Cuando salí embarazada no tenía noción verdadera de cómo se hace para criar un hijo. A esa bendita hora te asechan todo tipo de fantasmas, algunos espirituales; otros, materiales. Recuerdo sensaciones múltiples, una mezcla rara entre el deseo de ser una buena madre y la creencia de que sería un camino arduo.

El período de gestación fue como una aventura de Crusoe o Salgari. Luego de que realicé “la captación” en el consultorio vinieron los desafíos. Cada tres meses debía renovar la dieta. Eso significaba un viaje desenfrenado de colas y disgustos: del consultorio a la Oficoda, de la Oficoda al consultorio y de ahí a la bodega para recibir una cuota de carne que solo alcanzaba para uno o dos. No todas las madres pueden sortease “por la izquierda” unos litritos de leche o unas libras de carne.

Las pruebas periódicas para monitorear el desarrollo de tu bebé en muchos casos están bien concebidas, en otros el mecanismo falla. El urocultivo, por ejemplo, es un examen en el que debías ir hasta el siempre sucio baño del hospital, quitarte la ropa interior, lavarte con un pomo de agua yodada mientras hacías malabares y no tenías sitio dónde colocar tus pertenencias, luego secarte y “depositar la muestra” en otro pomito que sostenías en la mano libre. Todo eso con una barriga enorme, créanme que es muy desagradable y molesto.

A la hora de por fin ir a comprar la canastilla fue el otro shock. La canastilla estatal, sí, es una ayuda, pero toda madre sabe que 10 culeros, 10 metros de tela antiséptica, 1 juego de sábana, 2 toallas, 1 par de medias, 1 blúmer (calzoncillo si es varón), 1 pulóver, 2 pomos plásticos y 1 juguetico, no significan ni siquiera el inicio de lo que necesitará tu bebé. Y si intentas comprar en una tienda en CUC. pronto desistes al darte cuenta que mientras más pequeña es la ropa, o el zapato, más caro cuestan.

En los meses sucesivos pude ahorrar algún dinero que me alcanzó para unos paquetes de culeros desechables y toallitas húmedas que fueron un lastre económico durante mucho tiempo después; y aunque salten comentarios de que “eso es un invento de ahora” y ese argumento pueda ser cierto, la evolución humana funciona de esa manera, inventando cosas que te hagan más cómoda la existencia.

La licencia de maternidad te da la gran oportunidad de permanecer junto a tu hijo todo su primer año, y eso es buenísimo, lo que sucede es que el aseguramiento para ello es muy bajo, porque luego de los 3 meses de tu bebé, una empieza a devengar solo el 60 por ciento del salario, en mi caso unos 250 cup, que si antes no alcanzaba con una cifra mayor, imaginarse ahora comprando con menos las malangas, calabazas y plátanos para los puré, las frutas para hacer jugos y la carne, es desesperante.

Cuando mi bebé ya se acercaba a cumplir el año y habíamos sobrellevado juntos tantos avatares, apareció una nueva batalla: la del Círculo Infantil. Sí, toda madre trabajadora tiene el derecho de que a su hijo le otorguen una plaza en un círculo de la ciudad, solo que a algunas les notifican cuando el niño ya tiene 3 o 4 años; así que para que a tu pequeño le llegue al año y tres meses, aproximadamente, debes fajarte bien duro, y el cubano sabe lo que eso significa. El proceso de otorgamiento es difuso, uno no sabe dilucidar dónde está lo normal y dónde la cosa funciona por amistades u otros beneficios; pero estar presente un día de repartición es una experiencia desagradable de broncas y reclamaciones.

Luego está la vuelta al trabajo. La nostalgia por dejar a tu bebé con unas señoras llamadas tatas. Las constantes ausencias por los catarros que empiezan a padecer, el sufrimiento por no poder comprar un jarabe para la tos o aceite de hígado de bacalao porque solo lo venden en la clínica internacional.

La verdadera suerte, y la única de peso, es que cuando recoges a tu hijo en el Círculo Infantil cada tarde, luego del cansancio y el desgaste intelectual por tratar de inventar siempre un poco más, él te abraza y te sonríe con esa inocencia absoluta, con esos ojos que nunca han mentido, ni sufrido, por nada. Una como madre olvida, al menos en ese instante, toda vicisitud, y es muy feliz, aunque mañana vuelva a disfrazarse de amazona para entrar con fuerza en las batallas.