Desde que surgieron, los “trabajadores por cuenta propia” en Cuba han tenido que luchar con todos los “peros” de este país. A los que lo somos en esta altura del siglo XXI, no se nos reconoce como parte esencial de la economía, se subvalora el efecto positivo que generan nuestras acciones en la calidad de vida de la población y peor aún, se nos hace víctimas de un pensamiento fetiche: “el sector privado es sinónimo de dinero fácil.”

La cultura anticapitalista desarrollada desde el triunfo de la Revolución en 1959 se ha confundido con desconfianza y agresión hacia el sector privado y los emprendimientos.

Es curioso, pero para los críticos de los emprendedores, no hay preocupación en que un artista plástico, un músico de éxito o un deportista contratado en ligas extranjeras sea millonario. Para ellos las alarmas se encienden cuando alguien prospera a través del comercio lícito, cuando comienza a “concentrar riqueza”.

“Bomba de tiempo” ha sido la más reciente calificación que se ha introducido al reflejo mediático sobre el sector privado en el país. Y perdónenme la sensibilidad, pero siento que ha sido usada para describir a una persona que apuesta por dar un cambio en su vida sin tener que abandonar su país.

Al parecer el peligroso es el que decide aventurarse en un emprendimiento y, peor aún, el que logra tener éxito en el camino. Con un manto de generalización se envuelve como “amenaza” a personas inteligentes, de prestigio, decentes.

Siento que han errado al apuntar a los que crean riqueza. Mejor y más sensato sería apuntar a las causas que generan, cada vez más, tanta pobreza y desigualdad en nuestro país.

Son casi inexistentes en los mismos medios que dan tribuna a estos términos los artículos que señalan los bajísimos salarios del sector estatal o la brecha tan alta entre estos y los precios que rigen la economía, con sus respectivas causas más allá del Bloqueo.

Tampoco se habla de la decadencia que sufren los sectores de la salud y la educación, de la pésima infraestructura vial del país, de las obras inacabadas y mal reparadas o la bajísima penetración de redes de telecomunicaciones (telefonía fija e internet).

Eso, sin mencionar el agravamiento en el déficit habitacional del país, la escasez de alimentos en los mercados o el nunca resuelto problema del transporte. En estos últimos casos, sobre todo el de la escasez de alimentos y los problemas del transporte, las únicas causas que aparecen son, adivinen, las conductas especuladoras y agresivas de los actores privados de la cadena.

Aún así, se atreven a señalar al cuentapropista, ese que pone en juego sus ahorros, que trabaja el doble de lo que lo hacía antes, que carga con el escarnio social de que asuman su prosperidad como enriquecimiento ilícito.

Por eso insisto en que yerran, pues apuntan al que no maneja los recursos millonarios del Estado sino al que paga impuestos muy superiores a los de casi todo el mundo y luego se preocupa por mejorar el entorno en donde está y, cada vez con más frecuencia, por desarrollar una cultura de responsabilidad social empresarial.

Mientras esas supuestas bombas de tiempo millonarias se preparan, ¿alguien advierte la concentración de la riqueza de nuestro país en unas pocas empresas? Los principales recursos del país han sido monopolizados en su producción y distribución.

Pongamos por casos a la Unión CubaPetróleo (CUPET)  con el gas, el petróleo y sus derivados. También la Unión Eléctrica y a ETECSA, a cargo de la telefonía fija y celular. Tan sólo por mencionar algunos y sin contar que una parte importante de la economía cubana es actualmente controlada por el Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (GAESA).

¿Acaso esa concentración de los recursos de nuestro país no pudiera atentar también contra nuestra sociedad? ¿Son infaliblemente confiables los funcionarios que los controlan? ¿Acaso no han ocurrido escándalos de corrupción que han involucrado incluso a ministros? ¿No será siempre más peligrosa la concentración de las riquezas en pocas manos?

Como han señalado otros colegas cuentapropistas y también académicos de la Universidad de La Habana, el ejemplo que dejó la disolución de la Unión Soviética y el sonado caso de los oligarcas rusos explica mejor quiénes serán los principales beneficiados de un cambio de sistema en Cuba.

No serán los cuentapropistas ni los ciudadanos que a cuenta y riesgo abogan por mayor transparencia y democratización de la economía. Los principales beneficiados serán gran parte de esos “hombres de confianza” que hoy manejan las principales empresas del país e integran las filas de…la vanguardia organizada de la nación cubana y fuerza dirigente superior de la sociedad.

Para el sector privado cubano la lucha aún es larga, son muchísimos estigmas y muros que necesitan ser derribados. A casi 15 días de que se cumpliera un año de la congelación de licencias de trabajo por cuenta propia, por fin se anunció que en otros 5 meses entrarán en vigor normas que “reorganizan” (y constriñen) su alcance en el país. En este mismo año sólo se advirtió el bombardeo mediático a manera de nueva inquisición y artículos como el mentado sólo refuerzan prejuicios.

Además de la legislación, la prensa en manos oficiales y algunos de sus columnistas necesitan evolucionar y reconocer al cuentapropismo como parte esencial para la edificación de un país mejor. Se trata de inclusión social, política y económica. Construir Cuba es tarea de todos.

Oscar Fernández Estrada. Comentarios sobre el economicismo en el debate en Cuba