Las interioridades de la playa más famosa de Cuba son desconocidas para muchos. Hoy haremos una breve mirada a sus virtudes y defectos, que son también los del país.

Cuba cambió desde el momento en que se permitió el trabajo por cuenta propia, pero desde hace 3 años la península de Varadero tiene paralizado cualquier trámite en este sentido. Los negocios que nacieron en el 2012, sin importar su crecimiento o éxito, deben conformarse con mantener el mismo número de empleados.

Foto: Harold Cárdenas

Quizás por demasiado exitosos, porque en comparación con los servicios de Palmares o cualquier otra cadena estatal, la calidad de su servicio era superior y la competencia al Estado en “sectores claves para la economía” como el turismo es inadmisible. Si alguien duda de esto último puede preguntarle a los otrora vendedores de ropa importada.

Cuando ocurrió la explosión de pequeños negocios, proliferaron también por toda la ciudad puestos de venta improvisados que afectaron a la belleza del lugar. En la playa aparecieron personas vendiendo los artículos más disímiles, pero junto a los ciudadanos honestos llegaron otros que traían productos ilegales.

Estas fueron algunas de las razones por las que se detuvo el otorgamiento de licencias, justificadamente. No obstante, más que cancelar la iniciativa privada debieron haberse buscado fórmulas regulatorias para hacerlo acorde a los intereses nacionales. En cambio, se botó el sofá por la ventana, como en tantas otras ocasiones.

Muchos de los habitantes originarios se han marchado por la carestía de la vida, por ejemplo una manicura puede costar 5 CUC.

Otros se niegan a marcharse, conscientes del valor que tienen sus viviendas y de los privilegios que brinda la cercanía al turismo internacional. La existencia de aproximadamente 58 hoteles supone oportunidades de trabajo no solo a los pobladores de la región sino también a otros de Cárdenas y la ciudad de Matanzas, elevando así su nivel de vida. 

Identidades en juego
Desde hace varios años se cambió la organización político-administrativa de la provincia Matanzas. Entonces Varadero pasó de ser un municipio más a formar parte de Cárdenas, una decisión al menos polémica. En la capital provincial, la ciudad de Matanzas, imperó el sentimiento de que se estaba despojando a los matanceros de su municipio clave, que había pasado a Cárdenas, pero comenzaba a controlarse directamente desde La Habana.

Foto: Harold Cárdenas

Para los menos de 6 mil pobladores de la península esto ha significado un problema de identidad. El territorio tiene muy poco que ver con Cárdenas y si hay un lugar en Cuba en el que exista sentimiento de pertenencia, es Varadero. Si algo existe en común es la numerosa cantidad de antenas parabólicas en ambas ciudades, un secreto a voces que las autoridades ya no tienen posibilidad (o interés) de impedir.

Por otra parte, residir allí es más que complicado y muestra a las claras cuál será el futuro del que fue un poblado de pescadores. Cualquier compraventa o permuta debe realizarse sobre la base obligatoria de que se marchen más personas de las que vayan a vivir, una política que está a medio camino entre la eutanasia y la eugenesia demográfica.

Varadero es también el lugar donde van a vacacionar todos los que pueden pagarse un hotel. Es por eso que sus trabajadores ven pasar por ahí cuanta figura pública existe en el país. El comportamiento de artistas, políticos y famosos extranjeros pasa por la lupa de los pobladores, que comentan tanto los casos de prestigio como los mayores escándalos. A fin de cuentas es un pueblo chiquito.

Los nuevos tiempos
Irónicamente, mientras Telesur muestra en la televisión cubana cuáles son los pasos para abrirse un blog, en los hoteles la administración advierte contra estos y las redes sociales como mecanismos de la contrarrevolución. Buscan crear así diques de contención ante una Internet que llega aquí más velozmente que en el resto del país, pero se trata de un esfuerzo errado. Más que enfrentar lo inevitable deberían crear cultura tecnológica para cuando llegue ese momento.

Foto: Harold Cárdenas

En la actualidad el grupo empresarial Gaviota, perteneciente al MINFAR, es quien más afanosamente construye nuevos hoteles en la península. Su competencia, si pudiera llamarse así, sería Cubanacan S.A. que se ha concentrado en reconstruir el Hotel Internacional. Este debió trasladarse de lugar, junto a otros del pasado, por estar construido sobre la duna de la playa y afectar al ecosistema.

Los nuevos tiempos traen preocupaciones medioambientales, como la regulación de las fumigaciones, la reforestación, campañas de limpieza de la playa y la evacuación de las aguas albañales, que funciona con un sistema de tuberías moderno.

Desde hace dos años se están soterrando todas las redes telefónicas y eléctricas para evitar afectaciones de todo tipo.

La península avanza realmente, pero, como siempre, el pueblo no tiene idea de todo lo que se hace y, como dice un amigo, no basta con ser sino también hay que parecer.

La mejor agua del país es brindada por Aguas Varadero, se trabaja en el control y recolección de los desechos orgánicos, inorgánicos y las materias primas, pero no todo es color verde.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente tuvo que ceder la reserva ecológica para construir de nuevos hoteles.

Este hecho contó con la resistencia de los especialistas en el lugar hasta que la fallecida ministra Rosa Elena Simeón, una persona genuinamente preocupada por el fenómeno, apeló a la conciencia de sus trabajadores para permitir una decisión que evidentemente la superaba.

Esto y mucho más cuentan los pobladores de la península más codiciada de Cuba. Son muchas las contradicciones del lugar, pero hay una enorme atenuante en todo esto, que es visible en forma de valla publicitaria cuando llegas a Varadero: “Lo que aquí se recauda, es para el pueblo”. No estaría mal entonces que, además de utilizar los ingresos del lugar, se atiendan con prontitud algunas de sus contradicciones. Entonces Varadero sería un poco más el paraíso que imaginamos los cubanos.