No hay lujos y tampoco confort. Ni siquiera un espacio grande que pueda agrupar a una clientela numerosa. Jugolandia es la entrada y el portal de una casa ubicada en el municipio Playa. Es la voluntad por lograr un emprendimiento rentable que, a la vez, contribuya a mejorar y fortalecer la salud de los clientes e influya en su estilo de vida: una utopía que, hasta ahora, parece transformarse en realidad, de acuerdo con las experiencias de quienes conocen el lugar.

“Siempre estuvimos interesados en abrir un negocio. Pensamos en algo pequeño, que pudiera lograrse con pocos recursos y que resultara beneficioso para nosotros y para quienes nos visiten. Así que decidimos comercializar las mezclas de algunas frutas cuyas propiedades tienen un impacto favorable en el organismo y que además son agradables al paladar”, cuenta el médico, especialista en Medicina Interna, David Folgueiras.

Una de las singularidades de Jugolandia son los jugos mixtos. Las combinaciones de las frutas no las hacen al azar, proceden del libro Licuados: Salud y Bienestar, de la editorial mexicana Época.

De las múltiples posibilidades que ofrece el texto, él junto a su esposa —especialista en Gastroenterología Dayanis Rivero— selecciona aquellas que contienen frutas que puedan obtenerse con mayor facilidad en Cuba y en La Habana. “Algunas no se dan en el país, muchas aparecen en épocas determinadas del año y, en otros casos, no podemos acceder a ellas con fines comerciales porque son muy caras. Ni pensar en la manzana, por ejemplo”.

El mango y la guayaba son más fáciles de conseguir por estos días en La Habana. El mamey también aparece, según su propia experiencia. Hay limón (ingrediente indispensable en numerosas mezclas) pero a ellos muchas veces les falta “porque los precios son muy elevados”.

“Nosotros tenemos amistades que nos ayudan con el abastecimiento. Además, mi esposa es de Santiago de Cuba y de allí nos llegan también; ahora, sobre todo, el mango”, explica David, de pie en la entrada de Jugolandia.

No obstante —cuenta—, las cantidades fundamentales las adquieren en los agromercados atendidos por el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). “En 17 y K (en el Vedado) siempre encontramos variedad y precios asequibles, al menos para las grandes cantidades, en comparación con otros establecimientos de este tipo. Hay lugares en donde no hemos podido comprar”.

En Nuevo Vedado, a unos metros del hospital donde trabaja David, se encuentra el agromercado 26 y 51. Los vecinos de los alrededores conocen el lugar como “la boutique”, debido a los altos importes de todo lo que allí se vende. Situación similar ocurre en varios espacios de venta en diferentes municipios: montos demasiado elevados, no solo para la compra minorista, sino también para la mayorista.

“No es fácil, pero ya te digo, en lugares con los precios normados, como es el caso de los de la EJT, hemos resuelto bastante y ello, unido a las gestiones y a los contactos personales, nos ha permitido salir adelante. Es verdad que muchas veces nos piden cosas que no tenemos, pero, aun así, la clientela ha respondido bien”.

Salud y bienestar en Jugolandia

Jugolandia se encuentra en calle 13 entre 74 y 76, una zona poco transitada y demasiado silenciosa, en comparación con otras del municipio Playa. No obstante, frente a la vivienda de los médicos, ahora emprendedores, hay un parque wifi que casi siempre está lleno. Además, allí mismo, en las mañanas, un grupo de la tercera edad realiza sus ejercicios. Eran, en primera instancia, clientes potenciales que hoy no solo son asiduos, sino que “riegan la bola”.

“Desde que abrimos los vecinos comenzaron a pasar y al parecer les ha gustado bastante. Nos hemos dado cuenta de que a la gente que no nos conoce y llega por casualidad, les llama la atención el cartel y enseguida quieren probar algo”, explica Eligio Prado, dependiente de Jugolandia los martes, jueves y sábados. Él dice que el público lo que más pide es la combinación de fruta bomba, piña y trigo, denominada “Baje de Peso I”.

“Las mezclas son tomadas del libro pero los nombres fueron idea nuestra, como una estrategia para que las personas conozcan cómo los beneficia lo que están ingiriendo. Y precisamente todas las combinaciones las tenemos aquí, públicas, para que los interesados puedan preparar sus jugos en casa también”, sostiene Dayanis.

Ambos coinciden en que no les preocupa una posible competencia: les basta con un negocio que genere ganancias y que ayude a los otros. “Vocación de médicos”, le llaman ellos.

Quizás por eso recalcan la importancia de mantener buenas prácticas. “Tratamos de que las frutas estén en buen estado, que el proceso de maduración haya sido natural y no violentado; preparamos los jugos con agua hervida y sin azúcar. La idea es intentar hacerlo todo lo más sano posible”.

La mayoría de los pacientes de la doctora Dayamí son niños. Los problemas que presentan en muchas ocasiones están asociados a prácticas que, en exceso, resultan nocivas. “Yo he notado que, independiente del tratamiento, cuando les sugiero a los padres que eliminen los gaseados e intenten alternativas naturales, los pequeños mejoran muy rápido”.

Dice Ofelia que en La Habana no había visto algo así. Que, de hecho, pasaba por ahí de casualidad y las ofertas llamaron su atención. Pidió una combinación para la vista (zanahoria con limón), pero no había limón, así que optó por el Baje de Peso II. Antes de irse tomó con el celular una foto del cartel que indica cuáles frutas pueden mezclarse y el efecto de estas.

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