Una misión “exploratoria” de 17 compañías holandesas desembarcó en busca de oportunidades en un país necesitado de inversión extranjera. Encontró tierra casi virgen, pero urgida de cortar malezas que hacen difícil caminarla.

En la calle quema fuerte el sol. Esta semana se han roto récords de altas temperaturas desde que hay registros hace 105 años. “Es una ironía graciosa: mientras ‘baja’ la temperatura de las relaciones con Estados Unidos, sube la temperatura del ambiente”, comenta divertido Jochum Haakma, presidente del Consejo Holandés para la Promoción del Comercio (NHC), al amparo de la confortable temperatura de un salón climatizado.

Haakma conoce Cuba desde hace varios años. Ha liderado misiones comerciales desde la década de 1990 gracias a las cuales, en parte, se han establecido convenios vinculados a la explotación de níquel, la construcción de barcos para Venezuela en astilleros cubanos y la importación de semillas de papa para las cosechas caribeñas.

“Categóricamente afirmo que hoy existen más oportunidades, pero hay muchas más que no se conocen, que están por descubrir”, opina este veterano negociador.

Su presentimiento conecta con el optimismo expresado por el embajador del Reino en La Habana, Norbert Braakhuis, en la presentación de la Misión exploratoria: “En estos tiempos tan emocionantes, es el momento oportuno para fortalecer la presencia de los Países Bajos en el mercado cubano. El número de participantes en esta misión demuestra que lo que está ocurriendo en Cuba no ha pasado por alto para la comunidad empresarial holandesa”.

“Es muy interesante para las compañías holandesas venir y conocer quiénes son los responsables de tomar las decisiones y cómo es la interpretación de las reglas y regulaciones”, asegura por su parte el señor Haakma.

Fabricantes de cámaras de seguridad, bicicletas, tuberías y camiones, entre otros productos y servicios, encontraron esta vez un terreno propicio para ellos, luego de que el Gobierno cubano aprobara en 2014 una nueva Ley de Inversión Extranjera más flexible, todo porque necesita 2.500 millones de dólares cada año para conseguir crecimientos superiores al 5% de su Producto Interno Bruto o no acabará de romper la inercia económica que desalienta a la gente tras cuatro años de reforma y más de 50 de modelo socialista.

Pero los viajeros detectaron también una estructura burocrática de aprobaciones  y ciertas dificultades para instaurar sus negocios que podrían desestimular la potencial inversión. Haakma cree que forman parte de algo que llama “proceso de aprendizaje” y que es típico de economías en transición:

“La gente está tratando de encontrar su camino luego de ser un país cerrado por 50 años (…) Cuando se emprende una liberalización es muy difícil que las organizaciones que han acumulado poder y control lo entreguen fácilmente. Eso es normal, tomará quizás algunos años antes de que todo el mundo comprenda su papel con exactitud. Pero pienso que Cuba necesita un acelerón, porque el momento está ahí. El país está bien localizado y podría convertirse en un “hub” (concentrador y distribuidor de mercancías) muy interesante para esta parte del mundo.”

“Mientras más se acelere en la interpretación, presentación y promoción de las nuevas leyes, los cubanos serán más capaces de atraer inversionistas”, culmina en su explicación.

Tras varios años como jefe de la Agencia Estatal para la Inversión Extranjera de Holanda, Haakma aprendió que los inversores buscan estabilidad y seguridad, valores que el archipiélago caribeño puede mostrar sin esfuerzo. Pero comprendió también la naturaleza oportunista de las organizaciones comerciales y señala que mientras menos costos y más trámites expeditos vean los empresarios, más se motivarán para poner su dinero.

Cuba deberá trabajar también su infraestructura para llamar la atención. Si quiere convertirse en “hub” necesita dragar sus puertos (y por supuesto que para eso existen empresas holandesas dispuestas a hacerlo, nos hace saber) aunque también urge mejorar la conectividad, porque las dificultades que vivió para enviar sus correos desde La Habana no cuentan precisamente como estímulo para integrarse al entramado internacional del comercio.

Todo eso, por ahora, pasó al expediente de las evaluaciones de cada “explorador”. Nadie vino a apurar un contrato o un preacuerdo, sino a mirar. No obstante, Haakma propone un “Memorándum de Entendimiento” entre NHC y su homóloga cubana, la Cámara de Comercio, y espera conseguirlo antes de que finalice el año.

“Les he ofrecido esa posibilidad porque NHC es una organización muy internacional. Tenemos 36 consejos bilaterales de negocios con los más importantes países para el comercio de los Países Bajos. Tenemos, por mucho, la mayor red de contactos empresariales en Holanda. Tratamos con muchísimos países, recibimos las misiones que visitan los Países Bajos, organizamos misiones para otros tantos países (a veces bajo la sombrilla del Gobierno, otras no, como ésta, a Cuba). Por eso le dije a la Cámara de Comercio: Ustedes han estado cerrados por 50 años, pero ahora están tomando parte de un acelerado proceso de internacionalización. Nosotros podemos ayudarlos”.

La Feria de La Habana, en noviembre próximo, es la siguiente parada de Haakma en el país caribeño. Una gran delegación empresarial holandesa quiere estar presente en esa ocasión, aunque mientras tanto seguirán viniendo otras misiones “exploratorias”. Quizás para entonces los termómetros físicos estén relajados y hayan transferido sus grados Celsius de más al flujo comercial entre Holanda y Cuba. Haakma estaría complacido de sentirlo así.