El senador Marco Rubio es el poster boy de la derecha cubanoamericana. Su reacción ante los sucesos del pasado miércoles fue visceral y prometió sabotear todo tipo de diálogo con Cuba. El fanatismo se defiende con todas sus fuerzas.

Por: Harold Cárdenas Lema

El miércoles fue un día de fiesta en Cuba y muchas partes del mundo. Dos países alejados por décadas mostraron un acercamiento bilateral y el último rezago de la Guerra Fría parece tener los días contados. No en todas partes eso fue motivo de celebración. Lo que el Papa Francisco y numerosos presidentes han congratulado, en Miami algunos sectores lo consideran inadmisible.

La persona más influyente en el Partido Republicano sobre el tema cubano es el senador Marco Rubio, que a su vez es presidente del subcomité en el Comité Senatorial de Relaciones Exteriores y uno de los más activos en promover el alejamiento entre ambos países. Cuando Raúl y Obama hablaron simultáneamente de reanudar relaciones diplomáticas, canje de prisioneros y comenzar el camino hacia la normalización, fue demasiado para él.

En pocas horas, Rubio aparecía frente a una sala llena de reporteros y fotógrafos en el Capitolio. El senador tenía algo que decir: adjetivos mayormente tales como “absurdo”, “vergonzoso”, “indignante” y “ridículo”. No podíamos esperar menos ya que por primera vez en la historia la Casa Blanca ignora la presión de los políticos de origen cubano y decide por sí misma cómo deben ser las relaciones bilaterales. Según la enciclopedia, el fanatismo “puede incluir como síntoma el deseo incondicional de imponer una creencia, considerada buena para el fanático o para un grupo de los mismos”. Por tanto, una respuesta era de esperar.

Todos sabíamos que la reacción no demoraría, pero las fuerzas reales de los fanáticos estaban muy menguadas. Esto quedó demostrado hace unos meses cuando movilizaron cielo y tierra en Miami para protestar contra un concierto del grupo Buena Fe y solo pudieron citar a unos 300 manifestantes, mientras miles de cubanos disfrutaban la música de la reconciliación. Las aplanadoras y las hordas enardecidas ya no son las de antes. La resistencia a tender puentes entre ambas naciones se ha convertido prácticamente en una cuestión generacional de inadaptados y políticos que, como Rubio, lo utilizan como discurso electoral.

Según el senador, este cambio hacia Cuba será un desastre: “porque conozco al régimen cubano y su verdadera naturaleza mejor que este presidente o cualquier otro en su administración”. Debe decirlo por su amplia experiencia de 0 días en la Isla, porque lo de cubano le viene solo por un cromosoma X y otro Y.

Habría que ver. Quizás el espermatozoide que lo fecundó venía con una carga de cubanidad mayor de lo normal y se ha preservado así gracias a que es un “descendiente de inmigrantes cubanos que ha sido criado en una comunidad de exiliados cubanos”.

En mi experiencia, los compatriotas que llegan a la Florida no se implican demasiado en política y menos si son jóvenes. Las diferencias ideológicas son una prioridad solo para los abuelos y los que dependen económicamente de esta política. Aun así, una encuesta de la Universidad Internacional de la Florida determinó que el 68% de los cubanoamericanos favorece el acercamiento. Esto debió darle alguna pista a Marquitos, pero los fanáticos suelen cegarse producto de la autosugestión.

A Marco Rubio “no le importa” que la comunidad cubanoamericana difiera de él
Cuando alguien le señaló que el 88% de los jóvenes busca mayores relaciones entre los países, Rubio brindó una respuesta casi suicida: “No me importa si 99 por ciento de la gente no está de acuerdo con mi posición. Ésta es mi posición y la defiendo con pasión”. Siempre pensé que los senadores debían representar los intereses del Estado que representan y que la Florida se ha ganado la antipatía de numerosos países estando en contra del sentido común (y de la voluntad del Papa) al sostener el bloqueo hacia Cuba. Siempre cabe la posibilidad de que el senador esté representando Alaska y ésta vea a Cuba como un peligro.

Si Rubio de veras es senador por la Florida debía hacer reparación de daños y limpiar un tanto la imagen de su territorio federal, buscando oportunidades de comercio con el país que tiene más cercano geográficamente, pero no fue así.

Quizás los millones que se utilizan en el bloqueo sean importantes para sectores que no pueden prescindir de ellos y con los que se codea Rubio en lo que él llama “la comunidad en que vivo”. 

Antes de estas declaraciones en el senado, había salido en Fox News (un canal de noticias republicano también) diciendo que “Barack Obama es el peor negociador que hemos tenido como presidente, al menos desde Jimmy Carter”. Casualmente ambos han sido los que más han buscado acercar estos países vecinos. Kennedy no estaría también en su lista negra porque murió antes de concretar un diálogo que ya había iniciado, pero Clinton y él deben estar en remojo. Cualquiera pensaría que el senador tiene un problema con los presidentes demócratas.

Hace un mes un amigo estadounidense (republicano, por cierto) me comentaba que Rubio tiene aspiraciones políticas y necesita fondos para ello. El día que el ingreso de sus campañas no se genere a expensas de la política agresiva hacia Cuba “lo verás fumarse un tabaco en la Habana”. Presiento que mi amigo tenía razón. Ya el tiempo dirá, pero las historias de fanatismo nunca terminan bien.