Aprender a convivir y respetar ideas diversas es algo que no viene muy incorporado, tengo que admitirlo, en nuestro sistema a de educación.

La semana pasada el ciclo noticioso de la recuperación tras el paso de Mathew en la más oriental de nuestras provincias se vio empañada por la divulgación de la presunta detención arbitraria de varios periodistas y su traslado forzoso fuera de Guantánamo. Digo presunta porque a pesar de que creo la versión de estos periodistas, ninguna instancia oficial de gobierno ha emitido declaración y por lo tanto sólo tengo una versión de los hechos.

No obstante, han existido afirmaciones de varios blogueros, de la Unión Nacional de Periodistas (UPEC) y un artículo en Granma donde se repudia la actividad de estos jóvenes comunicadores tachándola automáticamente de contrarrevolucionaria. Todas las enseñanzas que recibí en mi carrera de abogado sobre la presunción de inocencia hasta que se haya demostrado lo contrario se fueron “a bolina”.

Estos hechos a mi entender deben verse desde dos aristas, una legal y otra política. Desde la arista legal no hay mucho que agregar si se toma el Editorial de Periodismo de Barrio. Este realiza un acertado análisis que arroja como conclusión que presuntamente no se violó ninguna norma, que no había basamento jurídico para forzosamente removerlos de las zonas afectadas por el huracán y por lo tanto que esta presunta detención es arbitraria. Cualquier tribunal competente, siguiendo la línea de hechos narrados por los periodistas a falta de declaración de la otra parte involucrada (las fuerzas del orden y el gobierno), llegaría a la misma conclusión.

Tampoco puede perderse de vista lo siguiente. Es criterio generalizado entre los juristas que el Derecho, por sus características, viene a regular un fenómeno ya presente en la sociedad. De ahí la necesidad constante de actualizar las disposiciones normativas del ordenamiento jurídico de cualquier país a medida que aparecen nuevos fenómenos.

El constituyente cubano cuando estableció que “la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada” no tuvo en cuenta (no pudo lógicamente) futuras tecnologías como la internet y la impresora portátil y la globalización que estas implicarían. Debido a esto, fenómenos modernos como los blogs online, podcasts y canales de audio en internet o autores en plataformas audiovisuales como YouTube o Vine quedan en un limbo legal.

Queda clara entonces la incoherencia existente entre las normas legales y la realidad como resultado de la obsolescencia de las primeras, lo cual lamentablemente incita a la arbitrariedad y el doble rasero. Bajo las normas actuales, comunicadores que no estén bajo el auspicio del Departamento Ideológico del PCC, no cuentan con el reconocimiento gubernamental a su actividad.

Para regular una sociedad moderna se necesitan normas modernas.

Visto desde una arista política, que los sectores más ortodoxos de nuestra sociedad insistan en el monopolio absoluto de los medios de prensa financiados por el Estado bajo la orientación editorial del Departamento Ideológico, es desconocer la riqueza de la sociedad cubana actual. Una sociedad heterogénea, más dinámica, abierta y tolerante que nunca, a la cual las instituciones oficiales no logran satisfacer su demanda de opinión e información, aun con los múltiples medios de difusión masiva a su alcance. Viéndolo desde una posición dialéctica materialista, la gran mayoría de estos medios nacen como respuesta a la incapacidad y rigidez de los medios oficiales.

Que se pretenda cerrar por cualquier vía los medios de comunicación alternativos y se siga aspirando a mantener irracionalmente un forzado matriz de opinión basado en la utilización de plantillas, loas al triunfalismo aburrido y escaso análisis crítico, recuerda a los dogmas de la Iglesia Católica durante el Medioevo. Dogmas considerados verdad absoluta aun a merced de los descubrimientos científicos y nuevas tendencias de la época. Dogmas y dogmáticos que lanzaron a la hoguera a Giordano Bruno y amenazaron con la misma suerte a Galilei.

Si Granma y Juventud Rebelde, cuentan con amplia hegemonía y consenso dentro de la sociedad cubana, como se pretende hacer creer, ¿de qué manera justificar entonces la alta aceptación que tienen las plataformas alternativas entre los lectores nacionales? Para nadie es un secreto que los principales medios de prensa en Cuba carecen de calidad informativa. Es menester elevar la excelencia de la prensa en Cuba, pero ello no significa asfixiar a aquellos medios que pueden y desean realizar un periodismo de mayor estándar.

Construir una sociedad se trata siempre de escoger entre la mejor de las opciones e interlocutores. No establecer ni aceptar interlocutores absolutistas.

La sociedad nuestra no puede y no tiene que temer a los nuevos argumentos, siempre basados en un mejor y mayor futuro. No hacerlo es todo, menos revolucionario. No hacerlo nos cuesta la Patria.