Ángel tomó el micrófono con gesto sospechoso. El poema estaba sobre la mesa; antes de comenzar a leer sacó del bolso un cintillo con orejas felpudas de conejo y se lo puso en la cabeza. Y allá fue el escándalo, sus poesías sexuales y crudamente eróticas detuvieron el bullicio; el público ponía los ojos muy grandes.

Ángel es poeta, aunque me confiesa que la época de esos ‘performance’ atrevidos han pasado. Ahora es “bibliotecario, historiador, tesorero y jardinero” del Oasis Teosófico Martiano de Cienfuegos, institución única de su tipo en el mundo por combinar reflexiones teosóficas con el estudio del pensamiento del Apóstol de la independencia de Cuba.

El Oasis es una casona del neoclásico francés, la arquitectura característica de esta ciudad de Cienfuegos, en el centro sur del país. Es una vivienda un tanto fantasmal, amplia, ubicada en un punto poco transitado cerca de la turística barriada de Punta Gorda, que la sumerge en un ámbito fantástico muy rico.

La cerca que la antecede es vieja y rayada, los bustos de Martí y Maceo, que están a un lado del portal, pueden asustar a cualquier intruso en la noche; la hierba y el marabú recubre el resto del lugar, y las tarjas de la entrada ya no están. Las puertas y ventanas casi siempre están cerradas, por eso pocos pueden imaginar la riquísima historia que se guarda dentro.

Fue fundado el 19 de mayo de 1950 por el asturiano Manuel Martínez Méndez, quien había llegado a Cuba con 15 años de edad. El valor del total de bienes aportados ascendió a 17 500 pesos de la época, entre la donación de una biblioteca y nueve paños de terreno para la sede.

La teosofía es un movimiento filosófico que intenta engranar a todas las religiones en la búsqueda de un conocimiento común y divino, así como de un desarrollo espiritual. Además, se dedica también al estudio de fenómenos paranormales.

Desde su surgimiento el Oasis cienfueguero ha funcionado como un patronato con un presidente, un tesorero y un secretario.

“Hace 8 años que descubrí el Oasis —me cuenta Ángel Enrique Meliáns García— Desde entonces no me he desprendido. Yo soy el tesorero porque quiero formar parte del patronato bajo el cual funciona, pero no manejo efectivo, ni tenemos ningún tipo de financiamiento; aunque esperamos que eso en algún momento suceda, como antes lo tuvo”.

“El fundador lo dio como herencia al pueblo de Cienfuegos, y se cumple lo que él dejó orientado. El Oasis declaró a José Martí como el primer escritor cubano que habló de teosofía; entonces, nuestro objetivo fundamental es divulgar la teosofía, el ideario de Martí y la cultura en sentido general.

“Las actividades que hacemos allí casi nunca requieren de financiamiento; más sí el Oasis, como inmueble, y las áreas verdes, que a lo largo del tiempo se han convertido en un problema. Antes se aunaban más esfuerzos, iban más jóvenes, y más seguido. Nunca se cobró la entrada, lo que se pedía era ayudar con trabajos voluntarios, los muchachos chapeábamos.

“Existen trabas desde el ámbito legal que no hemos podido sortear, y son cruciales a la hora de hacer trámites con universidades, de poder pagar una dieta a un académico… Lo más cercano que hacemos son eventos con la Universidad de Cienfuegos en la sala de conferencias. Estas actividades no tienen saldo monetario, pero dan a conocer el lugar, nos abrimos a un público nuevo. El Oasis, hoy por hoy, es poco conocido”.

Oasis Teosófico Martiano de Cienfuegos. Foto: Leslie Corrales Rosell.

Pero, ¿qué es lo que ocurre realmente?, ¿qué impide a esta organización no estatal funcionar normalmente?, ¿por qué hasta los días de hoy no ha podido agenciarse de una personalidad jurídica que les permita encontrar financiamiento para su posteridad?

“Hubo varios factores que garantizaron en su momento que el Oasis no fuera institucionalizado como una entidad estatal: primero, desde el punto de vista legal todo estaba en orden, el notario había sido Osvaldo Dorticós Torrado, que fue presidente del país después de 1959, y eso le dio un estatus, era casi intocable. Segundo: en los reglamentos estaba estipulado que el Oasis funcionaría siempre y cuando el patronato no se disolviera, y como eso no ha ocurrido, sigue aquí.

“Ahora, hay algo más, después del triunfo de la Revolución, cuando comenzaron a modificar todas las leyes y a estatalizar, Manuel Martínez no inscribió el Oasis en el momento que debió hacerlo, pasó el plazo y después las opciones que le dieron las autoridades no le gustaron, teniendo en cuenta los objetivos del Oasis. Estas fueron: convertirlo en una asociación, lo cual el Oasis no es, o un lugar religioso, que a pesar de que sí tiene un fundamento religioso, no es una logia, no es un casa del culto, ni nada de eso.

“Entonces los miembros del patronato se preguntaron: qué somos, en qué ley cabemos. Se decidió esperar. El Ministerio de Justicia indicó que se siguieran haciendo las actividades según los fines para lo que estaba estipulado, hasta que apareciera la ley pertinente.”

Esa ley debe ser una Ley de Fundaciones; que aunque sabemos que en Cuba hay varias funcionando (la Alejo Carpentier, la Antonio Núñez Jiménez, la Ludwig de Cuba…) al parecer no ha sido promulgada para todas.

“Hace poco tiempo yo mismo me senté con la encargada de asociaciones en el Ministerio y le dije: nosotros poseemos todo el basamento legal, y tenemos la intención de hacernos de una personalidad jurídica para así funcionar plenamente. Esa persona me respondió que me quedara en standby, que esperara”, asegura Ángel.

Oasis Teosófico Martiano de Cienfuegos. Foto: Leslie Corrales Rosell.

Ese limbo legal en que subsiste ha conducido también a que el funcionamiento del Oasis Teosófico se mantenga por los bolsillos del patronato. Y vuelve Ángel: “a veces nos atacan por el mal estado en que está, pero no podemos hacer más. Yo no puedo pedir una donación supongamos, a una fundación X, extranjera o nacional, porque cuando me piden una cuenta bancaria, no la podemos abrir. ¿Dónde depositarían el capital?, ¿en la cuenta de un particular?, en eso nadie confía”.

“La Biblioteca Provincial (donde trabajo regularmente) me liberó un día a la semana para ir a abrir el local del Oasis y que así cualquier persona pudiera hacer sus consultas. Ahora estamos en un proceso de inventario, de organización. La biblioteca es bastante amplia, con alrededor de 10 mil ejemplares. Hay dos salas principales, la José Martí, con sus obras completas —más otras ediciones del 53, año del centenario, donde se publicaron muchas cosas—; y la de Teosofía: allí se encuentran revistas, libros afines, hay temas de religión, hay filosofía desde los griegos hasta el existencialismo. Está además, lo que yo le llamo la Sala General, allí están agrupados: derecho, educación, psicología, historia, política, matemática… En la Hemeroteca tenemos publicaciones periódicas, muy buenas colecciones de revistas: Bohemia, Carteles, y muchas latinoamericanas como Sur. Hay otra sala a la que le pusimos el nombre del fundador y que recoge los títulos relativos a la historia de Cienfuegos, específicamente, y de Cuba”.

Ángel es graduado de Historia y trabaja como especialista de la Sala de Fondos Raros de la Biblioteca provincial. Además es miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Sus días transcurren rodeados de la memoria histórica de la llamada Perla del Sur, que a juzgar por el estado del Oasis está en delicada situación, a punto de desaparecer.

“Aquí están los periódicos aguardando por un milagro. La Biblioteca es subvencionada por el Ministerio de Cultura. En el Oasis espera la Historia para ser subvencionada”.

Angel, bibliotecario del Oasis Teosófico. Foto: Leslie Corrales Rosell.