Eusebio quiso mirar a la derecha, pero ladeó el cuello a su izquierda. No controla casi ya los movimientos. En el grupo hacen bromas con él mientras las ancianas comienzan a saludar al “nieto”, Dariel Juvier, un joven psicólogo que atiende a este grupo de mayores reunidos en el Hogar de Ancianos del municipio de Placetas.

“Aquí vienen los adultos mayores con situaciones sociales adversas. Pueden ser abandonados por la familia, pasar largos períodos de tiempo sin compañía o carecer de viviendas con mínimas condiciones para vivir. Por eso, desde que llego, les brindo una atención personalizada. Más que pacientes los veo como mis propios abuelos, así que trato de ayudarlos en todo lo posible para que lleven con más fuerza su vida cotidiana.”

Dariel es uno de los tres psicólogos de la Salud que, graduados hace un año, laboran de forma directa con los adultos mayores radicados en el central municipio de Placetas, segundo más avejentado del archipiélago. En este territorio viven 16 870 personas con 60 años o más, de un total de 68 550 habitantes, para un un notable 24,6 por ciento de la población.

“Los adultos mayores suelen ser obstinados. Debo tener mucha paciencia y crear métodos empáticos para lograr una buena relación con ellos. Así me escucharán y aceptarán mis indicaciones. Trato que las consultas sean charlas. Estas pueden durar cualquier cantidad de tiempo porque a diferencia de otros grupos etarios los ancianos requieren de un cuidado particular para que comprendan y presten toda la atención.”

Foto: Iris C. Mujica

“A cada uno le elaboro un examen multidimensional. Observo si conservan sus habilidades cognitivas, si toman sus medicamentos, cómo se alimentan, si mantienen su higiene personal, si fuman, ingieren ron o café escondidos. Es un informe exhaustivo de sus pensamientos diarios. Formalmente debe realizarse cada tres meses, pero todos los días lo aplico un poco cuando le transmito charlas y consejos. No quiero ser el médico lejano que llega cada cierto tiempo a cumplir su trabajo. Trato de estar para ellos y resolverle los problemas incluso fuera del local”.

Dariel pertenece a los EMAG (Equipo Multidisciplinario de Atención Gerontológica), un grupo de profesionales (médico especialista, enfermera, trabajador social y psicólogo) cuya función es potenciar las ganas de vivir de los adultos mayores. En un país que envejece cada vez más, los psicólogos como Dariel se vuelven cada vez más necesarios.

“La confianza es grande. Todos tienen el teléfono de mi casa y pueden llamar a cualquier hora. Es importante entender que estos viejitos al ser marginados por su familia tienden a deprimirse por falta de afecto. Con ellos soy positivo y fomento la motivación. Esa es la base para una buena comunicación y empatía entre todos. Mientras están en el centro muchos olvidan sus problemas. Ese es el principal logro” siente Dariel.

“Nosotros tratamos de que cumplan las reglas, tomen sus medicamentos y se alimenten bien. Garantizamos desayuno, meriendas, almuerzo y comida. Tres días a la semana hacen ejercicios físicos. El resto del tiempo comparten juegos de mesa como el dominó. Ven televisión, oyen música o conversan. Todo con tal de mantenerlos distraídos, contentos y con ánimos de seguir… aunque para ellos ya la vida no es tan fácil”

Las proyecciones indican que para 2025, Cuba será el país más envejecido de la región, con 25 porciento de personas mayores de 60 años. Para el 2030 los ancianos representarán el 31 porciento del total de habitantes del archipiélago. El reto demográfico es enorme y no hay perspectivas realistas de que se invierta la evolución de las generaciones en el mediano plazo.

“Cada día atenderemos más ancianos. Cuba se envejece muy rápido. Para el personal joven de la salud significa una gran responsabilidad porque son nuestros padres y abuelos los que cuidaremos. Disfruto la profesión, por eso le dedico mucho tiempo a aprender más sobre el tema. Superarme es parte de mi trabajo.”

A pocos metros de un buró repleto de historias clínicas, Dariel Juvier tiene su consulta a modo de charla. Le gustan los ancianos y eso posibilita que la labor se realice bien: “Mis abuelos me criaron. Tienen 92 años cada uno y lo dieron todo por mí. Me incliné por esta especialidad como tributo a ellos, pero no tengo ninguna seguridad de mantenerme. No depende de mí. Hoy estoy en el Hogar de Ancianos, pero mañana puedo ser requerido en otro lugar y tendré que ir. De verdad espero que jamás llegue ese día.”

Foto: Iris C. Mujica