en cuenta vemos entonces que no se está hablando solo de un proceso de actualización, sino de salvar los logros sociales que tiene un país y pueden venirse abajo por la marea del descontento. Ésta sería legítima si nace de la insatisfacción ante la ineficacia gubernamental, lastimosa en extremo si es fabricada por la influencia de intereses foráneos dentro del país.

Tengamos entonces en cuenta que se trata de una “actualización”, de un modelo que en realidad queda por construir, en un contexto bastante peligroso y llegando algo tarde, a comenzar este proceso que hasta ahora solo se plantea el ámbito económico. Apunto entonces mis críticas con ánimo de contribuir a que se no cometan errores, porque éste es uno de esos casos en los que uno, cuando ya es demasiado tarde, no quiere tener que decir: te lo advertí.