“Desde que empecé a rodar, todo han sido dificultades”, le confesó el muy celebrado director francés Olivier Assayas a un periódico catalán el pasado 19 de junio, el mismo día en que su película La Red Avispa (Wasp Network) se estrenaba en Netflix.

Se quejó de haber tenido “un presupuesto muy reducido para completar una película tan ambiciosa” y contó además que los cuatro meses rodando en Cuba fueron extenuantes: “un país con grandes carencias a nivel logístico”.

La película se presentó en septiembre pasado en el Festival de Venecia donde no fue tan bien recibida por la crítica. Assayas debió hacerle “ciertos ajustes” porque, como reconoció, “la historia que en ella se cuenta es muy compleja y la primera versión resultaba algo confusa”.

Pero, seamos honestos, tampoco lo resolvió en la segunda edición. La película sigue siendo un puzzle demasiado complejo para quien no conozca la historia que narra y bastante ligera para quienes sí están familiarizados con la trama de los agentes de la inteligencia cubana que infiltraron grupos anticastristas de la Florida en la década de los 90s.

Es fácil estar de acuerdo con el criterio de David Ehrlich en IndieWire cuando describe el filme como “un thriller de espionaje sobrecargado que muerde más de lo que puede masticar y nunca logra encontrar su equilibrio”.

Aun así, la película se ha llevado halagos por su belleza visual y las convincentes actuaciones de un elenco multinacional de todos estrellas, a pesar de algunos crossovers enigmáticos entre el inglés y el “español cubano”.

La madrileña Penélope Cruz, que interpreta a Olga Salanueva, la esposa del agente cubano René González Sehwerert, se lleva la mayor parte de los aplausos y las lágrimas y sonrisas que pueda suscitar el filme.

Penélope Cruz contribuye, con su actuación, a la “desviación” del género de espionaje que Assayas encara en esta película al darle un peso poco usual a las familias de los espías, sus sacrificios y conflictos éticos. Pero no podía ser de otra forma para contar, aunque fuera a pellizcos, la historia de la Red Avispa.

La Cruz, multipremiada, fue una muy buena elección para esta película. Su carácter y profesionalismo la distinguen y fueron determinantes para adquirir la piel de Olga Salanueva, sin intentar ser ella.

Así lo reconoce en conversación con elTOQUE el director cubano de cine Pavel Giroud —Tres veces dos (2004); La edad de la peseta (2006), Playing Lecuona (2015); El acompañante (2015)—, quien trabajó como coach de Penélope Cruz durante la preparación de la película y, junto a ella, construyó un personaje que, con distancia, se ha vuelto de lo más inolvidable del filme.

¿Cómo llegó este proyecto a ti?

La productora que trabaja conmigo habitualmente, Lía Rodríguez, con quien trabajé en El acompañante, es una de las productoras ejecutivas de Red Avispa. Ella primero me contactó para pedirme que le propusiera dos o tres nombres de quiénes podrían ser coach para entrenar a actores que debían interpretar personajes cubanos en una película. A los pocos días me preguntó que si yo quería ser coach para Penélope Cruz y dije que sí inmediatamente. No sabía ni qué película era.

Nunca había hecho este trabajo. En mis películas sí tuve que pedir a veces a los actores que cambiaran un poco su forma de hablar. Por ejemplo, a Yotuel Romero en El acompañante le pusimos un coach para que aprendiera a bajar un tono de su voz y lograr una voz seca, más áspera que la suya. Él entrenó bastante y yo, durante todo el rodaje, le pedía que hiciera esa voz. En La edad de la peseta tuve personajes extranjeros que vivían en Cuba y también tuve que trabajar con la voz, la pronunciación.

Así que pensé que me gustaba mucho hacer ese trabajo. Además, Olivier Assayas es un director que yo conocía, y también sus películas. Pero sobre todo, dije sí por trabajar con Penélope.

Luego, cuando supe de qué iba la película titubeé un poco. Las versiones sobre la historia de Los cinco —como se le conocen en Cuba— han sido siempre muy polarizadas, de un lado y de otro. Cuando leí el guion fue muy revelador porque me pareció bastante imparcial. No sé si es fiel a la realidad, pero me resultó muy interesante, porque me reveló cosas que desconocía. Además, el personaje que Penélope encarnaría daba muchas posibilidades para trabajar.

Foto: Tomada de Internet.

Foto: Tomada de Internet.

¿Exactamente qué tuviste que hacer como coach? Entiendo que debiste enseñar a Penélope a hablar en “cubano”…

Cuando leí el guion lo primero que noté fue que estaba escrito, digamos, en un “español traducido”; no se sentía el cubano en los diálogos. Ese trabajo ya lo había hecho para Yuli de Icíar Bollaín (cuando vi la película, noté que no se habían asumido al 100 % mis ajustes). Además, Penélope tenía luz verde por parte del director para modificar las maneras sin que se afectase el contenido. Lo primero fue redactar bien los diálogos para llevarlo a un español “cubano”, que tampoco fuera tan hermético que nada más lo entendiéramos nosotros. Pero que sí que tuviera nuestra manera de hablar. Luego fue tratar de evitar el acento madrileño de Penélope, que es muy marcado. Pero desde nuestro primer encuentro, cuando vi que podía decir tres frases bien, yo supe que lo haría.

Penélope está representando a un personaje que existe, que está viva, a Olga Salanueva, esposa de René González Sehwerert. ¿No hubiera sido útil escuchar a Olga directamente?

No, ella quiso representar al personaje que estaba escrito, no al real. Y si te lo digo es porque ella ya lo ha hecho público. No quiso una referencia directa. Creo que vio algo de video del personaje real, pero apostó por el que estaba escrito, de la manera que ella lo veía.

¿Y a ti qué te parece esa elección?

Me parece muy bien. Porque está haciendo el personaje del creador, no el de la realidad. Me pareció muy interesante.

Ese es uno de los rasgos que diferencia una película de ficción de un documental…

Todos estos personajes pasan por el filtro del escritor, el director.

Foto: Tomada de Internet.

Foto: Tomada de Internet.

Si hubiera sido tu película, ¿qué hubieras hecho? ¿Habrías tomado la misma distancia de la realidad? 

Esta nunca hubiera sido mi película pero, en procesos similares, habría hecho algo parecido. Ahora mismo estoy trabajando en historias tanto para cine como para el género de serie, basadas en personajes reales y tengo que ir acomodando los personajes a las necesidades dramáticas. En la vida real todo el que está en una fiesta puede ser buena gente. En una obra dramática eso no puede ocurrir.

¿En este caso, crees que los creadores temieran que las personas vivas, protagonistas de la historia real que cuenta la película, hubieran podido influir en el resultado?

No lo puedo saber. Eso es algo que corresponde a la negociación estética entre el director y el actor. Como esa fue su decisión, lo que hicimos fue diseñar la manera de hablar del personaje.

Además de la modulación de la voz, las pronunciaciones, ¿tuviste que hacer con Penélope algún “entrenamiento” cultural, ayudarla a comprender nuestra cultura, nuestros modos?

Cultural, político, en todo sentido. Es el primer contacto que ella tenía con la realidad cubana. Me hacía muchas preguntas. Yo siempre le explicaba el origen de las frases que incorporábamos. Resulta que hay frases que nosotros vemos como muy cubanas pero que tienen su origen y se dicen en España. Y Penélope quería huir de cualquier referencia a España, lo que le pudiera sonar a España, quería sustituirlo. El nivel de exigencia y de dedicación al trabajo de Penélope es inmenso. Es una profesional con una capacidad de trabajo impresionante. Ella misma me facilitaba ser exigente al extremo. Tiene un oído admirable. Cuando repasas su carrera te das cuenta de que ha hecho muchos acentos: argentino, italiano, colombiano. Tiene mucha facilidad.

En unas declaraciones que hizo en Venecia al presentar la película, Penélope Cruz dijo que en Cuba “era muy difícil recibir información concreta de la gente, incluso cuando llevábamos ya meses y teníamos buena relación con ellos, era difícil que compartieran con nosotros cómo realmente se sentían”. Tú estuviste en Cuba durante el rodaje. ¿Cómo fue ese proceso de interacción con los cubanos?

Yo recuerdo que a veces estábamos en el set y en el equipo había personas de Camagüey, de Santiago, de Matanzas y todos hablábamos de manera distinta. Y ella se fijaba. Hay varios acentos. Yo le estaba enseñando a hablar como “habanera del campo con estudios”. Otra cosa interesante para mí de esta experiencia fue que nunca había estado tanto tiempo trabajando con un actor, ni en mis películas.

Foto: Tomada de Internet.

Foto: Tomada de Internet.

¿Penélope se convirtió en Olga?

En la Olga del director, sí. Absolutamente.

¿Es creíble?

Para mí, sí. ¿Que yo lo hubiera hecho de una manera diferente? Probablemente. Pero otro ejercicio interesante que tuve en este proceso fue el de ponerme a un lado; aunque tuve un momento que fue tremendo en el rodaje de La Habana. Estaba mirando y no me gustó algo y estuve a punto de gritar ¡corten! Me contuve. Me paré y me quité los audífonos. Se dieron cuenta los que estaban alrededor mío que eran parte del equipo cubano y me conocen. Pero sí, fue un ejercicio de humildad que no nos viene nada mal. Debí asumir rigurosamente mi papel de entrenador, nada más.

¿Te hubiera gustado a ti dirigir esa película?

No especialmente. Pero me alegra mucho haber participado. Yo prefiero las películas de pocos personajes, concentradas en los dramas de ellos. Esta película, por el contrario, es coral, de muchos personajes, que entra poco en los dramas. Se enfoca más en el suceso. A lo mejor si me la hubieran encargado la hubiera hecho, pero seguramente muy diferente.

 

 

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