Lleva una barba a medio hacer y una gorra oscura; en la espalda, una mochila con lo necesario para si, esa tarde, algún amigo le avisa que se puede quedar en su casa. Un día olvidó la toalla y debió secarse con el pulóver. Carga, también, con un cepillo de dientes, alguna estilla de jabón, medias y calzoncillos limpios. No tiene más bienes que aquellos que es capaz de usar, y hasta aparenta no necesitarlo.

—Esto es una onda así bohemia —me dice cuando ya llevamos más de treinta minutos conversando; un bohémien, pienso y no se lo digo, es difícil creerlo, pero hasta ese momento Alcides apenas era un muchacho con el que había conversado un par de veces, sin rozar los límites personales.

—¿Y no has pensado regresar a Guayos? —le pregunto después.

—¿Para qué?, ¿para vivir con mis padres?, no es lo que quiero para mí. Además, de allá salí a los 16. Ya no conozco a nadie.

Pero Alcides retorna, algún fin de semana, con el tiempo exacto que le permita lavar toda su ropa para recomenzar el ciclo. Pernocta, solo, en casa de su abuela, quien falleció hace unos meses. Su hermano vivía en ese sitio, pero desde entonces dice escuchar calderos moviéndose en las noches. Alcides aprovecha la tribulación. Ya en Cienfuegos acomoda sus “bultos” en un sitio que me hizo prometer no decir, allí come en las noches. “Almuerzo en el trabajo, y el desayuno por ahí, me como un pan con tortilla y un refresco en cualquier esquina”, me dice sin complicaciones.

—Ya llevo desde noviembre (de 2016) buscando alquiler y nada. Puedo pagar cuando más 30, pero aquí todo es muy caro; y yo no soy exigente, me contento con cualquier cosa, aunque esté vacía, pero un lugar donde pueda armar lo mío. Cuando terminé la carrera me quedé en Cienfuegos porque tenía una noviecita y me fui a vivir con ella. Cuando nos peleamos estuve un tiempo viviendo por ahí, en varios sitios. Luego conseguí, gracias a un socio, la casa de su tía, hasta que empezaron a arreglarla para alquilársela a extranjeros.

 

Historia cubana

Alcides Portal, un historiador con su propia historia. Foto: Leslie Corrales

Alcides Portal Alfonso apenas cumple 30. No son muchos los años que lo separan de su infancia. Pasó, casi imperceptiblemente, de montar a caballo, bañarse en el río o cazar tomeguines, a estar sentado frente a un aula universitaria estudiando Licenciatura en Historia.

— En realidad me enteré de lo que iba la carrera cuando la comencé. Y en quinto año, tardíamente, me di cuenta de que a mí no me gustaba. Un historiador es el tipo que está buscando de manera constante información en los archivos para construir la historia de algo; pero la historia como ciencia es muy teórica, subjetiva, y yo me atrevería a decir positivista. Y eso de estar teorizando sobre lo que supuestamente ocurrió en el siglo XIX y luego darlo por sentado, a la verdad, eso siempre lo pongo en duda. Tuve y tengo conflictos teóricos con todo el mundo.

La tesis de grado de Alcides fue sobre el proceso revolucionario cubano del 59, en específico, sobre la vida de Marcial Amaro López Días, un guerrillero que con 17 años formó parte de la columna de Ernesto Guevara. Actualmente López Días vive en la Sierrita, en las faldas del Escambray.

—El Che había creado una escuela en Minas de Frío donde captaba a los jóvenes para enseñarlos a leer, escribir y también les deban nociones armamentísticas. Esa fue la principal fuente que usó para formar la columna 8. El trabajo de diploma fue para graduarme y no coloqué nada polémico. Marcial tiene una noción muy particular de lo que ha sido la Revolución, él no está muy de acuerdo con la propiedad estatal, y tiene muchas historias de la columna 8. No concordó con el Che en varios momentos, cuando, por ejemplo, este quiso formar el pelotón suicida que terminó con la vida del Vaquerito. Quiero hacer un ensayo, ponerlo todo con sus matices, no en blanco y negro, tratar de hacer una balanza, un punto medio. Por eso estoy reescribiendo la tesis.

 

Alcides Portal hoy es realizador audiviosual en la Oficina del Conservador de Cienfuegos. Foto: Leslie Corrales

Alcides es miembro de la Asociación Hermanos Saíz en la sección de audiovisuales. En su etapa universitaria no dejó de hacer ficción con una cámara. Hoy es muy diestro con el obturador y el encuadre; siente una pasión unilateral por ello. Gracias a sus gestiones pudo quedarse con un puesto en la propia universidad una vez que terminó la carrera.

—Cuando llegó la idea de integrar las sedes universitarias no todo salió bien para mí. Al terminar el adiestramiento, me eligieron el más destacado del curso, y, ¿qué me gané?: 190 horas clase, ser coordinador de un grupo de nivel medio y trabajar los sábados. Luego me llegó la oportunidad de trabajar en la Oficina del Conservador como realizador audiovisual. Desde entonces vivo con los 435 pesos mensuales, pero tengo que inventar cositas aparte para sobrevivr…

El aire del ventilador que nos refrescaba se ha vuelto pesado. Alcides termina de conversar y se acaricia la barba. A cada rato lo hace. El calor lo obliga a quitarse la gorra y la coloca encima del buró. Alza nuevamente la bocina de la computadora que había puesto en silencio cuando yo encendí la grabadora. Todo el día, mientras arregla imágenes, escribe o edita, se la pasa escuchando a Ismael Serrano, Buena Fe o Varela. En las tardes, nadie sabe por dónde se escabulle. Es bastante discreto y si alguien osa preguntarle, como siempre sucede, él apenas sonríe y responde:

— No quieran saber tanto caballero.