Magelis tiene discapacidades mentales y físicas, pero corriendo 100 y 200 metros planos, hoy, pocos le ganan en las competencias nacionales de discapacitados. Su mamá llegó al entrenador Jesús Olano después de que la niña pasara por varios entrenadores. Y se quedó con él. Y parece que la muchacha promete…

Tiene 21 años. Cuando habla, debe pensar las palabras para articular bien. Una pierna y un brazo no responden como debieran, una parálisis cerebral moderada tampoco ayuda, pero sus abdominales, pesas, trotes… rompen tanto freno. Y en cada entrenamiento se ha sentido mejor.

Con personas especiales hay que trabajar de forma única, especial

Olano, que habla como si todo debiera ser bien explicado, lleva cuarenta años entrenando atletas. Convencionales y discapacitados. Pero estos últimos lo desviven. “Me encanta entrenarlos. Porque son más agradecidos. Cada entrenamiento lo hacen con muchas ganas, y los resultados se ven muy rápido. Cada día quieres (ellos y yo) que lleguen para ver cómo mejoran. Por eso hay que conocer la discapacidad, y atender a cada uno especialmente.”

Magelis. Foto: Alejandro Ulloa

Magelis ronda la conversación mientras Olano cuenta sus alegrías. Más de 20 medallas –más de oro que de plata y bronce juntos– le han colgado a sus atletas en competencias internacionales. Magelis pudiera ser otra, pero no ha tenido suerte. Sus tres discapacidades son poco comunes en el país y hacen que no la convoquen con frecuencia a las selecciones que arman.

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“Yo la conocía a ella de las competencias provinciales, pero no me suelo meter en los atletas de otros. Un día la madre la trajo. Y me han confesado que ella se siente mejor que nunca. Eso es muy importante, con los discapacitados la motivación lo es todo”, cuenta.

Y cuando Olano dice que Magelis ganó la carrera provincial en los 100 y 200 metros a atletas con menos discapacidades que ella, y que lograron que al menos la aceptaran de invitada en el nacional, y que allí en los 100 metros terminó tercera y segunda en los 200, está claro para él que ella tiene muchas posibilidades. Magelis, que lo ha estado oyendo todo, sale corriendo fuera del gimnasio a contarle a su compañera con una sonrisa total.

Foto: Alejandro Ulloa

Entrenan en la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo. Allí, un maltrecho pero seguro gimnasio, una pista descascarada y el césped al frente, en la Ciudad Deportiva, los acoge cada semana. “La universidad tiene un proyecto de atención a discapacitados, y me ha dado la oportunidad de utilizar sus medios para los entrenamientos, pero la escasez es muy grande.”

Olano hace una pausa y enumera: “No hay chalecos, tobilleras, cinturón de plomo… La pista está muy deteriorada. Y estos entrenamientos tienen que ser especiales. Para trabajar tengo que sustituir las carencias con conocimientos, no nos queda de otra. Pero eso no alcanza.”

-Y entonces ¿cómo mejorar , cómo lograr que tantos más discapacitados rompan sus barreras y se conviertan en atletas?

Él medita y responde. Siendo entrenador provincial de La Habana en esta especialidad, no le gustan los profes con “sus libritos”: “Hay que crear condiciones de verdad. Estos muchachos normalmente tienen en su mente mucha negatividad, por eso hay que atenderlos, darles oportunidades, motivarlos. Hay trabajo bueno hecho, pero con personas especiales hay que trabajar de forma única, especial.”

Y así dice que por culpa de los “planes por cumplir” a veces se le troncha el futuro a muchos discapacitados con potencialidades: “Si a un entrenador de atletas convencionales lo obligan por decreto a tener una equis cantidad de discapacitados, no los va a atender como se merecen, y si los une al entrenamiento de los demás, no van a rendir como pudieran”.

Olano es, evidentemente, un tipo singular. Y Magelis tiene suerte.

 

Foto: Alejandro Ulloa