De un lujoso auto descapotable se baja Huma, justo a la entrada del Centro Cultural Bariay, en la ciudad de Holguín. Con un vestido ceñido a un cuerpo escultural, y tacones muy altos, Huma Rojo camina como una reina. Por un año lo será. Desde este mes de septiembre de 2018 y hasta la próxima edición del concurso Miss Glamour, ella posee la corona como la transformista más glamorosa de Cuba.

Sin su vestido de esta noche, Huma Rojo es Ángel Boris Fuentes, un joven bailarín holguinero que reside en Ciego de Ávila, donde dirige la compañía ABC Danzares, mientras estudia tercer año de ballet en la Universidad de las Artes.

Otra vez con la belleza de Huma, la voz de Ángel Boris dice asumir el rol de reina como una responsabilidad.

“Esta corona es también de los que nos señalan con el dedo, de aquellos que critican y no ven más que sombras donde hay luz. Creo que también tengo un compromiso con esas personas, demostrarles que el transformismo es un arte y que los transformistas somos seres humanos que merecemos tanto respeto como cualquier otro profesional.”

En el propio Centro Cultural Bariay estaban los primeros oídos necesitados de esa prédica. El trato que recibieron concursantes y asistentes a la celebración, por parte del grupo de custodios de la instalación estatal, casi rozó la vejación.

“Los holguineros son excelentes anfitriones, pero no puedo decir lo mismo de los señores que integran el cuerpo de seguridad del Cabaret”, me comenta una de las concursantes.

“Uno no es una moneda de oro para caerle bien a todo el mundo, pero cuando usted representa a una institución del Estado, está en la obligación de por lo menos ser cordial. Yo he sentido mucho rechazo por parte de estas personas, y eso es discriminación. A la hora de salir, poco ha faltado para que nos boten del lugar”, insiste.

Foto: José Ramírez Pantoja

Foto: José Ramírez Pantoja

Miss Glamour puede celebrarse en este cabaret porque tiene apoyo oficial, a través de la Red de Hombres que tienen sexo con otros Hombres (HSH) del Departamento de Promoción y Educación para la Salud, del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología en Holguín, además de la Red TransCuba, incluida en el paraguas del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) dirigido por Mariela Castro.

A nombre del CENESEX asistió como invitada del jurado Malú Cano Valladares, coordinadora nacional de la Red Transcuba. “Debido a mi responsabilidad participo en casi todos los eventos de este tipo en el país, Holguín demuestra excelente organización. Esto es una demanda de un grupo poblacional y ya por eso hay que prestarle atención, creo que el evento requiere de mayor apoyo institucional.”

Sin embargo, hasta el momento el apoyo institucional se reduce a permitirles celebrar el concurso y usar un cabaret que en sus noches habituales ofrece espectáculos de salsa, reggaetón u otros géneros de convocatoria masiva.

“No nos dan absolutamente nada para costear el evento”, asegura Mikeli Peña, fundador de Miss Glamour, director del concurso y presidente del jurado del certamen. “Este es un evento que se logra gracias al apoyo financiero que aportan patrocinadores privados, lo mismo de Holguín que cubanos que residen en los Estados Unidos.”

El autoapoyo grupal es notable.

Una pareja gay dueños de una dulcería en la urbe más grande del nororiente de Cuba confecciona el cake que se le regala a la reina. Otra pareja, propietarios de un taller de reparación de teléfonos celulares, ponen su automóvil a disposición del festival.

La gigantografía que se entrega a quien obtenga el Premio Miss Fotogénica, la confeccionan una pareja de fotógrafos holguineros, mientras que el premio de la Miss Redes Sociales (20 horas de internet, según tarifas de la estatal ETECSA) lo aporta un “cuentapropista” con licencia de agente de telecomunicaciones.

Un vendedor de artículos religiosos ofrece 130 CUC (unos 120 USD) para las dos primeras ganadoras, en tanto transformistas holguineros radicados en el Sur de la Florida aportan los 200 CUC (175 USD) y tres días con un acompañante, en un hotel del polo turístico de Guardalavaca, que es el Gran Premio para la reina, junto a pelucas, vestidos, zapatos y set de maquillaje y peluquería, material que también reciben el resto de las ganadoras.

“Para mí es un placer inmenso hacer mi pequeño aporte económico al evento. Creo que vale la pena reconocer el esfuerzo de estas muchachas que hacen verdaderas creaciones para lucir bellas”, confiesa una de las benefactoras del Miss Glamour que, quizás por humildad, prefiere conservar el anonimato. “Quizás en Miami, donde yo vivo, no significa mucho hacerse un vestido, o una gargantilla, pero aquí es digno de reconocer lo que ellas logran para conformar su personaje.”

Huma, Miracles, Valentina Dantés y Adriana Brown, son las estrellas rutilantes de la noche. Coronan con su brillo este pequeño espacio que cada año se solidifica, a contracorriente.