Al hombre no lo conozco de nada, pero me vio por Facebook movilizado con lo del tornado y me pidió ayuda. Hace mucho tiempo que no entra a Cuba. La verdad es que Cuba no está en él más que en figuras borrosas y evocaciones, en su acento, en noticias y en la farándula en Miami. A él le va bien con su vidita, sin patria pero sin amo.

Lo primero que me dijo fue que iba manejando el día después del tornado con la radio. Después vio las imágenes. Escuchar un tornado, como dicen, es escuchar despegar un avión y ya verlo es otra historia. Ver lo que queda detrás del tornado no es caer de rodillas muerto en lágrimas pero sí ponerte a pensar en serio en la fragilidad de la vida, de las vigas de tu casa, de tu estabilidad, de lo que llevas tanto tiempo asentando. Así que él, que maneja un restaurante, que tiene, de cierta forma, influencia, convocó a mucha gente a que donara lo que sea menos líquidos y equipos electrónicos: dijo que pesan mucho, que son complejos para pasar la aduana. Que hacía más falta comida y ropa.

Armó una carpa frente al restaurante y las fotos de ese día por la tarde son de una tienda llena, full de bolsas, tanto que hubo, luego, que habilitar un cuarto y que meter también bolsas en camiones, tal como llegaban, mientras un equipo se dedicaba a clasificar y a preparar paquetes de 70 libras, bien distribuidos. Según el plan, cada paquete de esos es para un damnificado. Lo que no le sirva al damnificado que lo venda para comprar cemento o que lo regale. Ayuda es ayuda. Lo mío: mapear la zona afectada y enviar listas con nombres y direcciones.

“Yo creo que me estoy poniendo viejo”, fue lo segundo que me dijo el hombre, porque hace años que no le importaba la vida del de al lado. Que eso, de cierta forma, es consecuencia del capitalismo. Dijo que él ama Cuba y que sin embargo no puede entrar a Cuba. Que ya llevaba como una semana durmiendo poco, ordenando paquetes. Y que estaba buscando la manera de enviar todo aquello, de vadear los baches que abrió el gobierno en la carretera de las ayudas, poco después de que la carretera empezara a construirse.

Al día siguiente de que enviara la primera lista recibí un mensaje: “Van saliendo paquetes para los de esta lista. Envía otra”. Y luego andaba yo con par de gentes a las que no conocía de nada, que también se habían movilizado con el tornado, repartiendo paquetes casa por casa, que no son gran cosa, pero ayuda es ayuda y todo eso. Y luego estaba él diciendo cuánto le gustaría estar en Cuba ahora. Ayer mandé una lista por la tarde. Esta mañana recibí un mensaje: “Van saliendo paquetes para los de esta lista. Envía otra”. Entonces entendí que cualquier parte del mundo está ahí mismo, que la asistencia es una cosa hermosa y que los gobiernos comen mucha p…ga cuando no dejan que la gente esté donde quiera estar.

 

¿Qué ocurre cuando llega la ayuda?