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Damilié, la niña que nació en la cárcel

Foto: Yander Zamora

Damilié, la niña que nació en la cárcel

30 / mayo / 2016

Damilié vive con sus cuatro hermanos en unos pocos metros. La fachada de la casa es una ponchera oscura donde trabajan sus padres. Un sitio ruinoso, tanto, que quien pasa por el barrio de Colón, en La Habana Vieja, no imagina que detrás de ese agujero, repleto de grasa y herramientas, viven siete personas.

Mientras espero a su mamá, la niña me enseña sus juguetes, heredados en su mayoría de los tres hermanos anteriores y otros regalados por los vecinos. Es una niña inteligente y, con cinco años, sorprende por su elocuencia.

En una ráfaga me cuenta que su hermana Darita está castigada por desobediente, que su abuela está triste porque alguien murió, que en la escuela le enseñaron a escribir muchas letras y números. Me dice que a veces cuida a la pequeña Channel para ayudar a su mamá, pero que Channel es “muy indisciplinada” y le rompe las muñecas, aunque ella la perdona siempre.

—Sube con tus hermanas— le pide su mamá, probablemente para alejarla de la conversación. Lo que estaba a punto de contarme no es propio para niños de 5 años.

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Damilié nació en la cárcel donde se mamá cumplía condena por proxenetismo. Foto: Yander Zamora

El día que Damileysi Jardines entró a la prisión sabía que dejaba atrás tres niños al cuidado de su madre, débil visual. Sabía que los dejaba con el dinero de una pensión (menos de 10 dólares) y la caridad de los vecinos como único respaldo. Lo que no sabía era que estaba embarazada nuevamente. Damilié estuvo en la cárcel junto a su mamá, incluso, antes de nacer.

“Estábamos en un cuarto, con un solo ventilador, donde dormían cuatro bebés con sus madres. Era un espacio húmedo, con paredes que se filtraban y donde era común ver un ratón metiéndose en alguna esquina. Todos usábamos un mismo baño con las tuberías secas. Nosotras mismas, embarazadas o recién paridas, teníamos que empujar tanques de 55 galones más de una cuadra. Había que arrastrarlos desde donde los llenaban las pipas hasta las celdas.

“Allí no se dormía. Siempre el llanto de alguno despertaba a los otros. Los niños estaban todo el tiempo gritando, alterados. Nos daban solo 10 minutos para ir al patio, a coger sol. Ellos también estaban presos como nosotras”.

“Vivimos en esas condiciones hasta que Damilié tenía 7 meses. El ingreso de 14 bebés, entre ellas la mía, por intoxicación alimenticia causó un revuelo tremendo. Nos internaron durante casi un mes en el hospital Juan Manuel Márquez. En ese tiempo los ojos que antes no veían tuvieron que ver cómo se vivía en el área de maternidad de la prisión y tuvieron que hacer aquellos locales más humanos.

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Foto: Yander Zamora

“Después de eso mejoró la comida, nos permitieron usar más ventiladores para los niños, repararon los cuartos, instalaron agua en los baños. Nosotras teníamos delitos que pagar, pero nuestros hijos no. Y merecían mejores condiciones”.

“Damilié Estuvo conmigo recluida hasta el mismo día que cumplió el año. Cuando se la llevaron me sentí sola, pero sabía que era lo mejor para mi hija. Desde chiquita era muy enfermiza: nació con 34 semanas, una cardiopatía y allí siempre tenía otitis o asma. La cárcel no es sitio para niños.”

Abusada sexualmente por su padrastro, con sexto grado de escolaridad y sin dinero, Damileisy Jardines comenzó a prostituirse a los 16 años. “En ese lugar no había nada: ni televisor, ni refrigerador, ni muebles”.

Vi en las calles la posibilidad de ganar dinero e ir acomodando mi casa.

“Así estuve varios años. Nacieron Dayeisi, con año y medio de intervalo, Pedro y luego Darita. Fue una etapa donde hice cosas que ahora me avergüenzan: fui jinetera y drogadicta, tenía un marido tras otro, tipos que solo venían a quitarme parte el dinero de los extranjeros”.

Cuando Damileysi fue a la cárcel ya había dejado la prostitución. En esos tiempos, sin licencia, vivía de alquilar su casa a otras muchachas. Algunas de ellas eran menores de edad que tenían sexo con extranjeros. En 2010 fue condenada a ocho años de privación de libertad por proxenetismo. Cumplió la mitad en prisión, ahora está en libertad condicional.

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Foto. Yander Zamora

Hoy Damileysi desmonta gomas, cambia válvulas, sella orificios de las cámaras. El trabajo en una ponchera es, para ella, demasiado fuerte.

“De la cárcel intenté tomar lo mejor para nunca volver. Aprendí a coser, bordar. Estudié hasta vencer el 12 grado. Me preparé para poder encontrar un mejor trabajo, pero en todos lados me piden antecedentes. Y cuando a eso le agregas que estás en libertad condicional, nadie quiere apostar por ti”.

“No tengo altas aspiraciones: solo quiero limpiar en un hospital o vender ropa reciclada, pero no me han dado la oportunidad. En septiembre comienza un taller de corte y costura al que me gustaría sumarme. Ojalá no me cierren la puerta allí”.

 

Claudia Padrón Cueto
Decidí estudiar periodismo porque hay miles de historias que merecen ser encontradas y contadas, porque siempre creí en la opinión libre, en el poder de los relatos. Y hoy me acerco a elTOQUE con la certeza de que las personas más simples y anónimas, en apariencia, tienen las mejores historias, las historias que más se agradecen.
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javier

el trabajo me cautivó porq hay q creer en el mejoramiento humano y la historia de esta mujer es digna de repasarla varias veces, ojos bien abiertos ante situaciones como estas. a la periodista la considero, es como caminar por el filo de una navaja cuando se va a barrios marginales como esos
javier

javier

este trabajo me cautivó porque historias como estas son constantes en diferentes zonas habaneras y nunca se mencionan. es digna de repasarla dos veces y tres, porque hay q creer en el mejoramiento humano. la periodista cuando va a estos sitios marginales es como caminar por el filo de una navaja me imagino
javier

Lilo

es muy triste ke pasen estas cosas! Y si bien es cierto ke delinquir no debe de ser opción y ke hay ke pagar las deudas con la sociedad, a su vez la sociedad tiene deberes con estas personas ke han tenido tristes vidas, es muy fuerte ke un bb tenga esas condiciones de vida, y dice muy poco de las autoridades, me alegra ke hayan mejorado eso por lo menos,… El asunto afuera ya es mas duro y espero ke Damileysi consiga el que moldeo realmente se lo merece… Saludos
Lilo

Ale

Felicidades Claudia,impactante…atinada,exquisita tu redacción!!!
Ale

Ale

Felicidades Claudia,impactante…atinada,exquisita tu redacción!!!
Ale

VICTOR MANUEL

ES EL SEGUNDO TRABAJO QUE LEO ESCRITO POR TI Y ME PARECEN ESPECTACULARES. POCAS PALABRAS CON MUCHO CONTENIDO DENTRO. FELICIDADES. AL FIN UN PERIODISMO DIFERENTE. CON MUCHO QUE DECIR DE DONDE NUNCA SE HA HABLADO…. EXITOS.
VICTOR MANUEL

Rogelio

Es una cara diferente de un problema donde se demuestra la falta de humanidad en los centro penitenciario para las embarazadas que aunque cumplen una condena sus hijos también cumplen al igual que su madre
Rogelio

Eduardo

Lo de tener que empujar tanques de 55 galones en la prisión. Ni a jodidas.
Eduardo

Agustín Borrego Torres

En nuestras cárceles los reclusos y reclusas reciben las mejores atenciones que se pueden tener para un país pobre y bloqueado, pese a esto el mayor empeño es que estas personas salgan con un oficio y hasta con títulos universitarios.
Hoy tienen la oportunidad de incluirse a las nuevas formas de trabajo por cuenta propia. Eso sí, sin delinquir, ya que de la vida fácil, atrás bien las consecuencias y después los lamentos.
Espero que la madre de Damile le allá servido de experiencia.

Yadira

Hablar desde la moralidad cómoda y privilegiada de quién no ha sufrido carencias, marginación, falta de modelos positivos y hasta violencia es muy fácil. Y ojo, no estoy justificando las actividades delictivas, pero cuando se analiza la situación de una persona que delinque no se puede hacer desde una sola perspectiva, porque la actividad delictiva, la violencia, la prostitución, las adicciones y otros males sociales tienen un carácter multifactorial. Espero que ella pueda rehabilitarse y reinsertarse a la sociedad porque es una madre, un ser humano y un proyecto de vida que nuestra sociedad debe incorporar y acoger porque es el derecho de cada ciudadanx. Y espero también que la mentalidad punitiva, moralista y aleccionadora de algunos ceda ante la necesidad de empatía, respeto, justicia y deseo de perdón y conciliación.
Yadira
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