Sin previo aviso, y de un tajo, la plataforma de clasificados Bache Cubano perdió los 85 mil suscriptores logrados en 5 años. OneSignal, el sistema de notificaciones que les permitía enviar un aviso automático tras cada nueva publicación en su sitio web, canceló sus servicios. Como consecuencia, los usuarios dejaron de recibir los anuncios de compra y venta de productos.

OneSignal, la empresa estadounidense, al bloquear un servicio contratado desde Cuba, respondía a las sanciones impuestas a la Isla por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés), perteneciente al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Erich García, fundador de Bache Cubano, lo sintió como una de las mayores pérdidas desde que lanzara el proyecto en marzo de 2014.

“Aunque a la semana ya había buscado otra solución, tuve que empezar desde cero con los suscriptores”, cuenta. “Actualmente vamos creciendo poco a poco, pero hasta ahora solo tengo 17 mil”.

Él había pagado por el envío de notificaciones; sin embargo, ser cubano le impidió hacer algún tipo de demanda o reclamación cuando le bloquearon el acceso al servicio.

Las Regulaciones al Control de los Activos Cubanos (Título 31 Parte 515 del Código de Regulaciones Federales de EEUU) contienen una serie de prohibiciones que impiden a los estadounidenses establecer relaciones comerciales con los cubanos.

Entre las consecuencias más directas para los programadores cubanos está la imposibilidad de descargar drivers desde el sitio oficial de AMD o Intel, de subir aplicaciones al Google Play Store o AppStore, de tener repositorios de aplicaciones como Source Forge, de acceder a los servicios de Adobe y Oracle y a algunos de Google todavía bloqueados como My Business.

Durante el período de mandato de Barack Obama hubo una relajación en las sanciones a Cuba para apoyar al sector privado cubano emergente y estimular la reforma económica que se realizaba en la Isla. La flexibilización en el campo de las telecomunicaciones y la tecnología permitió que los cubanos tuvieran acceso a algunos servicios de Google que estuvieron bloqueados durante mucho tiempo.

La actual administración de Donald Trump revirtió la flexibilización de las sanciones y otras restricciones a Cuba. Según anunció en junio pasado un comunicado de prensa del Departamento del Tesoro, “estas acciones contribuirán a que los dólares estadounidenses no lleguen a manos de las fuerzas militares y los servicios de inteligencia y de seguridad cubanos”.

A pesar de la retórica estadounidense que niega la afectación al pueblo cubano, muchos emprendedores se han visto afectados por el recrudecimiento de las sanciones y la política de aislamiento hacia la Isla.

Emprendedores cubanos denuncian el bloqueo a sus sitios web, a causas de las sanciones de OFAC.

Emprendedores cubanos denuncian el bloqueo a sus sitios web, a causa de las sanciones de OFAC.

El veto de GitHub a los cubanos

GitHub, una plataforma colaborativa con más de 40 millones de usuarios a quienes les permite alojar códigos de programación, ha sido la noticia más reciente sobre las sanciones en el ámbito de los programadores cubanos.

“Bache Cubano fue uno de los perjudicados”, comenta su fundador Erich García. “A pesar de haber pagado para tener allí nuestros códigos de IOS y de Facebook, los perdimos”.

También supo que sus repositorios en otro servicio nombrado SparPost fueron suspendidos.

Por el momento, solo aquellos usuarios con repositorios privados y cuentas creadas desde Cuba o con reiterado acceso desde la Isla han tenido problemas con GitHub, en la que más de 100 programadores se identifican como cubanos. Otras plataformas como GitLab, Bitbuket habían cerrado previamente para los desarrolladores de este país.

Fernando, que también es programador, comenta que como las cuentas no fueron bloqueadas al unísono, tras las últimas restricciones de GitHub varios excompañeros de la universidad tuvieron tiempo para hacer públicos sus repositorios y pudieron salvarlos.

Dice además, que aunque prefiere los repositorios públicos para descargar proyectos y aprender del código de otras personas, “hay algunos que uno prefiere que no estén a la luz hasta que sea el momento apropiado. O simplemente son cosas que no tienen validez para el resto”, cuenta Fernando. “Quienes trabajaban en proyectos colaborativos en repositorios privados —por los cuales hay que pagar— fueron los más afectados porque ya no pueden acceder a ellos”, explica.

Incluso hubo quienes se encontraban en el extranjero cuando ocurrió el bloqueo de GitHub pero como sus repositorios privados fueron creados en Cuba y sus anteriores conexiones las realizaron desde Cuba, tampoco pudieron acceder a estos. Así lo cuenta el usuario de Telegram @yorodm, quien pide mantener el anonimato de sus colegas afectados pues sus empresas les prohibieron hablar del tema.

Previendo situaciones como esta y respondiendo a una filosofía que apuesta por el software libre, programadores como Gabriel Alejandro López mantienen públicos todos sus repositorios. No obstante, dice que el bloqueo de servicios por parte de GitHub los continúa alejando “del mundo real”.

“En el caso de mi negocio tenenos el 99% del código público. Es parte de lo que nos diferencia y nos ayuda a conseguir trabajo”, explica. Aunque este bloqueo no afecta directamente sus actividades, repercute en la relación con otros desarrolladores del mundo.

Si GitHub no permite a los cubanos tener repositorios privados, entonces deberán buscar otra opción. “Es como cambiar de plataforma de mensajería, tienes que llevarte a tus amigos contigo y si a ellos la anterior les funciona, dudo que se quieran mover”, reflexiona.

Dos «startups» cubanas que ya no están

Daños colaterales

Cuando Nat Friedman, CEO de GitHub, explicó en Twitter que como cualquier empresa que hace negocios en Estados Unidos debían implementar las restricciones a usuarios de Cuba, Irán, Siria y Crimea, no hacía distinciones entre personas naturales y entidades estatales de los países sancionados.

Aunque más de un usuario en la red social le recordó que las sanciones tenían como objetivo los gobiernos y no a las personas, con tal medida GitHub evitaba multas millonarias o la imposición de sanciones que pueden llegar hasta los 10 años de prisión.

Varios cubanos también manifestaron su molestia. Lorenzo Peña, quien no se ha visto afectado por estas restricciones porque usa repositorios públicos, sugirió que GitHub “sobrevaloró el riesgo que los usuarios cubanos representan para la OFAC”.

“A los desarrolladores cubanos nos la han puesto difícil porque muchas de las herramientas y servicios que usamos para nuestro trabajo están vinculadas a USA y hay que hacer mil marañas para acceder a ellas o, simplemente, usar otras menos eficaces”, cuenta Marcos Estrada.

“Para poder poner una aplicación cubana en algún repositorio y, por consecuencia, ganar en prestigio, es preciso tener a alguien fuera de Cuba que te brinde sus credenciales”, agrega Marcos.

Javier Ruiz asegura que el mayor obstáculo que impone la política de Estados Unidos “es el tema financiero”: nuestro mayor mercado está fuera de Cuba y muchas veces es un verdadero dolor de cabeza encontrar un modo de recibir pagos de nuestros clientes”, comparte

Sin embargo, los tropiezos aparecen desde el proceso inicial de la contratación, cuando empresas o dueños de negocios se cuestionan la pertinencia de trabajar con desarrolladores cubanos, dadas las restricciones impuestas por el gobierno estadounidense.

El listado de servicios cerrados incluye plataformas de organización de equipos de trabajo como Slack o repositorios de aplicaciones como Heroku, además de cierres abruptos y borrado de sitios web alojados en compañías como Digital Ocean.

 

Elaborado por elToque.

Elaborado por elToque.

De este lado del bloqueo, otro bloqueo

Las restricciones externas son solo la mitad de la historia. Limitaciones internas vinculadas al acceso a las tecnologías y permisos para la concreción de sus proyectos, son otros de los obstáculos que deben sortear en el país los desarrolladores cubanos.

En una encuesta publicada en el Canal USB de Cubadebate, el 82 por ciento de los 928 votos fueron a favor de la reapertura de la licencia de programador de equipos de cómputo (PEC).

Dos años lleva suspendida la entrega de licencias PEC, las cuales hasta agosto de 2017 sumaban unas mil 300. Funcionarios del ministerio de Comunicaciones declararon recientemente que presentaron una propuesta para el perfeccionamiento de la actividad como nueva forma de gestión en el ámbito del sector estatal y no estatal.

José Ernesto Lenzano es uno de los ingenieros informáticos que esperan por esa licencia para realizar su trabajo.

“Somos muchos los cubanos que estamos preocupados por la demora en la entrega de estas licencias”, tuiteó José Ernesto al presidente Miguel Díaz Canel. “Estamos tratando de aportarle al país y no nos dejan”.

“Llevo un año trabajando contratado en un taller de celulares porque sin licencia no puedo tener mi propio negocio”, cuenta Marcos. “Ojalá cuando vuelvan a abrirlas no estén llenas de restricciones”.

El elevado precio —con relación al salario promedio de un cubano— para el acceso a Internet es otro de las limitaciones. No es lo mismo gastar 1 CUC (casi 1 USD) por hora en una zona WiFi o 30 CUC por paquetes de 4.5 Gb de datos móviles, para comunicarse con la familia, que para trabajar no menos de 8 horas diarias, en un país cuyo salario mínimo acaba de ser subido a 400 pesos cubanos (20 USD).

Aunque algunos están vinculados a entidades estatales desde las cuales acceden gratuitamente y con mejor calidad a internet, otros apuestan por desplegar sus productos conectados a los servicios de la única empresa de telecomunicaciones del país: ETECSA.

“Hace meses espero para contratar el Nauta Hogar y no he podido”, dice Marcos. “Cuando quiero descargar drivers o alguna otra herramienta para mi trabajo tengo que aguantar la incomodidad de un parque con Wifi”.

Junto a otros compañeros de la universidad, Marcos colabora en el desarrollo de aplicaciones, diseño y alojamiento de sitios web y otros servicios de pago. La ausencia de una licencia PEC y de una Internet estable y baratas le han hecho replantearse varias veces seguir trabajando desde Cuba.

“Tengo amigos que se fueron a otros países con contrato de trabajo incluido”, confiesa. “A algunos les fue mal y tuvieron que dejar la Informática, pero la mayoría aún la ejerce. Lo bueno de esta profesión es que es un idioma universal”.

Emigrar: la solución recurrente

Después del fracaso de la normalización con Estados Unidos y la paralización de la reforma económica en Cuba, el número de jóvenes programadores que han partido hacia Uruguay, Chile y Ecuador, entre otros países, no se detiene. La situación no es novedosa. Desde hace más de cinco años este tipo de profesionales, altamente capacitado, está encontrando mercado seguro para su talento en diversas partes el planeta.

Informáticos cubanos en estampida

En un intercambio en Twitter, el youtuber sobre temas de programación y tecnología, Julio Lussón, de Tecnolike, comentaba: “Me va a doler decir esto, pero por vivir en Cuba, mi isla bella, estoy viendo como mi sueño en ocaciones es frenado cruelmente. No pierdo las esperanzas, ni tampoco me rindo, pero es realmente así…”

Entre las respuestas se lee la del ingeniero Abraham Calás: “Yo tenía esa sensación también. Era un combinación entre las prohibiciones de los gobiernos de #USA y #Cuba. Hacen imposible que tus sueños se conviertan en metas. No ves un futuro haciendo lo que te gusta y de forma legal. No por gusto tantos jóvenes emigran a otras naciones.”

Esa es la realidad de Mario Cid Vázquez, un ingeniero graduado de la Universidad de las Ciencias Informáticas que, como estudiante de cuarto año, participó en la gran final del Concurso Internacional Universitario ACM de Programación de Computadoras, celebrado en 2011 en Estados Unidos.

Al graduarse, regresó a su natal Las Tunas y comenzó a trabajar en la Empresa de Aplicaciones Informáticas DESOFT. Desde allí trabajó “freelance” para varias compañías extranjeras, lidiando con la baja calidad de la internet de Cuba, además de la necesidad de usar “túneles” (VPN) para acceder a muchos servicios restringidos por las sanciones de la OFAC.

“Todo esto se siente como cadenas en tu desarrollo profesional e influye de forma definitiva en la decisión de emigrar”, comenta. Hoy vive en los Estados Unidos.

Pablo Fernández Polanco también recuerda con rechazo la etapa en la que tuvo que desarrollar aplicaciones en Cuba y llegó a usar servicios que le permitían tener “acceso a Internet” a través del correo electrónico.

En Uruguay, donde vive actualmente, todo es distinto. “Al tener acceso a Internet full time, toda la documentación está al alcance de un click”, dice.

 

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