Habría que averiguar en qué momento y de qué manera surgió ese concepto tan expresivo de la experiencia histórica de las últimas cinco décadas en Cuba: el yuma, la yuma, lo yuma

Por: Luis Emilio Aybar Toledo

Yuma es una expresión sintética del Afuera, pero no de cualquier Afuera. Difícilmente un cubano le diría yuma a un boliviano. Para “merecer” ese calificativo el boliviano tendría que ser evidentemente blanco, vestir muy bien y andar con una mochila sofisticada.

En su origen, yuma es el estadounidense blanco anglosajón, pero se hizo tan relevante la diferencia entre el Adentro pobre y feo y el Afuera rico y lindo que el uso del calificativo “yuma” se ha extendido a todo lo que provenga de Europa, Canadá, Australia y hasta la Rusia moderna.

Cuando un cubano se queja de su situación y te dice: “En el mundo entero la gente viaja”, “En el mundo entero la gente vive de su salario”, “En el mundo entero puedes tener Internet en la casa”, está basando su afirmación en la realidad de estos países, o de las clases medias de los países periféricos, que constituyen su rango de comparación.

Cuando te habla del Capitalismo, por oposición al Socialismo, se está refiriendo en el primer caso a los países desarrollados, y en el segundo a la experiencia concreta que ha vivido, comúnmente denominada Socialismo. No está hablando de Burundi, cuya situación tiene tanto que ver con el Capitalismo como la de Suiza, y tampoco del Socialismo según sus principios, que solo conoce parcialmente.

La comparación en muchos casos no solo implica una descripción: aquí somos pobres, allá son ricos; sino también una valoración: allá es mejor, aquí es peor.

Año tras año la política desarrollada por la escuela, los medios de comunicación y el discurso oficial ha conseguido el efecto contrario del que buscaba. Buscaba difundir entre los cubanos el conocimiento del Capitalismo y la necesidad de su superación, y ha obtenido ingenuidad y admiración. Buscaba educar en las cosas esenciales de la vida, y ha obtenido superficialidad y ambición de consumo. Buscaba legitimar la alternativa socialista y ha obtenido vergüenza.

Hoy, cuando un cubano se para por primera vez ante los edificios de Nueva York, llega desarmado. Es solo con los años y los bandazos que va construyendo una visión más compleja de lo que es el Capitalismo, a menudo por haberlo sufrido en carne propia, y una visión más compleja de las cosas que dejó atrás.

Un emigrante debiera tener una noción más exacta del país al que va y del país al que pertenece. Aquí partimos de que vamos al paraíso de la felicidad, y que venimos de un país que “no sirve”.

Después, cuando tenemos que trabajar 16 horas soportando a un jefe, cuando vivimos las frialdades y egoísmos del modo de vida, y cuando las horas de juego de nuestros hijos con otros niños se reducen drásticamente, se nos ponen delante de los ojos todas las cosas que disfrutábamos sin darnos cuenta.

La política estatal tiene parte de responsabilidad en esto, por haber identificado patria con Revolución, Partido, Estado, líder; Socialismo con la práctica política vigente, y Capitalismo con la situación de Burundi. La función formativa de la escuela y los medios de comunicación se ha visto afectada por la difusión de una imagen infalible de la Revolución y sus líderes, y una visión simplificada del mundo exterior como base de nuestra excepcionalidad. Después viene un familiar de Miami, te cuenta que tiene MedicAid y MediCare, y todo el dogma construido se derrumba en un segundo.

Aspiro a una práctica política que muestre de primera mano todas las bondades que se disfrutan en los países desarrollados, al tiempo que enseña cómo el MediCare es financiado por los niños de Burundi; que difunda las complejidades de la vida en otros lugares sin acallar los problemas propios; y que estimule la libre participación de todos en la construcción de un país democrático, igualitario, ecologista, y solidario.

A ese país, que no es ninguno de los existentes, pero es cada día más necesario, le llamo socialista.