“Además del ?Paquete Semanal? y algo de la programación de verano de la televisión, ¿qué más hay aquí para uno recrearse?”, se pregunta Mayler Rosquete, y él mismo se responde: “Nada”.

“Aquí la playa está lejísimo, y vas un día, la ida por la vuelta. No tenemos campismo y lo que nos queda es salir a bailar un rato en el pueblo los fines de semana y ya, con muchos cuidados de una bronca, que te desgracian la vida en un dos por trés. El fútbol ha sido el escape de la rutina para muchos y cada vez hay más familias que lo ven como una diversión sana y saludable, y lo apoyan.”

Cuando Mayler empezó a jugar a principios de la década de 1990 no había la pasión actual por el balompié que hoy existe en Cuba. Para Rosquete, sin embargo, haber pasado todas las escuelas deportivas gracias al fútbol, permitió a Mayler entender la fiebre que en los años recientes se ha desatado en el país con este deporte.

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Licenciado en cultura física, Mayler se desempeña como entrenador de fútbol en un combinado deportivo del Instituto Nacional de Deporte y Recreación (INDER) en Vertientes, un municipio del centro-sur de la provincia de Camagüey. A pesar del apoyo institucional, por las vías oficiales le ha resultado más difícil conseguir que sean captados muchos de sus alumnos para las distintas categorías de la enseñanza profesional. Por eso decidió armar un torneo que le permitiera resolvar más que el problema del tedio estival.

“En cada barrio hay un líder que arma su equipo, embulla a los mejores jugadores. A los más jóvenes les dicen que el INDER los puede captar, y funciona. Ellos reorganizan su vida para poder jugar, porque todos estudian o trabajan, y hacen un extra aquí, por eso los partidos regulares duran 70 minutos, con medio tiempos de 35 y un descanso de 10. Así no deslucimos el juego y cuidamos al futbolista”.

A las 7:00 a.m. ya Mayler está en el trajín de sus niños, el varón de 10 años y la pequeña de siete meses. Él no es diferente a sus jugadores. Para él hoy el fútbol también es un extra, la principal entrada no es el salario de entrenador, sino los negocios de compra y venta de alimentos que hace para subsistir. Pero a pesar de cualquier urgencia, los partidos y los muchachos de todo Vertientes tienen un espacio privilegiado en su día.

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“Yo no los traje al campo. Ellos jugaban y juegan aún en sus barrios como pueden, ninguno tiene terreno adecuado para entrenar ni zapatos o ropa. Pero tienen destrezas dignas de admirar. Por eso los respeto mucho, todo lo colegio con ellos: desde si quitamos a un atleta de la alineación hasta el sistema táctico. Y nos sirve: el año pasado con la selección municipal, que sale de este torneo, subimos al quinto peldaño en la provincia y logramos algo inédito: mantuvimos la nómina de 25 atletas hasta el final de la competencia. Este año estamos en condiciones de mejorar la posición”.

El equipo municipal ha salido de este torneo, que Mayler organiza. La convocatoria incluye 12 barrios de Vertientes y dos comunidades rurales. No pueden esperar mucho del apoyo institucional, que apenas se ha expresado en algunas meriendas y jamás en algo tan vital como el transporte.

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“Para sustentar la competencia recaudamos $500 por equipo para dar tres premios por selección. Por ejemplo, este año al primer lugar le compramos un puerco de unas 70 libras para asar, al segundo una caja de pollo y al tercero un carnero. También le obsequiamos algo al líder goleador y al mejor jugador, un perfume, un juego de short y camiseta, algo así.

“Tenemos esperanza de cercar el campo y soñamos con gradas, porque en vacaciones esto se llena, pero la gente no tienen ni sombra ni donde sentarse. Queremos también hacer al unísono dos copas de fútbol de siete jugadores, una en Batalla de Las Guásimas y otra aquí, como antesala del Campeonato de fútbol 11, que se acaba en agosto, y sirve como preparación para el equipo de primera categoría, que representa al municipio.

“¿Quién sabe si esta ola que nació en los barrios nos da el primer lugar provincial? El año pasado fuimos subcampeones en la categoría de 12-13 años. Ya nació el embullo, que es lo más difícil, ahora hay que atenderlo para que no muera”.